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GUINEAEn 1472, apenas veinte años antes de que Colón pusiera sus pies en América, dosnavegantes portugueses, Fernao Poo y Lopes Gonsalves, se convertían en los primeros blancos en poner el pie el golfo de Guinea, en África. Aquella fértilesquina del mapa africano se convirtió pronto en un teatro secundario de las luchasentre las dos grandes potencias imperialistas de la zona, España y Portugal. En1510 se establecen ya en la zona las primeras factorías españolas dedicadas altráfico de negros, cuya práctica estaba prohibida a los españoles, motivo por el cualla corona hispana arrendaba los servicios de intermediarios flamencos para ello.Todas las islas de la zona, Annobón, Corisco, Santo Tomé y Príncipe, seconvirtieron en enormes hipermercados de negros, de donde salieron a centenaresde miles camino de sus nuevos destinos vitales.Ya en tiempos del rey con nombre de coñá, o sea Carlos III, España hizo unmovimiento bélico por el cual sus tropas, comandadas por el virrey de La Plata,Pedro de Cevallos, ocuparon la isla de Santa Catalina y la colonia de Sacramentoen Rio Grande do Sul, o sea en Brasil. El conde de Floridablanca, hombre fuertedel gobierno carlita, que ya estaba preocupado por el coste que le suponía a Españael aprovisionamiento de esclavos para sus colonias, pactó con Portugal unaampliación de las posesiones africanas de España a cambio de devolverle losterritorios brasileiros. Fruto de estas negociaciones es el denominado tratado de ElPardo (24 de marzo de 1778), por el cual España se quedaba con Annobon yFernando Poo. Llama la atención el detalle de que en la expedición que,inmediatamente, se puso a la mar desde Uruguay para hacerse con la colonia, ibaun teniente coronel llamado Joaquín Primo de Rivera. Aquella primera expediciónfue un desastre. Su jefe, el conde de Argelejo, murió de unas fiebres, y el resto delos miembros, al llegar a Annobón, se encontraron a los esclavos rebelados y en lashostias casi no quedó ningún blanco vivo.Durante el siglo XIX, España empieza a registrar la presión de la potenciaemergente, o sea Inglaterra, la cual se establece en la zona medianteestablecimientos como Gold Coast, que además del nombre de un cigarrillo escomo se conoció a la actual Ghana, o la ciudad de Lagos, que como sabemos es lacapital de la actual Nigeria. También patea por ahí Francia, la cual celebra el fin dela esclavitud en su civilización con la fundación de Ciudad Libre, o sea Libreville.A pesar de que en 1831 vuelve a haber otra expedición española, la de MarcelinoAndrés, e incluso el nombramiento de un gobernador en la persona de Juan José deLerena, la verdad es que a la España de la primera mitad del XIX, Guinea le sobra.En 1858, un nuevo gobernador, Pedro Chacón, y después José de la Gándara, se lotoman más en serio, echan del país a los misioneros metodistas y a los colones
 
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ingleses, traen a los jesuitas y dan carta de naturaleza, por primera vez, a la etnia bubi, en constante dialéctica con los fang, el pueblo mayoritario del continente, al parecer originario de Egipto. Más o menos de aquella época data la colonizaciónde Guinea a la australiana, es decir intentando atraer a delincuentes y otros seres prostibularios que en España ya no tenían destino; así como a negros llegados aÁfrica a través de las emigraciones desde Estados Unidos a Liberia; razón por lacual, en aquella primera Guinea era relativamente común encontrar negrosapellidados Jones, Douglas, o King. La labor de estos gobernadores no fue fácil, pues los bubis se alzaron contra el poder español, razón por la cual el poder español se llevó por delante a unos 20.000 de ellos. Luego de vencer sobre los bubis, comenzó la expansión por la Guinea continental, donde los españoleshabrían de encontrarse con los fang.España, no obstante, se encontró con la rapiña de las grandes potencias europeas.A Inglaterra le interesaba Fernando Poo y, al parecer, hasta nos llegó a ofrecer 60.000 libras de la época por la isla. Por su parte, Alemania redujo muynotablemente las posesiones españolas, en su beneficio, en la conferencia de Berlín(1884-85). Francia también se hizo con territorios. Todo parecía perdido paraEspaña en la Guinea continental hasta que, pasado 1898 y tras el desastre colonial,éste tuvo la curiosa ventaja para la diplomacia española de poder ahora centrarseen el asunto