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33, de una forma tan escandalosa que en 1926 la dictadura tuvo que aprobar undecreto ilegalizando parte de aquellos robos.En 1927, el gobierno primorriverista envió un buque, el Cánovas del Castillo, conla misión de levantar realizar la cartografía de Río Muni, como se llamaba la provincia continental de Guinea. El dato tiene su interés porque en aquellaexpedición fue un oficial de la Armada que habría de morir casi medio siglodespués, sentado en su coche oficial, de vuelta de misa. Era, sí, Luis CarreroBlanco. Y el interés del dato es alto porque, evidentemente, durante aquel viaje,Carrero desarrolló algún tipo de vínculo estrecho con Guinea, que habría de ser muy importante para la historia de esta colonia, después país.La República, que tan buena se quiere ver para muchas cosas, pasó por Guinea sinromperla ni mancharla. En realidad, el principal valor de Guinea para la Repúblicafue como destino de destierro, pues allí fueron enviadas diversas personas que elrégimen consideró desterrables; eso, claro, y el famoso escándalo Nombela, delque algún día deberíamos hablar. A pesar de que el país distaba mucho de ser una balsa de aceite, y si no que se lo digan al general Sostoa, gobernador general,asesinado por un miembro de la Guardia Colonial, poco hizo la República por Guinea, aparte de incrementar la presencia de blancos en los pueblos a través precisamente de la guardia colonial. Cabe reconocer que la República hizointentos, pocos, de mejorar las condiciones sociolaborales (en realidad,suciolaborales) de los negros; pero, aún siendo poco, chocó a menudo con loscolonos.Si hubo dos Españas, apenas hubo dos Guineas (eso si nos olvidamos del pequeñodetalle de las relaciones entre negros y blancos, claro). Ciertamente, en la coloniahabía dos tendencias, llamadas laicos y clericales, cuyas simpatías políticas sonfáciles de adivinar. Sin embargo, baste un dato para explicar lo superficial que eratodo allí: sólo existía un partido político, llamado Frente Popular pero no muyidentificado con el Frente Popular de España. Tenía, en toda Guinea, 150 adeptos.Y la política le resultaba tan interesante que, el 16 de febrero de 1936, ni siquierareclamó una urna. En Guinea, simple y llanamente, no se votó.Cuando los nacionales se sublevaron a favor de Franco, animados por el jefe localde la guardia civil, el subgobernador de Bata, Miguel Hernández Porcel, se negó asumarse. En la orilla del río Ekuku, las tropas republicanas salieron al paso de laexpedición rebelde que iba a tomar Bata. Se intercambiaron unos disparos ymurieron dos soldados negros. Eso fue todo. Bata permaneció con la República. Enrealidad, la guerra civil en Guinea se ciñó, sobre todo, a la pelea radiotelegráfica por un barco, el Fernando Poo, que estaba en la zona. Ambas facciones, lossublevados desde Santa Isabel (actual Malabo); y los republicanos desde Bata,
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