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Limbo

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LIMBO
Bernard Wolfe
Título original: LimboTraducción: Domingo Santos © 1952 by Bernard Wolfe © 1988 Ultramar Editores S.A.Mallorca 49 - BarcelonaISBN: 84-345-8467-0Scan: BizienRevisión: El Cuervo López
Al Jefe Puesto que todos los personajes de este libro son reales, cualquier parecido entre ellos y personas imaginarias es pura coincidencia 
RAYMOND QUENEAU
...en verdad os digo, que si no os volviereis y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humillare como este niño, éste es el más grande en el reino de los cielos...Por lo tanto, si tu mano o tu pie fueren ocasión de pecar, córtalos y arrójalos de ti; porque mejor es entrar cojo o manco en la vida, que tener dos manos o dos pies y ser arrojado al fuego eterno.
SAN MATEO, 18
¡Bah! Hagamos toda clase de muecas.
RIMBAUD (que se convirtió en un niño pequeño,y le cortaron el pie, y se murió).Primera parte - ISLA TAPIOCACapítulo 1 —Mucha prognosis hoy —jadeó el anciano.La ascensión de la montaña resultaba dura para él, varias veces tuvo que reclinarsecontra el tronco de una palmera Tafia. para intentar recobrar el aliento. En cada altoprocedía al mismo ritual de nialaise. Se quitaba de la cabeza la gorra de tenis de viseraverde (encontrada en una tienda holandesa de artículos para deporte de Johannesburgoque había permanecido intacta). Desenrollaba de sus estrechas caderas un echarpe deseda delicadamente estampado (hallado en las estanterías que habían quedado intactasde una excelente mercería londinense en Durban). Se secaba la frente con la tela. Luegose inclinaba para masajear sus pies a través de las zapatillas de cricket (recuerdo de laCiudad del Cabo, procedentes del club de campo; donde las había hallado en un baúl quehabía pertenecido al último agregado naval británico destinado al consulado de Inglaterraen aquella ciudad).Sabía que no podía exigirse demasiado a sí mismo («Cuidado», le había prevenidofrancamente el doctor Martine. «Nada de esfuerzos excesivos, o de lo contrario: prognosis
 
desfavorable»), pero no iba a permitirse el perder el tiempo en un auténtico descanso ymucho menos volver atrás. De sus nudosos hombros colgaba el único atuendo nativo delque podía enorgullecerse por el momento, una túnica suelta hecha de corteza tundidadecorada con franjas alternativas de periquitos y flores de cacao; se la subió hasta lasrodillas y prosiguió su marcha por entre la maleza, en una especie de ballet artrítico.La jungla era ruidosa hoy, agitada como un insomne (últimamente había sufridoinsomnio, el doctor Martine lo había estado tratando al respecto); las frondas rozabanunas contra otras, los árboles crujían, los pájaros mynah chillaban obscenidades nasalesal sol, los titíes parloteaban en falsete. Desaprobó este ordenamiento de sonidos, erasintomático de hipertiroidismo, hipertensión, hipertonía. Frunció el ceño ante tamañatensión, tanto en la Naturaleza como en él mismo. Mejor ser como los lentos loris,párpados de plomo, músculos de tapioca. Últimamente, sin embargo, había estado muytenso. Cada vez que interrumpía su ascensión hacia el Círculo de la Mandunga volvía lavista hacia abajo, en dirección al poblado. Una estupidez, por supuesto, no había ningunaposibilidad de ser seguido. En cuanto a los del poblado, a nadie se le permitía acercarseal Círculo, excepto los trastornados y aquellos que tenían algo que ver cor ellos; y encuanto a los extranjeros, bien, no había sido visto ninguno en la isla durante toda su vida.Nunca. Ninguno, excepto el doctor Martine. Sin embargo, no dejaba de mirar por encimade su hombro.Su inteligente rostro color ámbar oscuro, brillando a causa del sudor bajo su mechón derizado pelo blanco, estaba fruncido ahora, con los músculos coagulados en una serie dearrugas.. como costurones dejados por algún látigo del destino. Tenía la impresión comosi llevara alguna especie de máscara, no estaba acostumbrado a preocuparse ni a loscalambres que dan las preocupaciones, y así los nudos en torno a su boca y su frente seestremecieron. Insomnio, crispaciones musculares, temblores, preocupación... aquellocasi parecía, pensó, como si hubiera desarrollado algunos de los síntomas de lostrastornados. Un pensamiento desagradable. Deseó tener a su disposición un bol detapioca, aquello relajaba siempre los intestinos. —Mandunji gente muy blanda —dijo a media voz en inglés, recordando no sin ironíauna observación hecha un día por el doctor Martine—. Entre nosotros musculaturarechaza tono, como ojo lechuza rechaza luz. Nosotros muy blandos, nunca malvados.Inmediatamente, se corrigió: —Los mandunji son... La musculatura rechaza el tono,como el ojo de la lechuza rechaza la luz... Nosotros somos muy blandos.Aquello molestaba al doctor Martine, el oír hablar su idioma sin utilizar esas palabrasestúpidas e inútiles: artículos, verbos y todo lo demás, como él los llamaba.Un tarsero le miró desde lo alto de una rama y se puso a hiparle furiosamente a Diossabía el qué.Un momento más tarde, jadeando fuertemente, había alcanzado un pequeño claro enla cresta de la montaña, desnudo excepto unas cuantas yucas y mandiocas esparcidasaquí y allá. Un lugar memorable. Aquél era el centro del Círculo de la Mandunga, allí,hacía dieciocho años y medio, había puesto por primera vez sus ojos en el doctor Martine.Mirando hacia abajo por encima de la alfombra de hojas pinadas trenzadas por las copasde las rafias, podía ver los dentados riscos que formaban el perímetro de la isla —isla quepor algún milagro, solía decir Martine, nunca había sido catalogada en ningún mapa porningún cartógrafo— y las resplandecientes aguas del océano Indico más allá. El cielo nomostraba ni rastro de nubes, un impoluto e impermeable azul... «tan deslumbrante», decíaa veces Martine «como el culo de un babuíno».Había sido un día exactamente igual a aquél, hacía dieciocho años, mientras el sol sealzaba por encima de Sumatra y Borneo (Martine insistía que tales lugares existían aleste: los llamaba las islas de Oceanía), que el doctor había sido arrojado del cielo sobre lacima de la montaña. ¿Qué otras ominosas cargas estaba preparándose a arrojar sobre laisla aquel vacío color cobalto hoy?

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