guineano. Aparte de enviar negros cubanos a la zona, España reclamóla reapertura de las negociaciones internacionales, en 1900. Fue en esasnegociaciones cuando salvó los muebles, pues se quedó con los 26.000 kilómetroscuadrados que compusieron nuestra colonia guineana; pero cabe recordar que lazona de influencia española, al principio del proceso, era de unos 300.000kilómetros cuadrados, así reconocidos como españoles en las actas de laConferencia de Berlín.En 1923, durante la dictadura de Primo de Rivera, se dieron los primerosreclutamientos de negros guineanos en la legión española. La existencia legal delos negros en su propio país era, como siempre en los regímenes coloniales, bastante problemática y difícil. De hecho, Guinea se gobernaba mediante unaespecie de consejos vecinales, que quizá pretendían recoger de alguna forma latradición africana inveterada pero, en cualquier caso, estaban dominados por los blancos. El régimen jurídico de los negros en Guinea a principios del siglo XXincluía medidas como la prohibición de venderles bebidas alcohólicas ocontratarlos en determinadas condiciones, digamos, blancas. Los colonos blancosse aprovecharon de la situación de alegalidad del guineano, en mayor medida quede discriminación, y procedieron a expoliarlo, sobre todo en lo que se refiere a losterrenos de explotación comunal, bastante comunes en las relacionessocioeconómicas tribales, y que se fueron aplicando a sus haciendas por el artículo
 
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33, de una forma tan escandalosa que en 1926 la dictadura tuvo que aprobar undecreto ilegalizando parte de aquellos robos.En 1927, el gobierno primorriverista envió un buque, el Cánovas del Castillo, conla misión de levantar realizar la cartografía de Río Muni, como se llamaba la provincia continental de Guinea. El dato tiene su interés porque en aquellaexpedición fue un oficial de la Armada que habría de morir casi medio siglodespués, sentado en su coche oficial, de vuelta de misa. Era, sí, Luis CarreroBlanco. Y el interés del dato es alto porque, evidentemente, durante aquel viaje,Carrero desarrolló algún tipo de vínculo estrecho con Guinea, que habría de ser muy importante para la historia de esta colonia, después país.La República, que tan buena se quiere ver para muchas cosas, pasó por Guinea sinromperla ni mancharla. En realidad, el principal valor de Guinea para la Repúblicafue como destino de destierro, pues allí fueron enviadas diversas personas que elrégimen consideró desterrables; eso, claro, y el famoso escándalo Nombela, delque algún día deberíamos hablar. A pesar de que el país distaba mucho de ser una balsa de aceite, y si no que se lo digan al general Sostoa, gobernador general,asesinado por un miembro de la Guardia Colonial, poco hizo la República por Guinea, aparte de incrementar la presencia de blancos en los pueblos a través precisamente de la guardia colonial. Cabe reconocer que la República hizointentos, pocos, de mejorar las condiciones sociolaborales (en realidad,suciolaborales) de los negros; pero, aún siendo poco, chocó a menudo con loscolonos.Si hubo dos Españas, apenas hubo dos Guineas (eso si nos olvidamos del pequeñodetalle de las relaciones entre negros y blancos, claro). Ciertamente, en la coloniahabía dos tendencias, llamadas laicos y clericales, cuyas simpatías políticas sonfáciles de adivinar. Sin embargo, baste un dato para explicar lo superficial que eratodo allí: sólo existía un partido político, llamado Frente Popular pero no muyidentificado con el Frente Popular de España. Tenía, en toda Guinea, 150 adeptos.Y la política le resultaba tan interesante que, el 16 de febrero de 1936, ni siquierareclamó una urna. En Guinea, simple y llanamente, no se votó.Cuando los nacionales se sublevaron a favor de Franco, animados por el jefe localde la guardia civil, el subgobernador de Bata, Miguel Hernández Porcel, se negó asumarse. En la orilla del río Ekuku, las tropas republicanas salieron al paso de laexpedición rebelde que iba a tomar Bata. Se intercambiaron unos disparos ymurieron dos soldados negros. Eso fue todo. Bata permaneció con la República. Enrealidad, la guerra civil en Guinea se ciñó, sobre todo, a la pelea radiotelegráfica por un barco, el Fernando Poo, que estaba en la zona. Ambas facciones, lossublevados desde Santa Isabel (actual Malabo); y los republicanos desde Bata,
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