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Elecciones en Galicia y Euskadi. Conflictos sociales y territoriales en España

Elecciones en Galicia y Euskadi. Conflictos sociales y territoriales en España

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Elecciones en Galicia y Euskadi. Conflictos sociales y territorialesen España.
Jesús Sánchez Rodríguez
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23/10/2012Inexorablemente, hasta ahora, los efectos de la crisis vienen produciendo dos consecuenciassociales y políticas: la generación de movilizaciones y protestas sociales contra las durasmedidas antisociales implementadas por los gobiernos, y las derrotas de los gobiernos que sesometen a las urnas, sean liberales, conservadores o socialdemócratas.La intensidad de las protestas sociales está relacionada con la dureza de las medidas contra lasclases populares y la trayectoria de las organizaciones sociales de cada país. Las derrotasgubernamentales, normalmente suponen la alternancia entre los principales partidos delsistema, liberal-conservadores y socialdemócratas, pero también ha dado lugar a la aparición ocrecimiento de opciones políticas que desde la derecha o la izquierda no están integradas en elsistema o le están de manera imperfecta.El ejemplo más visible y paradigmático de esta situación ha sido Grecia, por las movilizacionesmás intensas en Europa; por la alternancia política en una primera etapa y su agotamientoposterior, dando paso a un gobierno de unidad nacional entre conservadores ysocialdemócratas; y por el crecimiento de las opciones políticas al margen des stablishment, ala izquierda Syriza, y en la extrema derecha Amanecer Dorado.Grecia sigue siendo el laboratorio más avanzado, política y socialmente, del desarrollo de lacrisis en Europa. La siguen Portugal y España.En España, las políticas antisociales las inició el anterior gobierno socialista, cuando en mayode 2010 Bruselas le dio un ultimátum para girar en su política socio-económica, y Zapatero serindió al diktat europeo. En el año y medio de gobierno que siguió al giro de mayo, el gobiernodel PSOE puso en marcha una batería de medidas antipopulares con una contestación socialmoderada, pues incluyó una huelga general (contra la primera reforma laboral) y un acuerdocon los sindicatos (para el alargamiento de la edad de jubilación). Al final de su mandato seencontró, sin embargo, con la espectacular puesta en escena del movimiento de losindignados, con unas protestas que sirvieron de ejemplo en otras partes del mundo.Sin embargo, ya en esos momentos el impacto político de estas protestas fue paradójico y lamayoría de los analistas en la izquierda prefirieron pasar de puntillas sobre ello, dejándosellevar por la impresión de las movilizaciones. En efecto, su eclosión, en mayo de 2011, fueseguida inmediatamente por una victoria arrolladora del conservador Partido Popular en laselecciones municipales y autonómicas. Las protestas y el malestar fueron endosados algobierno socialista, que cinco meses más tarde sucumbió a la nueva victoria con mayoría
 
2absoluta de partido de Rajoy en las elecciones nacionales. IU empezaba un moderadocrecimiento que no compensaba la debacle socialdemócrata.Con el nuevo gobierno del Partido Popular comienza una cascada continua de recortes ymedidas antisociales que alcanzan a la gran mayoría de las clases populares con distintaintensidad. Dichas medidas son contestadas con una movilización sin tregua de todos lossectores afectados, incluida una huelga general. Las movilizaciones en la calle se suceden sinpausa, con diferente intensidad y participación. Con fuerza en los días inmediatamenteposteriores a la implementación de algunas de las medidas, con menor participación en elintervalo entre medidas.Pero todo el mundo es consciente que las movilizaciones por sí mismas no van a modificar lavoluntad del gobierno conservador, el objetivo de las protestas es, a corto plazo, mantener elespíritu contestatario de las clases populares, intentar limitar las consecuencias de lassiguientes medidas pero, sobre todo, a medio plazo, contribuir a un cambio del ciclo político,derrotando en sucesivas elecciones al PP para dar paso a un gobierno con un programadiferente.A los pocos meses de su victoria nacional, y con las primeras y duras medidas antisociales,tienen lugar las dos primeras elecciones regionales en Andalucía y Asturias. El PP sufre susprimeras derrotas, sin ser importantes. Se trata de dos regiones tradicionalmente deizquierdas, especialmente Andalucía y, como se verá posteriormente, sus resultados no eranextrapolables directamente a otras regiones y elecciones.En estos diez meses de gobierno popular también se añaden otros dos elementos de granimportancia para el desarrollo posterior de la crisis. En el plano económico, el gobierno acudea pedir un primer rescate para el sector financiero, debido a su gravísima situación, derivadasobretodo de la especulación y la burbuja inmobiliaria. Las largas y duras negociaciones no sonfavorables a las tesis del gobierno español, que pretendía una recapitalización bancaria directapor los fondos europeos, la posición alemana finalmente se impone con una contabilizacióncomo deuda pública de las ayudas a la banca. Su impacto aún no se ha trasladado en forma delos recortes sociales, aunque es seguro que lo hará. Pero, agravando la situación, España seráel primer país en solicitar un segundo rescate, esta vez dirigido a salvar la deuda pública,duramente castigada por la especulación de los mercados. Nuevamente el PP ha buscadoretrasar al máximo la decisión, para realizar antes las elecciones vascas y gallegas, e intentarconseguir unas condiciones más favorables en plazos y exigencias. La prácticamente segurasituación de país doblemente rescatado llevará a nuevas oleadas de medidas antipopulares ydegradación económica, social y política.El segundo elemento es la fuerte reactivación del contencioso territorial español, de maneraque al conflicto social se añade ahora el conflicto nacional con una tendencia a sobreponersesobre el primero. Este protagonismo se hace patente en dos niveles, en el de lasmovilizaciones, cuando la manifestación independentista de la diada de Cataluña enseptiembre sobrepasa ampliamente a las movilizaciones sociales en curso en capacidad deconvocatoria. Pero, y especialmente, en el nivel electoral. Las recientes elecciones en Euskadihan polarizado el enfrentamiento entre las opciones nacionalistas vascas y las españolistas,con amplia victoria de las primeras. Pero también se ha dejado sentir la misma tendencia en
 
