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Cómo Adelgazar en Comidas de Negocios (Michel Montignac)

Cómo Adelgazar en Comidas de Negocios (Michel Montignac)

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Primer libro de Michel Montignac explicando su método para perder peso. Especialmente indicado para personas que frecuentemente comen fuera de casa.
Primer libro de Michel Montignac explicando su método para perder peso. Especialmente indicado para personas que frecuentemente comen fuera de casa.

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PREFACIO
Algunos se asombrarán de que el prefacio de un libro sobre alimentación sea obra de unmédico cuya especialidad parece no tener nada que ver con el tema del libro.Sin embargo, la coherencia queda de manifiesto cuando se sabe que la alimentacióndesempeña un papel esencial en la salud del hombre.Demasiado a menudo se olvida que los factores nutricionales constituyen la mejor prevención contra las enfermedades, comprendidas las más graves.Neutralizan los agentes tóxicos, o al menos les impiden alterar los mecanismosfundamentales de las células del organismo.Hoy en día es bien sabido, incluso el gran público lo sabe, que una alimentacióndesequilibrada constituye el principal factor de riesgo de la mayor parte de lasenfermedades.Por esta razón es importante corregir los malos hábitos de alimentación y adoptar unanueva dieta, que es la mejor prevención de los problemas de la salud, comprendidos losmás graves.Pero al comunicar este tipo de información es menester tener cuidado y evitar las fórmulasmoralizantes o incluso los mensajes agresivos que podrían inspirar temor:Por todo ello, lo prudente es conseguir una adecuada dosificación de las informacionestécnicas indispensables a una buena comprensión, y poner de relieve el interés personal ensometer a una critica rigurosa comportamientos alimentarios muy arraigados en nuestroshábitos.Tampoco será razonable ocultar el entorno socio cultural del individuo, ni los usos ycostumbres de su región o de su país.Hay personas que, debido a su condición social o económica, puedan verse obligadas acomer casi siempre fuera de casa, y sobre todo a almorzar o cenar en un restaurante, encomidas de negocios, pues la alimentación, y el ritual que a ella va unido, no sólo son unode los parámetros de nuestra civilización moderna, sino también una de las bases denuestro patrimonio cultural.Para un hombre o una mujer de negocios, la alimentación no debe ser una obsesiónpermanente, habida cuenta de los riesgos de aumentar de peso o de ver perjudicado surendimiento, ni tampoco algo de lo que se ha de privar pues las consecuencias de estoúltimo podría poner en peligro su eficacia profesional o su salud en general.Por este motivo, para todos aquellos que, como yo, se preocupan por el bienestar de suscontemporáneos, el libro de Michel MONTIGNAC “Cómo adelgazar en comidas denegocios” me parece que constituye una ayuda particularmente útil para aprender a conciliar las obligaciones socios profesionales y al mismo tiempo preservar la salud.
PROFESOR LEONARDO SANTI
Director Científico del Instituto Nacional para laInvestigación del Cáncer, Cénama, Italia.Presidente de la Liga Italiana para la Luchacontra el Cáncer.Presidente de la Sociedad Internacional dePrecaución Oncológica del Cáncer.
 
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PRÓLOGO
Desde comienzos de los ochenta no me privo de nada. Tomo vino tinto en casi todas lascomidas, como aparentemente de todo y mi consumo de chocolate sigue siendoimpresionante.Me doy perfecta cuenta de que este <<misterio>> suscita en mi círculo íntimo yespecialmente entre mis compañeros de trabajo una mezcla de envidia e irritación.La irritación es el resultado de lo que ellos consideran a veces una provocación por mi parte.Todos me conocieron en la época en que pesaba trece kilos más y no acaban decomprender cómo, sin privarme de nada y frecuentando regularmente los mejoresrestaurantes de París, mi peso no varía ni en un gramo. Todos suponen que tengo un<<secreto>>, cosa que es demasiado suponer.El <<secreto>>, si es que existe, se lo revelo a ellos en este libro y al mismo tiempo se lorevelo también a usted.Michel MONTIGNAC
 
