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Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales
, 2, Universidad Nacional de Jujuy: 39-43. 1990
UNA TEORIA POPULAR SOBRE SALUD Y ENFERMEDAD MENTAL
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Héctor E. Platas
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 Mario A. Rabey
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 "El chamán no fue un simple brujo o curandero que con su superchería engañaba a la gentepara dominarla o utilizarla; fue un individuo convencido de su misión sagrada -sin elfundamento hipocrático- y generalmente imbuido de un alto sentido de servicio a la comuni-dad... Para ellos, el ser vivo es `uno´ -es individuo-, es decir, un todo indivisible; no haycuerpo sin mente ni mente sin espíritu. Fueron conocedores de la mente, del subconsciente.Sabían a ciencia cierta que la mente escondía mucho más de lo que el hombre comúnpuede `ver'; desarrollaron técnicas especiales para adquirir la destreza de ver el interno, talvez el alma [...] eran sabios hasta el `descubrimiento de esta América´[...] A lo largo de estosaños de investigación y convivencia con los aborígenes llegamos a la conclusión que paraestudiar y ejercer medicina, es necesario fortalecer el pensamiento libre y abierto alconocimiento [...]; esto permitirá al médico expandir su conciencia a través del desarrollo desus facultades anímico-espirituales, que se manifiestan en una comprensión mayor de lanaturaleza y en un nuevo concepto de la salud". (Benavídez y Arango 1987).
INTRODUCCION
Probablemente, toda comunidad posee conocimientos tradicionales para preservar y recuperar lasalud, que se traducen en un conjunto de técnicas y prácticas específicas. Durante las dos últimasdécadas, los organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OficinaPanamericana dela Salud (OPS) (Mahler 1986), han venido recomendado que la atención de la saludincorpore la comprensión de las prácticas y sistemas teóricos populares ignorados por las institucionesoficiales: dicha comprensión debe basarse en un proceso de entendimiento y participación. Siguiendoestas recomendaciones, ya han comenzado experiencias, puntuales pero de gran importancia comoexperimentos aplicables en la planificación de los servicios institucionales de salud, en distintos lugaresdel mundo, como Italia (Ramon 1984), Swazilandia (Hoff y Maseko 1986) y Argentina (Arrúe y Musso1984). Tal incorporación significa universalizar los saberes locales, y utilizar la práctica de conoci-mientos participativos como una fuente para el desarrollo teórico.Menéndez (1985a, 1985b, 1986a, 1986b) ha puesto en evidencia que las distintas teorías y prácticasen el campo institucionalizado de la salud, así como los postulados científicos en que éstas se basan,han respondido y responden a un modelo hegemónico. Este modelo está inscripto en las institucionesdominantes de la sociedad global, la "sociedad occidental", que sustentan como postulado indiscutiblesu superioridad ante las sociedades y culturas locales. De esta manera, el modelo médico hegemónicocontribuye a anular las diferencias interculturales, esto es, la existencia misma de los otros,participando de un saber-poder universal, pretendidamente superior, cuidadosamente legitimado y queconstituye un etnocidio histórico enmascarado que aún se propaga intensamente hasta nuestros das.
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Este trabajo fue realizado en el
á
mbito de la RISAM (Residencia Interdisciplinaria en SaludMental), Programa de Salud Mental, Salta, en el marco del proyecto
PIDTA I, Antropolog
í
a Aplicada a la Investigaci
ó
n y Desarrollo de Tecnolog
í
a Apropiada
, con financiamiento delsubsidio trienal CONICET PID 3034700/85. Platas realiz
ó
el trabajo de campo, dirigido porRabey, siendo ambos responsables de la transcripci
ó
n e interpretaci
ó
n de los materiales.
2
M
é
dico, especializado en Psiquiatr
í
a y Salud Mental. Becario de Iniciaci
ó
n del CONICET enel Programa de Salud Mental, Salta.
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Antrop
ó
logo. Profesor Titular Ordinario, Antropolog
í
a de las Sociedades Complejas, FHyCS,UNJu. Investigador Adjunto, CONICET.
