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Gomez Bolanos, Roberto - El Diario Del Chavo Del Ocho com

Gomez Bolanos, Roberto - El Diario Del Chavo Del Ocho com

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Published by Javier
Un pequeño libro del Roberto Gomez Bolaños ·Chespirito", que nos muestra el diario del Chavo del 8
Un pequeño libro del Roberto Gomez Bolaños ·Chespirito", que nos muestra el diario del Chavo del 8

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Published by: Javier on Jan 18, 2009
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03/01/2014

 
1
 
EL DIARIO DE EL CHAVO DEL OCHOD. R. @ Texto e ilustraciones: Roberto Gómez Bolaños, 1995G punto de lecturaDe esta edición:
D. R. @ Punto de Lectura, S.A. de C.V., 2005Av. Universidad núm. 767, col. del Vallec.P. 03100, México, D.F. Teléfono 5420-75-30www.puntodelectura.com.mx
Quinta reimpresión: octubre de 2005ISBN: 970-731-094-4D. R. @ Diseño de cubierta:dibujos de Roberto Gómez BolañosImpreso en México
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PrólogoPor Roberto Gómez BolañosSus holgados pantalones tenían más parches y remiendos quetela original. Estaban precariamente sostenidos por dos tiras detela que hacían las veces de tirantes, terciadas sobre una vieja ydescolorida playera en la que también predominaban losparches y los remiendos. Calzaba un par de zapatos del llamadotipo "minero" que evidentemente habían pertenecido a un adulto.Pero lo más característico de su atuendo era la vieja gorra conorejeras, las que en tiempo de frío le debían haber sido de nopoca utilidad, pero que, cuando lo conocí, en pleno verano, nohacían sino acentuar lo grotesco de su figura.-¿Grasa, jefe? -me había preguntado mostrando el cajoncillo delimpiabotas. Y yo estuve a punto de responder que no, ya quemis zapatos se encontraban en bastante buen estado, peroentonces surgió el presentimiento; ese algo que nos impele atomar decisiones sin justificación aparente. De modo querespondí afirmativamente.Yo estaba sentado en una de esas hermosas bancas de hierroforjado que aún se encuentran en algunos parques de la ciudad.Él se acomodó en el banquillo portátil que formaba parte de suequipo de trabajo, y comenzó a realizar su tarea con inusualentusiasmo. Entonces lo observé con mayor atención, y alinstante comprendí cuál había sido la razón que justificaba mipresentimiento: aquel niño era la encarnación total de la ternura.Me costó mucho trabajo entablar conversación con él, pues eranotorio que mis preguntas provocaban el natural recelo de quienestá acostumbrado a recibir muy poco -casi nada, diría yo- delos demás.----- ¿Cómo te llamas? -le pregunté.----- Pus da lo mismo, ¿no?----- ¿…….?¿Qué es lo que da lo mismo?----- -Que me llame como sea. De cualquier manera todos dicenque soy el Chavo del Ocho. *----- ¿Cuál es tu edad? -seguí preguntando.----- Mi edad son los años que yo tengo.------ Por eso: ¿cuántos años tienes?------ Ocho, creo...----- ¿Dónde naciste?-No lo puedo recordar porque yo estaba muy chiquito cuandonací.Entonces dejé correr una pausa intentando que fuera él mismo
* Singular apodo, cuyo origen se explica más adelante.
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quien reanudara la conversación, pero resultó evidente que sutimidez le impedía hacerla. Por tanto, yo también interrumpí elinterrogatorio.Le di una buena propina cuando terminó de lustrar miszapatos. Eso hizo que acudiera a sus ojos un brillo que anteshabía estado ausente, y que se pusiera a bailotear al tiempo queexclamaba:¡Con esto me puedo comprar una torta de jamón... odos... o tres...!Y luego, pronunciando un rápido y entusiasta "gracias",levantó ágilmente sus arreos de trabajo y se lanzó corriendo a lacalle, donde empezó a sortear el intenso tránsito de automóvilescon esa destreza que sólo tienen los niños pobres de lasciudades populosas. Luego, al tiempo que lo perdía de vista, aúnalcancé a oír nuevamente las palabras que parecían mágicas:"¡Torta de jamón!" Fue entonces cuando descubrí el cuaderno.Lo había dejado a un lado de la banca del parque dondeestaba yo sentado. Y resultaba fácil suponer que era propiedaddel Chavo del Ocho, pues su lastimoso estado hacía juego conel propietario. Era un cuaderno corriente que mostraba con todaclaridad el uso continuo a que había estado sometido. De laspastas de cartoncillo no quedaban más que pequeños eirregulares trozos manchados de grasa, polvo, sudor iy vayausted a saber qué otra cosa! Las hojas, algunas tambiénincompletas, estaban enrolladas por las puntas y ostentabanigualmente gran cantidad de manchas de los más variadosorígenes; pero en ellas estaba contenido el manuscrito másespontáneo que jamás hayan podido ver mis ojos: “El Diario delChavo del Ocho".*La primera vez que lo leí sentí el remordimiento de quiensabe que está violando la intimidad de una persona. Pero lo leípor segunda vez y el sentimiento se fue convirtiendo en uno deinquietud, del cual pasaba después a la risa, la tristeza y elasombro. Entonces me convencí de que era necesario dar alpúblico la oportunidad de conocer ese mundo extrañamenteoptimista en que se puede desenvolver un niño que carece detodo, menos de eso que sigue siendo el motor del universo: la fe.
* En ninguna parte del manuscrito se menciona la palabra "diario", pero yo metomé la libertad de adjudicarle tal título en vez del de "notas", "apuntes" o algo similar,porque a pesar de la carencia de un orden cronológico, la palabra "diario" me pareció másacorde con la intimidad que encierra lo escrito en el viejo cuaderno.NOTA: Como es lógico, el manuscrito contiene un sinnúmero de erroresgramaticales, de sintaxis, etc. Por tal motivo me he visto precisado a corregir, peroprocurando que, en lo posible, permanezca el sabor del original. Algunas veces, por ejemplo, tuve que dar formar a la frase que estaba débilmente sugerida, y en ocasiones(muy contadas) tuve que llegar a la adición o supresión de frases y palabras. Asimismotuve que hacer un cierto reordenamiento de párrafos; pero, en cambio, no modifiqué elaparente desorden en que se narran los acontecimientos o las apreciaciones del Chavo.
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Camilo Cardenas added this note
Excelente libro, Mientras Lo Leia Escuchaba La Voz Del Chavo En Mi Mente, Y El Leyendo Su Propio diario, Y En Paz Descanse Jaimito El cartero....
vildieg92 added this note
como lo descargo ime interes mucho gracias
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