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DUNN-Verdad y Verdades en Libro de Buen Amor

DUNN-Verdad y Verdades en Libro de Buen Amor

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VERDAD Y VERDADES EN EL
LIBRO DE BUEN AMOR
TRATÁNDOSE
de una obra que ha suscitado tanta controversia, supongodesde un principio qué podemos quedar de acuerdo que el
Libro debuen amor
es un libro difícil por varios aspectos. Ofrece pasajes oscu-
ros;
adolece de corrupciones, lagunas e inseguridades textuales; con-tiene elementos difíciles de armonizar entre sí; se ven flojedades en suorganización y su articulación de episodios que delatan cierta improvi-sación en el todo, si no en las partes. En tales condiciones, sería deesperar que la crítica no se precipitara a imponer criterios post-hege-lianos de organismo coherente, ni que buscara con absoluta confianzaen una frase el sentido de todo el
Libro.
Pero la crítica no siemprepeca por exceso de prudencia. En resumen, es mi propósito seguir laarticulación de las partes y de los planos de la obra a través de una ar-ticulación de valores, esperando de esta manera arrostrar el problemade lo fragmentario frente a lo unitario sobre un terreno menos resba-ladizo que el del "yo" del poeta, o el de los supuestos modelos semíticos.Antes de entrar de lleno en el asunto, debo hacer constar, para ma-yor claridad, que cuando hablo del
Arcipreste,
me refiero siempre alprotagonista, y reservo el nombre de
Juan Ruiz
para designar al autordel
Libro.
Todo lector del
Libro de buen amor
se da cuenta de que está enpresencia de una obra sumamente sentenciosa. Hace más de treintaaños observó Leo Spitzer que "lo que principalmente sorprende al lectormoderno es la manera impersonal y general de un poeta cuya fuerzaestriba en la visión viva de lo humano", Y otra vez: "el tema particu-lar y concreto de que se trata queda inserto en un campo comple-tamente distinto, incardinado en otras relaciones generales". Ahora, enel
Libro de buen amor,
muchas veces las sentencias,
enxienplos,
etc.,son empleados por personajes que demuestran una actitud de ambigüe-dad o de despego hacia el mundo de valores representado por susdichos. En realidad, esto no debería sorprendernos, ya que Hamlet ga-nando la confianza de Rosencrantz y Guildenstern, Sancho Panza aca-llando sus temores, o los lacayos halagando los deseos de un Comenda-dor lopevedesco, son unas tantas modalidades (entre las infinitas posi-bles) de supeditar "la verdad" en forma de refranes y sentencias a uninterés inmediato. Comenzaremos con la reprensión a don Amor. El ar-gumento de esta diatriba sigue el esquema doctrinal de los pecados ca-315
AIH. Actas III (1968). Verdad y verdades en el Libro de buen amor. PETER N. DUNN
 
