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Berger - Introducción a la sociología

Berger - Introducción a la sociología

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08/06/2013

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ETER
L.
 
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ERGER
.“L 
A SOCIOLOGÍA COMO UNA FORMA DE CONCIENCIA
”.
En:
Introducción a la sociología,
México, Editorial Limusa, 1999, Capítulo 2, pp.
 
43-80.Si la presentación del capítulo anterior ha sido fructuosa, será posible aceptarla sociología como una preocupación intelectual de gran interés para ciertosindividuos. Sin embargo, detenernos a estas alturas sería en realidad muy pocosociológico. El hecho mismo de que la sociología apareciese como una disciplina enuna etapa determinada de la historia occidental debería obligarnos a averiguar conmás detalle cómo es posible que algunas personas se ocupen de ella y cuáles sonlos requisitos para esta ocupación. En otras palabras, la sociología no esindependiente del tiempo ni es una empresa forzosa de la mente humana. Siadmitimos esto, surge lógicamente un interrogante acerca de los factoresconvenientes que hacen de ella una necesidad para determinadas personas. Enrealidad, quizá ninguna actividad intelectual sea eterna o necesaria. Pero la religión,por ejemplo, ha sido poco menos que universal al incitar una intensa preocupaciónmental a través de toda la historia de la humanidad, en tanto que los pensamientosdestinados a resolver los problemas económicos de la existencia han sido unanecesidad en la mayoría de las culturas humanas. Sin duda alguna, esto nosignifica que la teología o la economía, en nuestro sentido contemporáneo, sonfenómenos universalmente presentes de la mente, pero al menos pisamos unterreno seguro si decimos que el pensamiento humano siempre parece haber estadodirigido hacia los problemas que ahora constituyen la materia principal de estasdisciplinas. Sin embargo, de la sociología no puede decirse siquiera otro tanto. Éstase manifiesta más bien como una reflexión peculiarmente moderna y occidental. Y,como trataremos de demostrar en este capítulo, está constituida por una formaparticularmente moderna de conocimiento de sí misma.La peculiaridad de la perspectiva sociológica se torna clara con ciertaconsideración acerca del significado del término “sociedad”, el cual se refiere alobjetivo
 por excelencia 
de la disciplina. Como la mayoría de los términos empleadospor los sociólogos, éste se deriva del uso común, en el cual su significado esbastante impreciso. Algunas veces quiere decir una asociación particular depersonas (como en la “Sociedad Protectora de Animales”), en algunas ocasiones sóloa las personas dotadas de un gran prestigio o privilegios (como en la “Sociedad deDamas de Boston”) y en otras ocasiones se emplea simplemente para denotarcompañía de cualquier tipo (por ejemplo, “él sufrió mucho en aquellos años por faltade sociedad”.) Existen también otros significados menos frecuentes. El sociólogo usael término en un sentido más preciso, aunque existen, por supuesto, diferencias enla manera de usarlo aun dentro de la propia disciplina. El sociólogo considera queel término “sociedad” denota un gran complejo de relaciones humanas, o,expresándolo en un lenguaje más técnico, piensa que se refiere a un sistema deinteracción. La palabra “gran” es difícil de especificar cuantitativamente en estecontexto. El sociólogo puede hablar de una “sociedad” que incluye a millones deseres humanos (por ejemplo, la “sociedad estadounidense”), pero también puedeusar el término para referirse a una colectividad numéricamente más reducida(digamos, “la sociedad de alumnos de segundo año en esta universidad”). Dospersonas charlando en una esquina difícilmente constituirán una sociedad, perotres personas que han quedado desamparadas en una isla sin duda alguna sí lo
 
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serán. Por lo tanto, la aplicabilidad del concepto no puede determinarse solamentepor razones cuantitativas. Más bien se aplica cuando un complejo de relaciones eslo suficientemente breve para ser analizado por sí mismo, reconocido como unaentidad autónoma y opuesto a otros de la misma clase.El adjetivo “social” debe ser definido igualmente para su uso sociológico. En ellenguaje común puede denotar también muchas cosas diferentes: la calidadinformal de una reunión determinada (“esta es una reunión social, no discutiremosde negocios”), la actitud altruista por parte de alguien (“él tiene un gran interéssocial en su trabajo”), o más generalmente, cualquier cosa derivada del contacto conotras personas (“una enfermedad social”). El sociólogo usará el término máslimitadamente y en forma más precisa para referirse a la calidad de la interacción,de la interrelación y de la reciprocidad. Así, dos hombres charlando en una esquinano constituyen una “sociedad”, pero lo que trasciende de ellos es sin duda “social”.La “sociedad” está integrada por un complejo de tales acontecimientos “sociales”.Por lo que respecta a la definición exacta de lo “social”, es difícil perfeccionar ladefinición de Max Weber de una situación “social”: aquella en la que la gente orientarecíprocamente sus acciones. La trama de significados, expectativas y direcciónresultante de tal orientación mutua es la materia prima del análisis sociológico.No obstante, esta purificación de la terminología no basta para demostrar ladistinción del ángulo de visión sociológico. Podemos acercarnos más comparando aeste último con la perspectiva de otras disciplinas que se ocupan de las accioneshumanas. Por ejemplo, el economista está interesado en los análisis de los procesosque ocurren en la sociedad y que pueden describirse como sociales. Estos procesostienen que ver con el problema básico de la actividad económica: la distribución delos escasos bienes y servicios dentro de una sociedad. El economista se ocupará deestos procesos en cuanto a la manera en que realizan, o no pueden realizar, estafunción. El sociólogo, al observar los mismos procesos, naturalmente tendrá quetomar en cuenta su propósito económico. Pero su interés característico no seencuentra forzosamente relacionado con este propósito como tal. El sociólogo seinteresará en una variedad de relaciones e interacciones humanas que puedenofrecerse aquí y que pueden ser totalmente ajenas a las metas económicas encuestión. Así pues, la actividad económica implica relaciones de poder, prestigio,prejuicio e incluso de funcionamiento que pueden analizarse únicamente con unaalusión marginal a la función propiamente económica de la actividad.El sociólogo descubre que su materia de estudio está presente en todas lasactividades humanas, pero no todos los aspectos de estas actividades constituyenesta materia. La interacción social no es cierta sección especializada de la maneraen que actúan los hombres entre sí. Más bien es un aspecto determinado de todasestas acciones. Otra manera de expresarlo es que el sociólogo realiza un tipoespecial de abstracción. Lo social, como materia de estudio, no es un camposeparado de la actividad humana. Más bien (haciendo nuestra una frase de lateología sacramental luterana) está presente “en, con y debajo” de muchos camposdiferentes de tal actividad. El sociólogo no observa fenómenos de los que ningunaotra persona está enterada. Pero observa los mismos fenómenos de maneradiferente.Como un ejemplo más podríamos tomar la perspectiva del abogado. Aquíencontramos afectivamente un punto de vista mucho más amplio en cuanto a sucampo de aplicación, que el del economista. Casi todas las actividades humanaspueden caer, en un momento u otro, dentro de la competencia del abogado. Este esen realidad el hechizo de la abogacía. Asimismo, descubrimos en este campo un
 
