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Descolonizar, la descolonización desde los feminismos

Descolonizar, la descolonización desde los feminismos

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Por María Lourdes Zabala
Por María Lourdes Zabala

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Published by: Gobernabilidad Democrática on Oct 16, 2012
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07/03/2013

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DESCOLONIZARDESCOLONIZARDESCOLONIZARDESCOLONIZAR
INTRODUCCIÓN 
B
olivia atraviesa un proceso detransformaciones estatalesorientadas a la construccióndel Estado Plurinacional, dan-do lugar a un campo de posi-bilidades de reestructuración democráticade las relaciones entre Estado y sociedadcivil. Uno de los ejes fundacionales de estareforma está vinculada al tema de la des-colonización del Estado y de las relacio-nes sociales. Sin embargo, una dimensiónque queda pendiente del debate sobre laconsolidación de este nuevo Estado, es larelación entre el discurso anticolonial y laherencia patriarcal de la sociedad y susinstituciones, cuyo horizonte, si bien seeslabona con el hecho colonial, tambiénlo trasciende.1. DÉFICITS, VACÍOS Y SILENCIOSEn este período histórico, un desafío paralos movimientos de mujeres y feministas,es disputar los sentidos de este procesoporque no se trata de sumarse -para noparecer descarriadas- “desde ningún lu-gar”, a los cambios y transformaciones delproyecto estatal en curso, sino de identi-
car sus décits, los vacios, los silenciosde la reexión intelectual y política que
transcurre como si las mujeres no estuvié-ramos. Al respecto merece mencionarse,
cómo muchas de las reexiones teóricas
y políticas sobre el proceso de cambio, enla voz de sus más preclaros exponentesmasculinos, en el poder o fuera de él, acu-san de una neutralidad valorativa en tor-no al género que sus análisis reproducensesgos sexistas y androcéntricos. Aunqueen algunos escritos y alocuciones públi-cas, dirigentes políticos, expertos y teó-ricos del proceso incluyan como un otroregistro de la descolonización, la despa-triarcalización.
Ma. Lourdes Zabala C.
la descolonización desde los Feminismos
El conquistador,
Diego Morales, óleo 1985.
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Un hecho vericable en la realidad, la
coexistencia de patriarcado y colonialismo, no se replica sin embargo
en las reexiones y propuestas
acerca de la descolonización, que esuna noción que sigue siendo usada para remitirnos centralmente a la ideade cómo desmontar los mecanismosde dominación de una cultura sobreotra, más que de un género sobre otro.
 (Chávez, 2011a: 34)Constatar el silencio patriarcal o la neu-
tralidad de género en las reexiones delvicepresidente, el más prolíco y activo
intelectual, en su intento por dar cuentade los avances y logros de la revolucióndemocrática en Bolivia, en su texto “Lastensiones creativas de la Revolución.La quinta fase del Proceso de Cambio”(García Linera, 2011) en el que analiza laprimera gestión del gobierno del EstadoPlurinacional; es una muestra patética decómo se escribe la historia y se retratana los actores de este proceso, todos consignos masculinos.
Como gobierno de movimientos socia-les intentamos en todo momento some-ter a debate público estas tensiones y resolverlas por vías democráticas impul-sando a que la vanguardia: indígenas,campesinos, trabajadores, obreros, ve-cinos y estudiantes siempre lleven por delante la bandera del común, el interésdel común, de la comunidad que es todoBolivia….