316 PETER N. DUNN
pítales; es decir, que se desarrolla dentro de un marco de verdad moraly dogmática. Pero las ilustraciones a que echa mano el Arcipreste noson siempre de las más felices, y a veces dan la impresión de que cual-quier ejemplo sirve de palo para golpear a don Amor, tan fuerte esla saña del protagonista. No tenemos tiempo aquí para examinar todaesta cuestión; supongo que es bastante obvió lo que digo. En una escalamás reducida, encontramos frecuentemente declaraciones sentenciosascomo:
aquel es engañado quien cuida que engaña Io3co ésta:Más val rato acucioso que dia perezoso. 580b
Frases no ya de tipo dogmático sino de la experiencia moralizada, am-bas tienen una clara conexión con una acción particular: la primeraversa sobre una acción mal considerada, y la segunda es un comoarremangarse el Arcipreste para salir a buscar nueva caza. También losconsejos de don Amor, de tipo sicológico y práctico, tienen su dimen-sión de generalidad, su validación por medio de antiguos tópicos, Asíleemos en la estrofa 603:Quanto más está el omne a grand fuego allegado
tanto más mucho se quema que quando está allongado 603ab
Otro tópico del fuego, con su implicación erótica:Do añadieres la leña crece sin dufada el fuego;si la leña se tirare, el fuego menguará luego 690abY la tan conocida imagen ovidiana del agua que gasta la piedra (526)refuerza el consejo de porfiar, de no ceder en la empresa. Todo este pa-saje es sumamente interesante, ya que al insistir sobre el trabajo, elesfuerzo, la paciencia y la industria, don Amor se establece sólidamenteen el campo de los valores, y no sólo los valores personales, sino lossociales también. La declaración en forma absoluta,que el gran trabajo todas las cosas vence 452des un eco ovidiano, pero también es virgiliano estoico, y por ende cuasicristiano, y nos habla no simplemente del esfuerzo amoroso sino de lacondición humana, como veremos enseguida. Y el elogio de la industria
AIH. Actas III (1968). Verdad y verdades en el Libro de buen amor. PETER N. DUNN
 
VERDAD Y VERDADES EN EL "LIBRO DE BUEN AMOR." 317
asimismo tiene un radio de referencia más amplio, en el afán primor-dial del hombre por mantenerse sobre la tierra y mejorar su suerte.Notemos sobre todo tres estrofas de este pasaje.A la muela pesada de la peña mayormaestría e arte la arrancan mijor;anda por maestría ligera enderredor:moverse ha la dueña por artero seguidor.Con arte se quebrantan los corazones duros,tómanse las cibdades, derríbanse los muros,caen las torres altas, alcanse pesos duros;por arte juran muchos, por arte son perjuros;por arte los pescados se toman so las ondase, los piedes enxutos, coreen por mares fondas;con arte e con oficio muchas cosas abondas,por arte non ha cosa a que no respondas. 617-619Hablando así del arte y del trabajo, don Amor repite a Ovidio, yOvidio a su turno había parodiado a Virgilio
o,
mejor dicho, habíaparodiado una visión del hombre cuya más poética expresión se encon-traba en Virgilio. En el primer libro de las
Geórgicas,
Virgilio enfocael destino de la humanidad como cultivador de la tierra e inventor delas artes prácticas una vez que Júpiter puso fin a la Edad de Oro, lle-nando el mundo de penas y obstáculos y discordias. Entonces, desdeaquel momento,
labor omnia vicit.
El hombre caído se vuelve
homoartifex;
es su único remedio. Y la cuarta
Égloga,
la que le merecióa Virgilio, en aquel siglo de Juan Ruiz, un puesto entre los profetasdel Antiguo Testamento, habla en términos inteligibles a cualquiercristiano, de "priscae vestigia fraudis", "los vestigios de nuestro primor-dial error, que nos incitarán a probar el mar en barcos, a ceñir de mu-ros nuestras ciudades, a abrir surcos en la tierra" (
Georg.
I, 33). Queconsideremos al hombre según la tradición judeocristiana o según lateogonia grecolatina, el concepto del hombre artífice, de
homo artifex
es consecuencia de un pecado original, y evoca inmediatamente su ex-pulsión del paraíso terrenal, el crimen de Caín y de los titanes. Así,en ese pasaje que cité hace poco, don Amor al elogiar artes y maestrías,artes de construir y de derribar, de crear abundancia y de hacer gue-
rras,
de cruzar el mar y levantar falso testimonio, presenta emblemá-ticamente el estado del hombre caído, lo que no es, seguramente, supropósito. Falta tiempo para indicar toda la inversión de valores querepresenta don Amor, pero notemos una característica por lo menosque tiene en común con el diablo, característica familiar a todo lectorde Santo Tomás de Aquino y de Calderón: que el diablo, como Don
AIH. Actas III (1968). Verdad y verdades en el Libro de buen amor. PETER N. DUNN

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