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procedimiento de abstracción muy especial. De la enorme riqueza y variedad de laconducta humana, el abogado selecciona los aspectos pertinentes (o, como él diría,“materiales”) para su marco de referencia muy particular. Como sabe muy bien todapersona que se ha visto involucrada alguna vez en un litigio, los criterios de lo quees o no pertinente según la ley a menudo sorprenderán enormemente a loscausantes en el caso en cuestión. No es necesario que nos ocupemos de esto aquí.Preferiríamos observar que el marco de referencia legal está integrado por ciertonúmero de modelos cuidadosamente definidos de la actividad humana. Así,tenemos modelos patentes de obligaciones, responsabilidades o perversidad. Esnecesario que prevalezcan condiciones definidas antes de que cualquier actoempírico pueda ser clasificado bajo uno de estos membretes, y estas condicionesson formuladas por leyes o por precedentes. Cuando no se llenan estos requisitos,el documento en cuestión es legalmente inaplicable. La habilidad del abogadoconsiste en conocer las reglas según las cuales se estructuran estos modelos.Dentro de su marco de referencia, sabe cuándo un contrato comercial es válido,cuándo puede hacerse responsable de negligencia al chofer de un automóvil, ocuándo ha tenido lugar un estupro.El sociólogo puede observar estos fenómenos, pero su marco de referencia serátotalmente diferente. Más importante aún, su criterio sobre estos fenómenos nopuede derivarse de leyes positivas o del precedente. Su interés en las relacioneshumanas que tienen lugar en una transacción comercial no tiene relación con lavalidez legal de los contratos firmados, al igual que la desviación en la conductasexual, sociológicamente tan interesante, no puede ser apta para catalogarla bajoalgún membrete en particular. Desde el punto de vista del abogado, la investigacióndel sociólogo es ajena al marco de referencia legal. Refiriéndonos a la estructuraconceptual de la ley, podríamos decir que la actividad del sociólogo tiene uncarácter subterráneo. Al abogado le incumbe lo que podríamos llamar el conceptooficial de la situación. A menudo el sociólogo trata con conceptos realmenteextraoficiales. Para el abogado, lo que debe comprender esencialmente es cómoconsidera la ley a un tipo determinado de criminal. Para el sociólogo resultaigualmente importante la manera en que el criminal considera la ley.En consecuencia, formular preguntas sociológicas presupone que estamosinteresados en mirar un poco más adelante de las metas comúnmente aceptadas uoficialmente definidas de las acciones humanas. Presupone un cierto conocimientode que los sucesos humanos tienen diferentes niveles de significado, algunos de loscuales se ocultan de la conciencia de la vida diaria. Incluso puede presuponer ciertogrado de recelo acerca de la forma en que las autoridades interpreten oficialmentelos sucesos humanos, ya sean de un carácter político, judicial o religioso. Siestamos dispuestos a llegar tan lejos, perecería evidente que no todas lascircunstancias históricas son igualmente favorables para el desarrollo de laperspectiva sociológica.En consecuencia, parecería plausible que el pensamiento sociológico tendríamejor oportunidad para desarrollarse en circunstancias históricas caracterizadaspor fuertes sacudidas al concepto propio de una cultura, especialmente al oficial yautorizado, el cual es aceptado generalmente. Únicamente en tales circunstanciases probable que los hombres perceptivos se sientan motivados a pensar más allá delas aseveraciones de este concepto propio y, como resultado de ello, se oponen a lasautoridades. Albert Salomon ha sostenido convenientemente que el concepto de“sociedad”, en su sentido sociológico moderno, podría surgir sólo como lasestructuras normativas de la cristiandad y después de que fueron destruidos los

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