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a
Chaco hasta 1953 cuando se decreta la Reforma Agraria. Cite-mos a Raúl Prada: “
Después del retiro descomunal de la cen-tralidad minera, el proyecto hegemónico proletario se derrumba,las clases desposeídas quedan inermes ante la avalancha neo-liberal. Sin embargo, este vacío político va a ser llenado por otrosujeto, el sujeto indígena, que retoma la bandera anticolonial y el proyecto descolonizador, proyectando sus reivindicaciones terri-toriales y culturales en sentido anticapitalista
”.
La historia, decía Marx, avanza por el lado malo.
Además de la frecuente interpelación gubernamental a indíge-nas campesinos y originarios como su principal base social, semostró con claridad la distancia en la interpelación utilizada du-
rante el último conicto con la COB. Se usó tonos despectivosque nunca antes habían uido desde un gobierno proclamado de
izquierda. Se los presentó como una minoría egoísta. Se invocó
al argumento del número y de la población para descalicar el
aporte obrero a la economía nacional y su rol en la escena políti-ca. Claro, y esto puede ser el correlato de la “desobrerización” dela sociedad boliviana, que ha estudiado Álvaro García Linera. Enclave estrictamente marxista, se diría, desde los años setenta,que no es el número lo que determina la función y la proyecciónde una clase, sino su rol en la producción, su conciencia políticay su efecto de irradiación del que hablaba René Zavaleta. La
nueva clase obrera empero no ha exhibido durante el conicto
una proyección ni de reforma ni de revolución, sino de disputapor el excedente, de defensa de las minas y de sus espacios detrabajo concordando con sus patrones o confrontándose a lascomunidades indígenas por la posesión de recursos naturales.Entonces, a ojos del MAS, forman parte
―
potencialmente
―
deuna falange sino adversaria al menos conservadora.
¿Qué te sugiere la idea de “socialismo comunitarista” enun-ciada por el actual gobierno a la luz de una lectura histórica,o el enunciado de la “izquierda indígena”?
En el siglo XIX, desde las elites de terratenientes, “comunista”
se usaba para (des)calicar a las comunidades indígenas de los
Andes que defendían el derecho a la propiedad colectiva de latierra frente a los intentos de su desestructuración con la Leyde Exvinculación de 1874 y su conversión fuese en colonos dehacienda o en campesinos parcelarios.Digo esto porque me sirve de entrada para señalar que en la lec-tura del MAS lo primero que hay que subrayar en el socialismo
comunitario sería su originalidad; es decir que es producto de
la historia larga del país y no de una copia europea o asiática.El nudo estaría en elevar la resistencia al capitalismo desde lascomunidades al proyecto estatal. Las comunidades combatiríanal capitalismo impidiendo que se plasme y que los absorba. Re-sisten a la proletarización y desde allí armarían el andamiaje del
socialismo; en cambio la clase obrera supera al capitalismo redi
-miendo su condición proletaria.Para entender este punto hay que recorrer el camino intelectualde Álvaro García, que viajó hasta Holanda al Instituto de Histo-ria Social para leer los escritos etnológicos de Marx sobre lascomunidades rusas y sus debates y cartas con Vera Zasulich,una populista rusa. Quizá allí y en su “Cuadernos de Cárcel” (ver por ejemplo
Forma valor y forma multitud
) empezó a pergeñar lacreencia que se puede ir de la sociedad comunitaria al socialis-mo, sin pasar por el capitalismo como señalaba el Marx que co-nocemos. O mejor para convertirlo en un prototipo de un “nuevo”socialismo pues
―
y me parece correcto
―
no son formas “arcai-cas” a ser desechadas como pretendía la vieja izquierda(al igualque la oligarquía liberal) sino modalidades vivas e insurgentes.
Sin embargo, en la lectura histórica de García Linera, advierto una
(re)construcción imaginada y ccional del pasado indígena, que
puede ser aplicado a los ayllus andinos, pero que, por ejemplo, nosirve para explicar la trayectoria de los campesinos quechuas delos valles de Cochabamba. Aquí la demanda centenaria fue poseer una parcela de tierra a título individual y no colectivo, como ocurreactualmente, salvando las diferencias, en las zonas de colonizado-res, rebautizadas eufemísticamente “comunidades interculturales”.Distintas lógicas de propiedad y uso de la tierra que están creandofricciones entre los colonizadores en proceso de expansión geo-
gráca e indígenas de tierras bajas como los Yuracarés, Guaraníes
o Lecos, propietarios ancestrales de esas tierras.
En consecuencia, ¿se pueden asociar los enunciados dis-cursivos de “socialismo” y “descolonización”, que en esen-cia parece ser antagónicos?
Sí, siempre a condición de asumir que el socialismo del MAS noes ni pudo ser el socialismo europeo decimonónico e incluso el
latinoamericano del siglo XIX; salvo el de José Carlos Mariátegui.
El MAS lee y desecha al socialismo en clave europea, como unamanifestación critica del industrialismo, pero que a su vez creíaen la industrialización y el progreso bajo nuevas fórmulas. Como
decía Lenín: “Soviet más electricación”. El marxismo es criticadopor ser una losofía de la historia, etapista, lineal y universalista y
el socialismo “realmente existente” por centralizado y burocrático.Reproducirlos en Bolivia, a sus ojos, produciría fracturas con elproyecto de descolonización y de retorno simbólico a los orígenesmilenarios. En la visión más extrema en el MAS, que sugesti-vamente no siempre está apoyada ni acompañada por políticaspúblicas gubernamentales, implica descartar el industrialismo enpos del retorno a una relación armoniosa con la naturaleza, quenunca debió extraviarse. Para la izquierda de los sesenta y se-tenta de la centuria pasada, en cambio, la naturaleza, vista comofuente del valor de uso, debía ser dominada y sometida parapermitir un socialismo de la abundancia material y de valores de
cambio. Los soviéticos ―y ahora los chinos―, perpetraron varios
crímenes contra el medio ambiente en base a esta perspectiva.
¿Qué te sugiere la idea de “socialismo democrático” comovía para llegar al socialismo a diferencia de la vía armadaque caracterizó a la izquierda de los sesenta y setenta?
En los “años de plomo” del siglo XX, ya lo puntualicé, no toda laizquierda creía que la toma del poder se haría de forma violenta,aunque la lucha armada, o la supresión de la política a favor delas armas, solo era proclamada por el ELN. Estas diferencias noeran óbice para que siguiendo a Marx y Lenin, se asumiera que
la democracia calicada de “formal” o “burguesa” se considera
un fetiche o un engaño. La igualdad de los ciudadanos: un hom-bre (o una mujer) igual a un voto nunca garantizaría el triunfopopular y obrero y si este, excepcionalmente se produjera, losgrupos de poder y el imperio norteamericano se encargarían dederrocar por la fuerza a un gobierno de izquierda, como ocurrióen el Chile de Salvador Allende.
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