(García Linera 2011: 61)Nos enfrentamos a un silencio concep-tual que seguramente, en su pretensiónde pasar como un pensamiento objetivo yriguroso, no contaminado con la experien-cia de sujetos inescenciales (inmanentes)que sería lo(s) femenino(s) del proceso,termina escribiendo una historia parcial enla que falta la “mitad de la realidad” (dóndeestán las Bartolinas como movimiento, lasfeministas, las vecinas, etc). En este texto,como se puede constatar el subtexto degénero es invisible. Los “intereses comu-nes” de la comunidad, nos recuerdan a losintereses de la nación monoétnica y conun sujeto mestizo homogéneo que termi-na siendo sospechosamente masculina.La crítica teórica feminista a esta episte-mología, se esfuerza por mostrar que elconocimiento si tiene historia y que susresultados no son neutros o imparciales,
ni está por encima de las conictividades,
ni del género de quienes le dan forma. Esdecir, no existe un “no lugar” desde don-de se piensa la realidad. El conocimien-to, cualquiera que sea, es siempre un
conocimiento situado, que se anca en
las necesidades, intereses, experiencias,representaciones, olvidos, prohibiciones ypasiones de los sujetos o grupos que loproducen. De hecho esto lo saben quie-nes han trabajado el concepto de la co-lonialidad del poder, que hace referenciaa la colonialidad del ser y del saber, do-
minaciones que abarcan la descalicación
sistemática de la cultura del otro, de sulengua, de sus categorías, de sus símbo-los, de sus conocimientos. De este modo,la colonialidad del poder se expresa nosólo en el racismo que opera como una
forma de “clasicación social”, establecida
con la llegada de los españoles, según lacual la raza como el fenotipo de los indivi-duos determina la concentración de rique-za, privilegios, jerarquías entre lo blanco ylo indígena, pero también el sometimien-to colonial de los saberes-otros y de lasexperiencias-otras del mundo. Asumir queexiste un único modelo válido de produc-ción de conocimientos, dejando por fueraotras epistemes, formas de conocimientotradicionales o ancestrales. Su pretensiónparte de la idea de que conocer equivalea distanciarse del mundo mirarlo desapa-sionadamente, desde un locus o lugar deobservación incontaminado y por tantocon rango de universalidad.Ir al rescate y a la teorización de las expe-riencias, las miradas, los protagonismos,las historias y trayectorias de las mujeresen la construcción de un nuevo Estado de-mocrático, incluyente y plural (que cierta-mente no es una tarea solo de las mujereso intelectuales feministas) constituye unaporte impostergable por despatriarcali-zar y descolonizar la memoria y renovar 
Resistencia a la sumisión,
Marizol Soliz, óleo sobre lienzo 30 x 40 cm.
el conocimiento histórico sociológico y po-lítico que tenemos del país (Tapia, 2007).Se trata de escribir o reescribir la historiacomo una construcción colectiva de cono-cimiento para transformar nuestra socie-dad, como a su turno lo vienen haciendolos movimientos indígenas, en estos tiem-pos de transformaciones no solo socialessino también subjetivas. Cambiar la forma
de ver el mundo es ya empezar a modi
-car la realidad, cuestionar sus relacionessociales y reconocer el poder discursivode nuevos actores portadores de proyec-tos alternativos de sociedad.
Basta recordar la cita de Hegel sobreque África no tiene historia. Hasta muy recientemente, tampoco las mujereshan tenido su propia historia, su propianarración con distintas categorías de periodización y con diferentes regulari-dades estructurales
(Benhabib, 1995:24).Descolonizar pero también despatriarca-lizar los modos de producir conocimien-to, a través de las acciones colectivas ysu teorización desde distintos lugares deenunciación, supone generar una rupturaepistemológica y contribuir a desarrollar nuevos sentidos comunes de “cómo se
dene el país y, por lo tanto, de cómo se
piensan sus problemas y las tareas polí-ticas a resolver” (Tapia, 2007: 144); es elreto al que estamos invitadas las mujeresdesde nuestras distintas prácticas, luga-res de enunciación, culturas, visiones yprioridades.
