extranjeros. Todavía hoy, muchos de ellos ven a los no chinos como incultos,al tiempo en que se sienten amenazados por las influencias foráneas. No fue el caso de Taizong, uno de los cinco emperadores que Mao admiraba(una selección muy exclusiva de entre los centenares de monarcas que losalumnos chinos tienen que memorizar). Él gobernó del año 626 al 649 desdeXi’an, la famosa ciudad de los guerreros de terracota. Yo la había visitadosemanas atrás y todavía encontré huellas del esplendor que tuvo en aquellaépoca, cuando se llamaba Chang’an y era toda una Nueva York del siglo VII.Tan cosmopolita que una cuarta parte de la población de “la ciudad del millónde personas” era originaria de otros países. “Desde tiempos antiguos, siemprenos hemos amado demasiado a nosotros mismos y despreciado a losextranjeros”, declaró Taizong ante sus oficiales. “Pero yo amo a unos y a otros por igual”.Chang’an era el inicio de la ruta de la seda, la conexión entre Oriente yOccidente, y todo el mundo quería estar allí. “Desde cada país de Asia, tanlejos como Siria, llegaba gente”, me dijo Vera Zhang, una guía de turistas conseriedad de historiadora. “Todos en busca de algo: los embajadores, dealianzas; los mercaderes, de fortuna; los misioneros, de conversos; losaventureros, de fama. Muchos se marchaban con historias de la sofisticación yla opulencia de Chang’an. Pero otros eran bienvenidos al servicio delemperador, que premiaba la aptitud y la lealtad. Cuando la corte sesionaba,todos los funcionarios vestían sus trajes nacionales”.Ese brillante periodo de apertura fue una excepción, no obstante. Los han, laetnia dominante que construyó China, son un pueblo dado a extender susmurallas, cerrar las puertas e imponer su homogeneidad sobre todo lo quequedó dentro. Desde mi punto de vista, es claro que el sentimiento desuperioridad con el que justifican su desprecio hacia lo extranjero en realidadrevela su temor, se sienten inseguros. A pesar de que la historia ha demostradoque abrirse al mundo les trae grandeza, y además que cuando las cosas hansalido mal, los extranjeros han saltado las murallas y los han conquistado(como hicieron los mongoles y los manchúes), la sólida y profunda culturachina ha terminado por asimilarlos e imponerse, enriquecida además por elaporte de los invasores.Shanghai es el ejemplo más dramático de este fenómeno repetido. Conocidadurante siglo y medio como “la ramera del Oriente”, es una ciudad fundada por británicos, japoneses, franceses y estadounidenses como una brutal
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