el cuidado del dios, y otras tantas llagas en la tierra se marcan.De las cuales la que en medio está no es habitable por el calor.
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Nieve cubre, alta, a dos; otras tantas entre ambas colocóy templanza les dio, mezclada con el frío la llama.Domina sobre ellas el aire, el cual, en cuanto es, que el peso de la tierra,su peso, que el del agua, más ligero, en tanto es más pesado que el fuego. Allí también las nieblas, allí aposentarse las nubes
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ordenó, y los que habrían de conmover, los truenos, las humanas mentes,y con los rayos, hacedores de relámpagos, los vientos. A ellos también no por todas partes el artífice del mundo que tuvieranel aire les permitió. Apenas ahora se les puede impedir a ellos,cuando cada uno gobierna sus soplos por diverso trecho,
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que destrocen el cosmos: tan grande es la discordia de los hermanos.El Euro a la Aurora y a los nabateos reinos se retiró,y a Persia, y a las cimas sometidas a los rayos matutinos.El Anochecer y los litorales que con el caduco sol se templan,próximos están al Céfiro; Escitia y los Siete Triones
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horrendo los invadió el Bóreas. La contraria tierracon nubes asiduas y lluvia la humedece el Austro.De ello encima impuso, fluido y de gravedad carente,el éter, y que nada de la terrena hez tiene. Apenas así con lindes había cercado todo ciertas,
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cuando, las que presa mucho tiempo habían sido de una calina ciega,las estrellas empezaron a hervir por todo el cielo,y para que región no hubiera ninguna de sus vivientes huérfana,los astros poseen el celeste suelo, y con ellos las formas de los dioses;cedieron para ser habitadas a los nítidos peces las ondas,
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la tierra a las fieras acogió, a los voladores el agitable aire.Más santo que ellos un viviente, y de una mente alta más capaz,faltaba todavía, y que dominar en los demás pudiera:nacido el hombre fue, sea que a él con divina simiente lo hizoaquel artesano de las cosas, de un mundo mejor el origen,
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