De lo que se trata es de habilitar laigualdad discursiva y desactivar el silen-cio de las implicadas. No podemos olvi-dar que las discusiones reales siempre
están impregnadas de poder: el prejar 
los asuntos pertinentes, la decisión dequién puede hablar y quién no, de quiénestá excluido, de cuánto tiempo puedenhablar unos y otros, la determinación dequién debe dedicarse exclusivamente aescuchar o de lo qué se da por supuesto,etc. Esta suma de restricciones mues-tra su pertinencia para ser analizada. Aveces, la participación aparentementeinclusiva y la agenda abierta puedenimpedir más que promover la discusiónajena a coacciones. El caso es que encondiciones de desigualdad de poder esindispensable, incluso epistemológica-mente, el propiciar comunidades cerra-das para que las “subalternas” puedantomar la palabra sin coerciones
” (GuerraPalmero, 2000:4).En otras palabras, se trata de apropiarnosdel debate político y académico y ponerlenombre a los procesos que vive el país,explicitar los contrasentidos en sus cam-pos discursivos, dar cuenta de la inexpre-sividad de género de sus metarrelatos, delas categorías de “Estado Integral”, “vivir bien”, “sujeto plural indígena”, “movimien-tos sociales”, “democracia”. Desde la mi-rada crítica y autónoma de los movimien-tos de mujeres indígenas, campesinas,urbanas, originarias, interculturales, cons-tituidas como sujetos de conocimiento através de sus múltiples prácticas, constitu-ye una tarea colectiva irrenunciable releer y reescribir la historia, revisar las tramasdiscursivas, las categorías y teorías quenombran y explican el proceso de cambioque está viviendo el país. Denunciar loshábitus sexistas, los gestos y los lapsus(que son más que eso, representan un in-consciente colectivo) sobre todo de nues-tros gobernantes, contribuirá a su vez a
identicar los pendientes de este “proceso
revolucionario”. “Si yo tuviera tiempo, iríaa enamorar a las compañeras yuracarésy convencerlas de que no se opongan;así que, jóvenes, tienen instrucciones delPresidente de conquistar a las compañe-ras yuracarés trinitarias (para que no seopongan a la construcción del camino)¿Aprobado?” fueron las expresiones delPresidente del Estado Plurinacional, paralograr que las mujeres de este pueblodesistan en su empeño de cuestionar laconstrucción de un camino que pasarápor su territorio y que el gobierno se hapropuesto realizar, más allá de cualquier consideración sobre los derechos de lospueblos a la consulta previa, al consenti-miento libre, a la libre determinación, a laautonomía y al control sobre su territorio.
Qué decir frente a ello. En el imaginario
sexista es un lugar común identicar a la
razón como un atributo masculino en el quelos argumentos son los que con/vencen.
En el caso de las mujeres, es lo contra-rio. Es el lenguaje de los afectos (asumidocomo lo no racional), de las subjetividadesmediadas por las intimidades del cuerpo ylos sentimientos, lo que vence. De hechoel gobierno ha llamado al “diálogo” con loscompañeros indígenas, sujetos autoriza-dos para deliberar, (aunque ésta sea unasuerte de impostura, porque la decisiónestá tomada de antemano). Como es depresumir las dirigentas no están contem-pladas, salvo, como objetos de moviliza-ción, en su horizonte no está considerar elimpacto de esta decisión sobre la vida delas mujeres indígenas.
 Asumiendo que todo Estado se dene
como un campo en disputa y lucha políti-ca que se “despliega fuera y dentro de él”(García Linera, 2010a) y en ese sentido elEstado Plurinacional boliviano es tambiénun espacio en construcción y de correla-ción de fuerzas, es preciso que las muje-res desde nuestras diversas identidades,en un diálogo colectivo y plural, lo recu-peremos para nombrar nuestras historias,para denunciar las prácticas y violenciasde género que se anudan en el EstadoPlurinacional y en todos los ámbitos de lavida social. Aunque en la agenda del debate político eideológico nacional, el eje discursivo giraen torno a la descolonización del Estado,a la inclusión de indígenas y campesinosen las estructuras de poder, a la amplia-ción de la democracia, al reconocimien-to de nuevas identidades culturales en laconstrucción de la nación; el debate tam-bién se va decantando con el improntusde las organizaciones y movimientos demujeres. Las complicidades de mujeresdistintas en sus trayectorias de vida, te- jidas en foros, en encuentros y talleres, latenacidad de sus luchas y rebeldías parainscribir sus derechos en la CPE; son losantecedentes para que las desigualdadesde género, como otras coordenadas depoder, se abren paso en la discusión y de-liberación pública.En este contexto las preguntas que nosrondan apuestan a problematizar variostemas. La relación que existe entre losdos ejes de dominación: Patriarcado y
Reclamo silencioso,
Marizol Soliz, óleo sobre lienzo 30 x 40 cm.