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El modelo hegemónico en salud mental se apoya en una práctica autoritaria, no participativa yexplotadora que, según Foucault (1963), creó a la clínica médica para construir definiciones de salud acosta de los que la han perdido y olvidó que "[...] la locura no es algo que le ocurre a un hombre, sinoalgo que sucede entre hombres. La psiquiatría ha inventado el concepto de enfermedad mental paraencubrir esta verdad." (Delacampagne cit. en Benavídez y Arango 1987). Deja entonces de lado laclínica fundamental, la realidad, sirviendo así a un orden social interesado en subordinar a sereshumanos semejantes, pero calificados de "ignorantes", que deberán pagar por los servicios médicos,sirviendo de sujetos experimentales.Los argentinos nos educamos, desde la escuela primaria, mirando desde el puerto para afuera,admirando a la "Civilización Occidental", es decir, a las culturas dominantes del hemisferio norte,desconociendo el valor de caminar tierra adentro y leyendo el
Martín Fierro
como un librito de cuentoso avergonzando a los campesinos que se acercaban a la ciudad hablando en quichua o guaraní, cuyosconocimientos y prácticas tradicionales son atribuidos al pensamiento "mágico" propio de los"salvajes". Una de las consecuencias de este tipo de educación, bastante corriente en todas lassociedades del Tercer Mundo, es el enmascaramiento de características del conocimiento aborigencomo las presentadas en el texto de los dos médicos colombianos citados en el epígrafe de nuestrotrabajo.En el sentido de lo afirmado por Benavídez y Arango, nosotros buscamos el logro de una prácticadesalienante, donde las construcciones teóricas sean multidireccionales, donde el otro exista comointerlocutor válido y necesario, capaz de intercambiar saberes y de participar en la construcción deconocimientos junto con los profesionales (Merlino y Rabey 1981, Rabey y González 1985, Rabey yKalinsky 1991).En sentido inverso, podemos entender por qué la práctica "científica" convencional es alienante. El"profesional", por definición, es quien ejerce o enseña un arte o ciencia, cuya creencia afirmapúblicamente; quien pone en duda la validez de su conocimiento es un "rebelde" que atenta contra elorden social, del cual forma parte no sólo dicha práctica sino la misma superioridad del profesional. Elprofesional aprende sus conocimientos en la Universidad, escuela que no casualmente se atribuye launiversalidad; es decir, lo que se enseña o practica en ella pretende tener una validez universal, de unmodo semejante a lo que sucede con las grandes religiones contemporáneas. Cualquier conocimientodistinto, provenga de donde provenga, es negado sistemáticamente; de aquí se deduce su profunda,aunque no confesada, vocación etnocida.El conocimiento popular, del cual se origina dicho conocimiento profesional, aunque no lo reconozca, yal cual debería servir, queda por supuesto subordinado; de hecho, el hombre común, "popular", rural ourbano, difícilmente tiene acceso a la universidad; ésta queda preservada así de toda contaminación.En el presente trabajo, se plantea como hipótesis general que las conceptualizaciones acerca de lasalud y enfermedad mental, su conservación, pérdida y recuperación, existen como conocimientopopular en los depositarios no institucionalizados del saber y muchas veces difieren substancialmentede las sostenidas por la Ciencia. El objeto de nuestra investigación son los conocimientos y prácticaspopulares, habitualmente ignorados por las instituciones dominantes, ya que no recurren a ellos paraadquirir la información y formación necesarias en la atención de la salud.Esta investigación la llevamos a cabo en un contexto de conocimiento intersubjetivo (Rabey y Kalinsky1991), pues pensamos que el conocimiento debe construirse desde un vínculo simétrico entre saberesubicados en posiciones distintas, para poder ser utilizado en una práctica que permita resolver de unamanera más eficiente y equitativa los problemas de salud. El trabajo se realizó en Campo Quijano, unacomunidad rural ubicada en el valle de Salta, a unos veinticinco kilómetros al sudoeste de esta ciudad,la segunda en importancia dentro del noroeste argentino. Compartimos periódicamente parte de la vidacotidiana de sus habitantes, entre los cuales reconocemos la existencia de algunos "colegas" nuestrosen la producción de teoría y el desarrollo de prácticas locales referentes al área de la salud yenfermedad mental; sin embargo, debe destacarse que para la concepción popular, tal cual laregistramos en Campo Quijano, no hay distición entre enfermedad del cuerpo y enfermedad de lamente. Rescatamos aportes que interesan a nuestra investigación, valiéndonos de un recurso técnico
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sencillo, la libreta de campo, en la cual registramos el producto de las conversaciones sostenidas connuestros "colegas" y otros "conocedores" locales.
