refiriendo exclusivamente a etnociencia y antropología cognitiva, es decir, a lasexplicaciones y categorías folk que corrientemente presentan los investigadores quese ocupan de corpus de conocimiento como medicinas populares, biotaxonomíasétnicas, etc. De hecho, una gran parte de la construcción académica sobre temasantropológicos clásicos tales como "organización social", "economía" o "religión"constituyen una traducción al lenguaje académico de la ciencia local del grupoestudiado. Los "informantes" son los autores de estudios orales -y a veces más omenos detalladamente escritos- estudios en ciencia popular, un talento que ha sidoreconocido por numerosos antropólogos. Ello ha llevado a que los informanteslocales hayan comenzado a alcanzar recientemente status de coautores, como en ellibro de Bernard y Salinas Pedraza (1989).Como sucede con todas las enciclopedias y, de un modo más general, con otrosrepertorios de conocimiento sistemáticos y canónicos, la antropología se ocupa delestado actual del conocimiento -en este caso, del conocimiento de los grupos queestudia-. Sus etnografías están compuestas por aquellos sistemas de conocimientoampliamente aceptados y dominantes en cada una de las sociedades sobre lascuales escribe. Hasta hace pocos años, la antropología: (a) enfatizaba lasregularidades en el comportamiento humano local, incluidas las expresiones orales -yeventualmente escritas- de significación usadas como fuente etnográfica; (b) erageneralmente poco perceptiva hacia la emergencia local de nuevos comportamientose ideas. De ese modo, tanto la antropología social como la arqueología handescuidado a la diversidad intra-cultural como una fuente de y una evidencia acercadel cambio endógeno (Leeuw, 1989).Al dejar de lado al comportamiento y a los significados no ajustados a las "normas" y"pautas" culturales o al reducirlas a una parte "desviante" de la sociedad estudiada, laantropología ha venido dejando de lado una dimensión principal de la cognición: eldisenso. Como han establecido, para el desarrollo de la ciencia occidental moderna,Kuhn (1962-1970), Feyerabend (1978), Lakatos (1978) y otros epistemólogoscontemporáneos, la disensión debe ser vista como un factor clave en la emergencia ydesarrollo de toda clase de nuevas ideas y explicaciones. De una manera análoga alo que sucede en el mundo natural entre la biodiversidad intra-específica y laevolución biológica, la diversidad intra-cultural puede ser la base fundamental para elcambio y la evolución sociocultural (Pelto & Pelto, 1975: 14-15) ().Mucha evidencia reciente muestra la falta de adecuación empírica de semejantesteorías y descripciones donde las culturas locales son presentadas comorelativamente estáticas. Esos modelos no pueden incorporar datos sobre laemergencia endógena, en el corto plazo, de nuevos conocimientos y prácticas en elinterior de los grupos locales. Ya existen datos sobre sociedades y regiones tandiferentes como los Maquigenga de la Amazonia occidental peruana (Johnson, 1972),los campesinos Maya de México (Konrad, 1980), campesinos tradicionales del oestede Africa (Richard, 1985), y los Coya de los Andes sur-centrales (Rabey, 1989a). Sinembargo, el cambio auto-organizante (Adams, 1988) permanece como un aspectoampliamente descuidado en la bibliografía antropológica sobre el conocimientopopular. Aparece como una caja negra teórica y no hay ningún modelo teóricodisponible para explicar cómo y en qué contextos construye su conocimiento la gentecomún (Rabey 1990 b).Una excepción preliminar -aunque parcial- puede encontrarse en algunasinvocaciones postmodernistas a la condición inventiva de la cultura (Clifford, 1986),así como en su renovado interés en el análisis procesual (Rosaldo, 1989), queenfatiza la relevancia del cambio local sobre las reglas y las estructuras estáticas enla interpretación cultural. En una visión emparentada con aquélla, Victor Turner (1987)ha propuesto que las "actuaciones culturales" ("cultural performances") son
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