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descolonización. Cómo se implican am-
bos, dónde se encuentran? Es suciente
luchar contra el colonialismo para des-montar las opresiones de género? ¿Cuá-les son las posibilidades de articulaciónentre la discriminación étnica y de clase ylas luchas contra el sexismo y las relacio-nes de opresión de género.¿Cómo estas dimensiones se tornan o noconvergentes?. ¿Quién es el sujeto delproyecto de emancipación? Sin preten-der dar respuestas concluyentes a estosinterrogantes, este es el horizonte que a
continuación retomamos para la reexión.
2. RUTAS PARALELAS: DESPATRIAR-CALIZACIÓN Y DESCOLONIZACIÓN
Si bien, el proceso de descolonización delEstado en Bolivia, fruto de una nueva corre-lación de fuerzas sociales, tiene como co-rrelato la creación del Estado Plurinacionalbasado en el reconocimiento de las diver-sas matrices culturales, lingüísticas, históri-cas y la inclusión de un nuevo bloque en elpoder hegemonizado por lo indígena; quédecir del proceso de despatriarcalización.Ese entramado de relaciones de poder quenaturaliza y normaliza las jerarquías entrelos sexos y cuyo espesor histórico se re-monta más allá del improntus de la colonia.
Desde la perspectiva de algunos intelec-tuales –como Idón Chivi- la descoloniza-ción, como un proyecto de emancipación,es asumida como una matriz de poder que abarca todas las luchas y formas deexclusión social, cultural y económica, in-cluidas las desigualdades entre hombresy mujeres. Sin embargo, no queda clarodonde reside su capacidad de incorpo-rar otras opresiones, cuando se constatacomo en el caso concreto del que “mien-tras que los discursos de legitimación de ladesigualdad de clase o de raza suelen ser rápidamente detectados y neutralizadospor la crítica, los discursos de legitimaciónde la desigualdad entre los sexos pasantodavía, por lo común, desapercibidos ycontinúan, por lo tanto, activos”. (Puleo,2000). O en su caso se convierte en unaapelación retórica con escasa traducciónen las políticas públicas, donde suelen pri-mar enfoques maternalistas (bono Juana Azurduy de Padilla) o visiones instrumen-tales en las que se exalta la presencia delas mujeres indígenas y campesinas ennumerosos ministerios, o en el Parlamen-to; pero paralelamente se ignora ¿cómose implican las mujeres en el nuevo Esta-do Plurinacional?, (más allá de una políti-ca de la presencia de efectos simbólicosimportantes). ¿Tienen las mujeres indíge-
nas un proyecto plurinacional que diera
del de sus homólogos varones?Cuando el Vicepresidente Álvaro García
Linera (2006) arma que los movimientos
sociales han tomado el poder, que no eslo mismo que el gobierno, o son la basesocial movilizada que pone el programa,
se estará también reriendo a los sujetos
políticos femeninos/feministas?.¿Qué or-denes simbólicos de género se escondendetrás del reconocimiento de las nacionesy sus instituciones?. Existe algún litigioque nombrar entre el sujeto sociológico“pueblo” y las identidades feministas?Puede la crítica feminista, convertirse enotra matriz civilizatoria en la construccióndel Estado Plurinacional?