RESULTADOS DE CAMPO
Don D., hombre de 72 años, jubilado de supervisor metalúrgico y dueño de un pequeño local donde sesirve comida y bebida a bajos precios, es la primera persona con la que conversamos durante laprimera visita al pueblo. El encuentro fue en su negocio, ubicado en la intersección de la calle principalcon la va del ferrocarril. Nos relató el caso de Chita: 
"Quedó así desde que murió la madre. Es que era el último, ella lo atendía. Además demudo, toma. Es que uno piensa en lo eterno. Y cuando uno se desvía ... chau! De pensar ser... Jodido el pensamiento. El era como todos ... y trabajador. Yo también antes tomaba... pero mi familia ... mis hijos estudian, y uno no puede estar mal.
 Luego, hablamos con un cliente: 
"Como esto, ve? [señalando los vasos de vino que estábamos tomando]: se hace vicio,como la coca. A veces pelean con la mujer y para no hablar van y toman. A veces toman porque ya no tienen a la persona que querían. Se separan porque toman o a veces sucedeal revés... [Hay] los que toman el fin de semana.
Más tarde, mientras estábamos sentados tomando mate en el puente sobre el río, se acercó unpoblador, el cual, luego de una conversación general y de explicarle el tema de nuestra investigación,nos dijo: 
"Salud es cuidarse en las comidas, por ejemplo. Enfermedad es tener problemas dememoria, problemas cardíacos [l tiene una afección cardíaca]. Se cura con el médico y conté de níspero y cáscara de quirquincho".
Cuando quisimos hablar sobre el tema específico de salud y enfermedad mental, el hombre se fue.Durante la conversación, otros dos hombres, vestidos con la ropa de trabajo característica de losempleados de la planta de agua potable ubicada abajo del puente, conversaban en la barandilla deenfrente. Al retirarse el primer hombre, cruzamos a hablar con ellos. Uno de ellos, F.P., quien en pocotiempo se convirtió en nuestro principal informante y orientador de todo el trabajo de campo, inició laconversación y se hizo cargo de la misma. Comenzó diciendo: 
"en abril es la fiesta de la Pachamama [un rito tradicional de los aborígenes andinos], del casamiento de la vaca con el toro, de la marcada o señalada, ofrenda a la Tierra".
Hablándole de nuestra investigación y de nuestro interés por el rescate del conocimiento popular, nosdijo:
"Aquí si usted observa, toda la gente es morocha, son bajos, pelo negro, pómulos salientes... [Entonces destacó] el valor de conservar las costumbres que se remontan a nuestrosancestros aborígenes. Dentro de mi ignorancia, respeto a los demás. Yo creo en lanaturaleza y en Dios; me curo con lo que ella me da; hoy tenia un problema digestivo y mecuré con piel de sapo ... y [sacando del bolsillo las hojas de la planta llamada
 piel de sapo
 ] no piense que la corté porque lo vi a usted ... Los animales saben, también son inteligentes[hacía referencia a la comprensión que éstos tienen de los signos naturales: saben cuandova a haber tormenta, por ejemplo]." 
 Le preguntamos por qué alguna gente se enferma y cómo hace él para mantenerse bien. 
"No tengo muchos amigos. Me gusta andar un poco solo. Hay malas costumbres  problemas: por ejemplo, cuando toman, le pegan a la mujer, a los hijos. Los demás le
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