Los Casamenteros (La invitación II)Jude Deveraux
—¡Son mujeres! CEM lo supo y le pidió a tu padre que pasara dos semanas comoguía de cuatro reacias mujeres de Nueva York en una cabalgata deportiva. ¡Te imaginas! Oh,Kane, no puedes.Kane se echó a reír. —Mamá, nunca vas a ganar un Oscar, de modo que termínala de una vez. Quieresque yo, tu hijo viudo, tu pobre y solitario hijo viudo, pase dos semanas con cuatro jóvenessolteras y tal vez encuentre una madre para sus hijos. —En resumen sí —admitió Pat, irritada—. ¿Cómo esperas conocer a alguien si te pasas todo el tiempo trabajando? Esas cuatro mujeres viven en Nueva York, donde tanto túcomo Mike han elegido vivir y...A través de la línea telefónica sisearon mudos reproches porque Kane y su hermanohabían abandonado la casa paterna y habían arrancado a los nietos pequeños del lado de susabuelos, —La respuesta es un rotundo no —dijo Kane—. ¡No! Y eso es todo, mamá. Puedoencontrar a mis propias mujeres sin que tú actúes como casamentera, —Está bien —dijo Pat con un suspiro—, Vete a atender tus teléfonos,Sin decir nada más, colgó. Por un momento, Kane contempló el teléfono con lascejas fruncidas, Debería mandarle flores y tal vez una alhaja. Aun mientras lo pensaba, sabíaque las flores y las joyas eran pobres reemplazantes de los nietos. No llegó a su casa hasta las ocho de esa noche y ya su cuñada Samantha habíaarropado a los chicos en sus camas. Su hermano Mike estaba en el gimnasio, de modo queSam se hallaba sola; después de besar a sus hijos dormidos, Kane se encontró con ella en lasala. Tenía un enorme embarazo; su mano no abandonaba la parte inferior de su espaldamientras ella deambulaba por la casa encargándose de dos hombres y dos niños activos decinco años, Kane tenía su propio departamento en Nueva York, un lugar desprovisto detodo, lleno en su mayor parte de juguetes infantiles, y también tenía un lugar en la casa desus padres, en Colorado, pero después de que su hermano le hubo presentado a Samantha,Kane y sus hijos se habían ido mudando gradualmente a la casa de Mike en la ciudad. Esohabía sido provocado por Samantha, pensaba Kane. Sam deseaba una familia y si eso era loque Sam quería, entonces Mike iba a dárselo.Sin preguntar, Sam le trajo a Kane una cerveza en un jarro enfriado. Él le había dichomiles de veces que no debía encargarse de atenderlo, pero Sam tenía la cabeza muy dura.Dejó a un lado la cerveza, se puso de pie y la ayudó a instalarse en una de las sillas de cuerode Mike. No estaba pesada, pero resultaba tan manejable como un dirigible. —Gracias —dijo ella luego hizo un gesto hacia la cerveza—. Anulo el objetivo deatenderte si debes levantarte para ayudarme ¿no es cierto?Sonriéndole, él se sentó y tomó la mitad de la cerveza de un solo sorbo. A vecesdeseaba tanto lo que poseía su hermano que era como si una llama amenazara con quemarlo.Deseaba una esposa que lo amara a él ya sus hijos, deseaba una casa propia, deseaba dejar de vivir indirectamente a través de su hermano. —Vamos, cuéntame todo. —¿Que te cuente qué? —Ni tú ni Mike pueden disimular. ¿Qué te preocupa? —Tú, quería decir él. El querer a mi cuñada y comenzar a odiar a mi hermano. —Kane —dijo Sam—, deja de mirarme así y háblame. Dime qué te preocupa. No podía decirle la verdad, de modo que le contó lo de la llamada de la madre. —¿Qué vas a hacer? —quiso saber Sam.3
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