Se arma, no sin cierto optimismo, que
despatriarcalizar el Estado Plurinacionales equivalente a democratizar los órga-nos de representación política del nuevoEstado Plurinacional, con la presenciainédita de mujeres indígenas en el poder.
Sin embargo, ¿es esto suciente? Ya en
la década de los noventa se impulsaronprocesos de ampliación de ciudadanía yprofundización de la democracia, cuandolas cuotas interpelaron el monopolio mas-culino de la representación. Hoy comoayer, el que existan más mujeres, en estecaso indígenas, sector tradicionalmenteexcluido del aparato estatal, no quiere de-cir que se haya avanzado en desmontar las desigualdades que enfrentan las mu- jeres respecto a su acceso y permanenciaen el poder (menor tiempo libre, desigualredistribución del trabajo doméstico, este-reotipos respecto a su desempeño públi-
co, insucientes niveles de escolaridad).
Por otro lado, tampoco quiere decir que supresencia se traduzca en una nueva co-rrelación de fuerzas o que al igual que sushomólogos hayan “tomado el poder”. Por-que, de acuerdo a la teoría política, esta
cualidad se dene como la capacidad deinuir, en cada momento, en cada palabra,
en cada decisión, en cada política. Si enel Estado se está jugando “el posiciona-miento, el avance, la victoria, el retroceso
o el benecio de un grupo en detrimento
del otro (García Linera, 2008), están lasmujeres habilitadas y reconocidas paraesta batalla?El Estado más allá de ser un conjunto deinstituciones, procedimientos y normasque dicen de la presencia no solo del po-der ejecutivo y legislativo, sino de otrasinstancias (sistema judicial, policía, uni-versidades, etc.) es también un lugar queproduce y monopoliza ideas y creencias,genera sentidos comunes y representa-ciones, legitima las decisiones guberna-mentales (García Linera, 2010). Si desdeallí, se normalizan comportamientos y re-presentaciones sexistas, se invisibilizanlas necesidades de los actores y actorassociales, se producen leyes que expre-san prejuicios y usos que naturalizan lasupremacía y la racionalidad masculina;la conquista de puestos jerárquicos por las mujeres indígenas o de clase mediao populares, no habrá desmontado lossentidos comunes que sustentan, no sololas desigualdades de género, sino otras,como las clase, la orientación sexual.
Tonadas musicales,
Marizol Soliz, óleo sobre lienzo 30 x 60 cm.
En paralelo podemos decir lo propio de loindígena. “
Históricamente se ha reclama-do por la ausencia de representación delos pueblos indígenas en las estructurasde gobierno, y ahora que existe una pre-sencia importante de los mismos, se tieneque plantear el problema de cómo se ocu- pan esos espacios, de cómo y para qué seestá en ellos” 
(Chávez, 2011b: 23).En el caso de las mujeres, este hecho
debe venir acompañado por una reexiónsobre su signicación y los alcances y li
-mitaciones de esta representación. Cómoviven las mujeres sus experiencias en supaso por las estructuras gubernamentalesy los espacios de toma de decisiones. Deahí que una de las preguntas centralesconsista en plantearse con qué noción depoder político o proyecto despatriarcaliza-dor se llega o se quiere construir en unespacio que tradicionalmente se ha repro-ducido a sí mismo sobre la base de la ex-clusión de las mujeres con mayor motivosi ésta se anuda a desigualdades cultura-les, económicas y raciales.
“La realidad social muestra con contun-dencia que los espacios de exclusión es-tán vinculados al poder, a la autoridad, a
la inuencia, al dinero, a los recursos y,
en general a la autonomía personal. Los poderes fácticos, el poder político y, engeneral todos los poderes de decisiónson casi impermeables a las mujeres” 
 (Cobo, 1999:6).
