el legislador distingue esos suelos especialmente protegidos, en donde considera delito laconstrucción y el suelo no urbanizable genérico, que no tiene un valor especial más allá de laclasificación urbanística que no permite con carácter general la urbanización, donde no bastacon el concepto de construcción sino que exige algo más al utilizar el término edificación.
Para que les quede claro, un pequeño almacén para los aperos de labranza es una construcción, pero en términos de la legislación urbanística en la Ley de Ordenación de la Edificación, no tiene elconcepto de edificación. Una edificación sería el local donde estamos ahora mismo, una obradestinada a ser habitada por personas con carácter temporal o definitivo. En definitiva, el legislador a este punto exige un plus respecto del tipo base.Y por último regulaba una figura especial de la prevaricación, que era, en el artículo 320, para lossupuestos de concesión de licencias ilegales, en contra de la legalidad urbanística, o la emisión deinformes por los técnicos que participan en los expedientes que concluyen con la concesión odenegación de las autorizaciones o de las licencias cuando estos informes, igualmente, se emiten encontra de la legalidad urbanística.Fíjense. Estos días he estado repasando algunos manuales de 1995 para recordar cuáles fueron las primeras valoraciones que hizo la doctrina legal respecto de estos delitos. Y es curioso que algunosautores, no precisamente caracterizados por su sesgo conservador en sus planteamientosideológicos, decían que a quién se le puede ocurrir que se vaya a producir una construcción en suelodestinado a zonas verdes, o a viales, o a suelos de Dominio Público. Evidentemente Marbella hadeshecho todos los pronósticos. Pero lo cierto es que tenían indicios que apuntaban a una situaciónque, al cabo del tiempo, lógicamente, se ha consolidado.Desde la entrada en vigor del Código Penal, refiriéndome ya a lo que fue la actuación de laFiscalía y más concretamente de la Fiscalía de Cádiz en la que yo me integro, nosotros nos planteamos la importancia que tenía estos tipos penales en el ámbito de nuestro territorio, por lasituación de presión urbanística a la que se veía y se ve, lamentablemente, sometido el litoral, por las barbaridades que estábamos viendo y que se estaban produciendo; y entendimos que requeríauna actuación especial, por razones evidentemente de política criminal, la persecución de estosdelitos.Sin embargo, el balance como les decía, es, si no desalentador, porque, como nos suele recordar elDefensor del Pueblo en las reuniones que periódicamente mantenemos, a nosotros no nos desanimanadie, si no desalentador decía, entendemos que, como se decía de aquellas fincas que se sometíana los planes de Reforma Agraria, el balance si es manifiestamente mejorable.El primer problema al que nos enfrentamos, los Tribunales, fue el del sujeto activo de estosdelitos.
El legislador de 1995 en lugar de decir que el que realizara una construcción noautorizada en suelo destinado a viales, utilizó los términos: el promotor, el constructor o eltécnico director que realizara una construcción
. Esto, que no era sino el intento del legislador deacotar con la mayor precisión posible las distintas figuras personales que podían llevar a cabo lasconductas ilícitas, fue utilizado por los Tribunales para considerar que el legislador lo que habíaestablecido en el artículo 319, era un “delito especial propio”. ¿Qué es un delito especial propio?Pues un delito especial propio es un delito que sólo puede ser cometido por determinadas personasque tienen unas cualificaciones personales o profesionales características.
De manera que la jurisprudencia de las Audiencias Provinciales entendió que el delito urbanístico sólo podía sercometido por los profesionales de la construcción. Que por promotor se entendía a quien sededicaba con habitualidad a la promoción, por constructor el que se dedicabaprofesionalmente a la construcción y por técnico director por el arquitecto técnico oarquitecto que elaboraba un proyecto.
Una solución que a algunos nos pareció una barbaridad y también a algunos autores; recuerdo auna profesora de Derecho Penal de la Universidad de Cádiz, que decía que eso llevaba a lasituación absurda de considerar que el promotor que se dedica profesionalmente, las primerasconstrucciones ilegales que realizara tampoco serían constitutivas de delito porque todavía no tenían
Leave a Comment