33
INTRODUCCIÓN
Dudé mucho antes de adoptar como título definitivo de este libro Cómo adelgazar encomidas de negocios. Ante todo, me parecía demasiado comercial para una obra que yopretendía seria.Ysi lo he conservado no ha sido tanto para impresionar a mi lector potencial como paradescribir mejor la verdadera finalidad del mensaje de la obra. Porque adelgazar, o noengordar, es lo que en realidad a usted le interesa.Durante estos últimos años, cuando me preguntaban qué había hecho para adelgazar o quéhacía para mantenerla línea, respondía invariablemente: <<Comer en restaurantes yparticipar en comidas de negocios>>, lo cual provocaba sonrisas y no convencía a nadie.Seguramente también a usted esto le parecerá paradójico, especialmente si atribuye supropio aumento de peso a sus obligaciones profesionales que, con excesiva frecuencia, loponen ante la tentación de la buena mesa. En todo caso, eso es lo que usted piensa.Como todo el mundo, lo más probable es que haya intentado aplicar un sin fin de principiosde dominio público que, desde hace mucho, figuran en la larga lista de los lugares comunes.Yseguramente habrá comprobado que, además de ser casi siempre contradictorios entre síyde no dar más que resultados nulos o efímeros, la mayor parte de esos principios eraninaplicables dentro de su órbita socio profesional.Por tanto usted está hoy --y desde hace varios años-- preocupados por lo que púdicamentepodríamos llamar su sobrecarga ponderal.Acomienzos de los ochenta, cuando ya había pasado yo el ecuador de la treintena, labalanza acusaba unos ochenta kilos, es decir, seis por encima de mi peso ideal.Nada alarmante, a decir verdad, para una silueta de un metro ochenta y uno y a pocos añosde la cuarentena.Hasta entonces había llevado una vida socio profesional más bien regular y mi exceso depeso parecía haberse estabilizado. Los <<excesos alimenticios>>, si en realidad se podíahablar de excesos, eran muy ocasionales y tenían carácter esencialmente familiar. Cuandose es originario del sudoeste de Francia la gastronomía forma parte obligada de laeducación. Incluso se convierte en un rasgo cultural fundamental.Hacía mucho que había abandonado el azúcar, por lo menos la que se echa en el café. Sopretexto de una alergia, no comía patatas y, salvo el vino, prácticamente no bebía alcohol.Los seis kilos de más los había conseguido en un período de diez años, una curva deprogresión relativamente modesta. Miraba a mí alrededor y creía estar dentro de la norma, yhasta más bien un poco por debajo.Yde pronto, de la noche a la mañana, me vi obligado a desempeñar mi profesión encondiciones totalmente diferentes: me confiaron una responsabilidad internacional en lasede central europea de la multinacional norteamericana para la cual trabajaba.Ahora debía pasar la mayor parte de mi tiempo viajando y mis visitas a las filiales, parte demi tarea específica, estaban invariablemente asociadas a reuniones de carácter gastronómico.De vuelta en París y en el marco de mis funciones de relaciones públicas internas, tenía queacompañar a mis visitantes --en su mayoría extranjeros-- a los mejores restaurantesfranceses de la capital. Esa actividad formaba parte de mis obligaciones profesionales, ydebo confesar que no era lo más desagradable del trabajo.Estoy convencido, dicho sea de paso, de que el restaurante, la mesa y la comida, ademásdel placer que proporcionan, siguen siendo el lugar ideal para la comunicación. Comoespecialista en relaciones humanas puedo asegurar que las mejores negociaciones conquien sea (un secretario del comité de empresa, un delegado sindical, un trabajador a quiense quiere despedir o contratar), han tenido siempre como marco un restaurante, sea lafonda de la esquina o la cantina de la misma empresa.Pero tres meses después de haberme hecho cargo de mis nuevas responsabilidades habíaaumentado por lo menos siete kilos. Debo aclarar que, durante ese período, tuve que hacer un cursillo de tres semanas en Inglaterra, hecho que no contribuyó precisamente a mejorar 

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