3Galicia, donde, a pesar de la victoria mayoritaria del PP, se ha producido un claro ascenso delnacionalismo, también dividido. Por último, las elecciones en Cataluña en noviembrerevalidarán con seguridad la puesta en primer plano de este conflicto con una previsiblevictoria mayoritaria del nacionalismo catalán.Si las elecciones en Euskadi han servido para medir la importancia del conflicto territorial,demostrando su intensidad, las elecciones gallegas debían medir el desgaste del PP, es decir,sin olvidar el componente nacionalista, debían medir si el conflicto social en curso impulsabaun cambio de ciclo político, y el resultado no parece apuntar en esa dirección.Pero, de la misma manera que el resultado de las elecciones andaluzas no era extrapolable alresto de España, tampoco lo son los resultados de Galicia. El peso histórico de la izquierda enla primera y de la derecha en la segunda contrarresta los otros efectos, al menos, a cortoplazo.Y aún hay otros elementos a tener en cuenta para poder analizar la complejidad de la situaciónespañola. El primero es la profunda crisis de la socialdemocracia, producto a la vez de supolítica en la última etapa del gobierno Zapatero, de su falta de autocrítica, de la continuidaddel equipo dirigente y de la ausencia de una alternativa frente a las políticas del PP. Lapercepción de estos aspectos hace que prosiga su derrumbe, ahora en Euskadi y Galicia, casiun año después de la grave derrota en las elecciones nacionales.El segundo es la debilidad de IU, pese a sus moderados avances electorales, IU sigue corroídapor sus problemas internos, como es el caso de Extremadura; se ve obligada a realizar unapolítica de alianzas variables (pacto de gobierno con el PSOE andaluz, alianza con elnacionalismo de izquierdas en Galicia); y su implantación territorial es muy desigual (totalmarginalidad, por ejemplo, en Euskadi). Su ventaja es que, al menos en España, no seproducen divisiones en la izquierda tan profundas como en Grecia (Syriza y el KKE) o Portugal(PCP y Bloque de Izquierdas).El tercero es la capacidad del movimiento de protesta para mantener su rebelión continuada ypara conseguir resultados palpables. Hemos señalado dos aspectos del estas protestas, sucontinuidad casi sin interrupción y la discontinuidad en su intensidad. En el momento deescribir este artículo, dicho movimiento se encuentra en un momento de debilidad, pues si lasmovilizaciones son continuas, su participación ha decaído, y está a la espera de lo que ocurraen la huelga general convocada para el 14 de noviembre. Pero, su futuro a medio plazodependerá de que haya una alternativa política que transforme las protestas en programaelectoral y se convierta en alternativa de poder. El ejemplo principal de una situación adversaa las movilizaciones populares no es el resultado de las elecciones gallegas actuales, sino losresultados de las elecciones catalanas, que también son un contraejemplo de la tendenciaindicada más arriba de la derrota de los gobiernos en las elecciones. A pesar de una fuertemovilización en Cataluña, sin embargo, primero CIU ganó las elecciones regionales ennoviembre de 2010, arrebatando la Generalitat al gobierno tripartito de carácter progresista y,tras poner en marcha un programa de medidas antisociales - tan agresivas o más que las del PPposteriormente en el conjunto de España - volvió a ser el partido más votado en las eleccionesmunicipales de mayo de 2011, en las generales de noviembre de 2011 y todo apunta a unavictoria más espectacular en las elecciones regionales de noviembre 2012.

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