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Crónica Wiener

Crónica Wiener

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Crónica de Gabriela Wiener publicada en Etiqueta Negra en 2004.
Crónica de Gabriela Wiener publicada en Etiqueta Negra en 2004.

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Dame el tuyo, toma el mío
Gabriela Wiener
Etiqueta Negra,
 julio de 2004Esta noche me dispongo a ser infiel con permiso de mi marido. La puerta del6&9 es tan discreta que nos hemos pasado de largo dos veces. Llevo encimaun abrigo para camuflar mi look temerario y tres tragos de cerveza. J llevauna barba de cuatro días: lo veo tan guapo y tan mío que no puedo imaginarque en unos minutos se irá a la cama con alguien que no soy yo. Hay quetocar el intercomunicador. Deben estar viéndonos por una cámara. Nos abreun sujeto pigmeo y con cara de aburrido que dice que la entrada doblecuesta treinta y cinco euros. Vengan por aquí. Toman la posta dos mujeresatractivas, las relacionistas públicas (digamos lúbricas) del lugar. ¿Quéqueremos beber? Estamos ante una barra larga y desierta. Somos losprimeros, maldita sea. Son las once de la noche de un jueves en Barcelona.En el televisor sobre la barra se ve una película porno en la que un camionerola emprende contra una rubia quebradiza. ¿Es la primera vez? Sí. Venganconmigo, nos repite una de las anfitrionas de hoy, con acento sevillano. Esmenuda, lleva el cabello ondulado y unas botas hasta las rodillas parecidas alas mías. No es una anfitriona más: es la dueña del 6&9. Conoció a sunovio por un aviso publicado en una revista swinger, se enamoraron yabrieron juntos este local para intercambio de parejas que ya tiene más decinco años.Esta noche es una promesa intergeneracional, multirracial y multiorgásmica.A diferencia de otro club como el Limousine, que se repleta de adineradossesentones cuesta abajo, el 6&9 es popular por su buena disposición pararecibir a jóvenes de clase media que todavía no veo por ninguna parte. En miencuesta previa lo habían calificado además de «higiénico», un tema que yohabía soslayado inicialmente por mi creencia de que el sexo es sucio sólo sise hace bien, pero que terminó siendo un punto a favor del 6&9 cuandodecidimos venir. Seguimos a la anfitriona sevillana en un recorrido relámpagoque tiene por finalidad describirnos el lugar y explicarnos las reglas del juego.
 
Dejamos atrás el bar. Ésta es la sala del calentamiento, dice ella: aquí podéisbailar una pieza o echar un vistazo a la porno mientras bebéis algo. Bajamoslas escaleras hacia un sótano que es la versión erótica de la caverna de Platóno, a lo mejor, la cueva donde se divierte una pandilla de antropófagos. Apartir de aquí sólo se puede pasear como se vino al mundo. La llave para loscasilleros se pide en la barra y luego aparece el impresionante escenario delescarceo: los treinta metros de cama en forma de ele que los fines desemana hacen crujir hasta cincuenta parejas a la vez, pero que a esta horaaún luce vacante. Justo enfrente, un dispensador de preservativos. A laderecha de los camerinos, el jacuzzi, y más allá las duchas para parejas y elcuarto oscuro, una especie de minidiscoteca nudista.
 – 
Si no queréis nada con alguna persona basta con tocarle el hombro.Ésta es la contraseña del 6&9. Cada club recomienda a los clientes unamanera delicada de informar a los demás cuáles son tus límites.
 – 
¿Y para qué es esta habitación?
 – 
pregunto.
 – 
Es la habitación de las orgías. Aquí vale todo.No me froto las manos, no trago saliva. Sólo miro de reojo a J con un signo deinterrogación en la cabeza. Esto recién comienza.Llevo aquí una hora y lo único que he intercambiado son cigarrillos. Sesupone que deberíamos intentar ligar con otros swingers menos tímidos quenosotros, pero por ahora no atinamos más que a mirar. Me había pasadotoda la tarde preparándome como una novia para su boda y seguir al pie dela letra las instrucciones del anuncio del 6&9: «Chicas, por favor, con ropasexy». Me ceñí una súper minifalda negra con pliegues, cortesía de mi mejoramiga, una ex sadomasoquista. Me puse una blusa escotada del mismo colory unas botas altas que hacían ver apetecibles mis muslos flacos. Opté por ladepilación total. Se la enseñé a J. Me dio la impresión de que al ver loexplícito de mis argumentos, él recién se tomó en serio adónde íbamos ypara qué. La gente suele venir a un club swinger para no mentir. Había leídoen la web de la North American Swing Clubs Association (Nasca) que el
 
propósito swinger más elevado consiste en que, al relacionarte genitalmentecon otras parejas bajo la atenta mirada de tu consorte, evitas sucumbir alsexo extramarital y al engaño. Según la misma asociación, más de la mitad dematrimonios comunes practica la infidelidad secreta. Nada, entonces, comolos honestos swingers. Me intriga esta aventura conjunta, esta libertad sexualque surge del consenso, este adulterio vigilado.Nunca habíamos pisado un club como éste, pero a J y a mí podríanconsiderarnos como una pareja liberal. Más por mí que por él. Me explico: miprimera vez fue a los dieciséis años (nada raro). A la misma edad, tuve miprimer trío (con un novio y una amiga) y mi primer trío con dos hombrescompletamente extraños (y con aquel antiguo novio de testigo). No es ningúnrécord, lo sé, pero es suficiente para que los liberales con membresía no memiren tan por encima del hombro. Con cinco años juntos, J y yo contamosentre nuestras experiencias liberales con un intercambio frustrado y variostríos, aunque siempre con una tercera mujer. En cuanto a los celos, temasuperado para los swingers, para mí siempre han tenido que ver con el amoro con la fascinación. Si él se enamora de otra o se fascina por alguien, mepongo celosa. Los celos para él pasan por el sexo: si otro hombre me toca, lerompe la cara.Antes de venir, J mostraba una buena actitud y parecía tomar nuestraincursión swinger como una saludable aventura. Estaba dispuesto a dar elgran paso, o sea, dejarme llegar todo lo lejos que me propusiera, aunqueprefería no decirlo con todas sus letras. Para mí, nuestro swinger-viaje eramás un ajuste de cuentas (ver tríos sólo con mujeres en el párrafo anterior),pero a pesar de que confiaba en la buena fe de J, tenía miedo de unarrepentimiento de último minuto. Nunca puedes estar seguro de cuánliberal eres de verdad hasta que te encuentras al lado de parejasprofesionales de la libertad y el exceso. Según el decálogo swinger, losarrepentimientos a medio camino se dan entre parejas inmaduras que notienen la mente abierta ni los sentimientos claros. Lo que es un insulto parauna dupla que se precie de moderna.

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