¿Basta una mayor presencia cuantitativade mujeres de distintas culturas y trayec-torias, en los poderes públicos, para pro-ducir una forma distinta de hacer política?Se tratará de una inclusión subordinadade las mujeres indígenas, respecto a sushomólogos indígenas? ¿Cómo disputar el sentido mismo de lo político, cuando losimbólico de ello se asocia a lo masculino?En Bolivia no son pocos los casos de fun-cionarios del gobierno actual, cuyo dis-curso y prácticas respecto a las mujeres
no dejan de reejar una mentalidad colo
-nial y de reproducir jerarquías patriarcales.En ese sentido Roberto Choque señala laslimitaciones que enfrenta el proceso políti-co que se ha inaugurado en el país.
La maquinaria estatal tiende a reprodu-cir los principios coloniales de toma dedecisiones, administración del poder, je-
rarquización y estratifcación, y división
de funciones según principios segrega-cionistas y arbitrarios” 
(Chávez, 2011a:27).
 Si bien, la despatriarcalización del Estado,a instancias de la movilización e interepe-lación de los movimientos de mujeres, haavanzado con la elaboración de un marconormativo tan importante como la NCPEque amplia los derechos de las mujeres,no pasa desapercibida la falta de cohe-rencia de este proceso de reformas polí-ticas, cuando se constata la ausencia devoluntad política para traducir estos logrosen políticas públicas o cuando la institu-cionalidad estatal se resiste a contar conun mecanismo de avance de las mujeres
con suciente jerarquía que pueda contra
-rrestar con políticas públicas la dramáticaincidencia de la pobreza, la violencia y lasdiversas formas opresión que enfrentanlas mujeres.Tampoco podemos ignorar, las formas po-líticamente mediadas por las que las mu- jeres siguen accediendo a los espacios depoder institucional. El tutelaje masculino,sigue siendo, igual que en el pasado, unapráctica de poder que hipoteca o refuncio-naliza la voz de las mujeres, impone suspropias estrategias, temporalidades, len-guajes y prioridades.Cuando las mujeres acceden a espaciosde poder y representación (Poder Legisla-tivo), muchas veces como una concesiónnegociada con los líderes varones del par-tido, ellas son objeto de representacionesambiguas, que no contribuyen a politizar su presencia, o a construir liderazgos au-tónomos. Por un lado, cuando intentan po-sicionar agendas que se vinculan con las jerarquías de opresión de género, éstasaparecen representando lo particular, es
decir lo accesorio, aquello que no calica
para convertirse en temas de Estado. Bajoeste imaginario, se instala y reproduce elprejuicio del ejercicio masculino del poder 
orientado por un n trascedente e inclusi
-vo: ellos legislan para toda la nación(es)(Tapia, 2007).La otra alternativa, es subsumirse en lavoz hegemónica del partido y negarse a
participar en la denición de los términosde la interacción, esto es en la denición
de lo que se debe decir y de lo que sedebe callar. En este contexto, cuando lasrepresentantes mujeres entran en la de-liberación, lo hacen desde una posiciónsemejante a la que tiene el individuo co-lonizado con respecto al colonizador, lohace reproduciendo al “otro” devaluado yminorizado, precondición necesaria parala creación del sujeto racional trascenden-tal, ahora representado por el sujeto indí-gena masculino. Paradójica situación, entiempos de descolonización. Mientras hoyla cuestión de la opresión colonial no pue-de ya soslayarse en los debates políticosy teóricos, la desigualdad entre los sexosy la dominación patriarcal como otra tramade poder, que se eslabona con lo colonial,permanece inexpresiva.3. DESDE DÓNDE DESPATRIARCALI-ZARSi el Estado, no es una máquina de ins-tituciones neutrales y su pretensión derepresentar al todo social y tener una mi-rada universal ciega a las opresiones degénero y a otros clivajes que la intersec-tan, no es más que una forma de reeditar una mirada patriarcal, ¿cómo actuar des-de dentro de él, sin rendirnos al peso desus estructuras y sus hábitus?
Buscando la felicidad,
Marizol Soliz, óleo sobre lienzo30 x 40 cm.
 Maternidad dolorosa,
Marizol Soliz, óleo sobre lienzo30 x 40 cm.
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