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0811 Ciudades a Pie

0811 Ciudades a Pie

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06/16/2009

 
Témoris Grecko
COLUMNA “FRONTERAS ABIERTAS”NATIONAL GEOGRAPHIC TRAVELER Edición de noviembre de 2008www.temoris.orgVIAJAR EN CÁMARA LENTA
¿Estuviste allí o lo soñaste? El viaje lento nos brinda las experiencias que nosniega el turismo relámpago.
La plaza Durbar no es sólo el centro religios y turístico de Katmandú, lacapital de Nepal, sino también el de su vida social: en los macizos y grandesescalones rojos que sirven de base piramidal a sus numerosos templos, lagente se acomoda para conversar o simplemente a ver a los demás. Ahítambién trabajan los cazaturistas, capaces de formular cualquier historia paravenderte algo. Varios de ellos se sentaron conmigo, divertidos porque yo yahabía escuchado suficientes inventos como para poder predecir lo que me ibana contar. Nos carcajéabamos, pero insistían. Hasta que llegaron oportunidadesmás sencillas de aprovechar: un rebaño de extranjeros pastoreado por un guía.Sólo uno de mis interlocutores se quedó conmigo, Tshering, un hijo derefugiados tibetanos, seguro de que tarde o temprano me podría convencer.“¡Mexicano!”, escuché. Del grupo se había desprendido un hombre alto deaspecto nórdico, con una gran sonrisa. Se acercó a mí a grandes zancadas y yoabrí los brazos instintivamente. Reflejo cultural. Pero él se detuvo de súbito, amás de un metro de distancia. Me quedé con el pecho descubierto y expresióndesconcertada, pero resolví abrazarme a mí mismo como si tuviera frío. Erainvierno en las montañas, junto a los Himalaya, así que el movimiento no sevio tan fuera de lugar. Espero. Sólo entonces lo reconocí: era Berndt, ungerente de un gran restaurante en Nueva York. Me acordé de él porque cuandolo conocí, en la ciudad tanzana de Arusha, cruzó el comedor del campamentovestido como Yves Saint Laurent hubiera diseñado a un explorador del África.Sólo le faltaban las etiquetas. Más tarde, cuando con mis amigos Mac y Lauraregresábamos cubiertos de polvo a las partes mejor conocidas del Serengeti,tras haber estado perdidos, lo vimos pasar con su chica en una especie de papamóvil de la jungla: ambos se sentaban en altos bancos acojinados, dentrode una estructura transparente con interior climatizado, montada en la parte
 
trasera de una camioneta que conducía un guía nativo y destinada a brindarlesuna sensación de auténtico safari sin perder confort.Él se acordó de mí porque en realidad no tiene tiempo de conocer mucha genteen sus viajes. Haa “hecho”, como dea, Etioa, Kenia, Tanzania ySudáfrica en tres semanas. Ahora, dijo, había “hecho” India y Nepal, y desdeKatmandú volaría a Bangkok para “hacer” Tailandia, Camboya y Vietnam.“Tengo que estar de regreso en Nueva York en diez días”. A mí, tres meses enIndia me habían permitido ver, sólo por encima, apenas una fracción de lostesoros de ese país. “¿Vas un poco lento, ¿no?”, bromeó, “¡apresúrate!,necesito que estés en México cuando yo vaya en el verano”. ¿Pensaba pasar mucho tiempo allí? “No mucho. Como no puedo volar directamente a Cuba,tengo que hacer escala en Ciudad de México y ya de paso voy a hacer Yucatán, Guatemala y Belice”.Las botas de Berndt no deben haberse gastado nada en los pavimentosirregulares de Katmandú. Del aeropuerto al autobús, de ahí al hotel, paseos yescasos minutos en tierra. Cero control de su recorrido. Nada de ir por allí aver mejor lo que le interesó, no existe eso de explorar y perderse por purogusto. Nada de ingeniárselas para buscar dónde comer, cómo pedir, de quéforma combinar los platos. No ha tenido que estudiar una ruta por sí mismo,decidir qué transporte usar, averiguar dónde se encuentra la estación ni hallar la manera de explicarle a la vendedora qué destino, horario y clase desea. Leha faltado la gran interaccn cultural que todo esto deja, el placer deentenderse a base de sonrisas con quienes uno está visitando.En su novela corta “Lo recordamos por usted al mayoreo” (“We can remember it for you wholesale”, llevada al cine por Paul Verhoeven con el título “Totalrecall”), Phillip K. Dick describe a un hombre del futuro que, como no puede pagarse unas vacaciones en Marte, acude a una compía dedicada a“implantar recuerdos” en la memoria de la gente: sus anuncios presentan amuchos clientes contentísimos por las aventuras que nunca tuvieron. Ennuestra época, la gente todavía tiene que ir a los lugares, pero apenas puededecir que
estuvo
allí, y los viajes terminan tristemente convertidos en unarápida sucesión de imágenes bidimensionales.El turismo relámpago que está en plena expansión en nuestros días es unenemigo del viaje. ¿Cómo puede uno decir que conoce que “hizo”, diría
 Berndt un país con cuya gente no habló, en donde sólo comió hamburguesas
 y en el que otros le resolvieron cada pequeño problema? Ver no es suficiente

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