La institucionalización de los estudios de la comunicaciónHistorias de los
Cultural studies Armand Mattelart/Erik Neveu
Después de analizar su historia desde sus orígenes en los años sesenta, se notaque urge plantear una interrogante epistemológica acerca del lugar ocupado por losCultural studies en el mapa de las ciencias sociales y qué nuevas alianzasinterdisciplinarias son necesarias.
Si se bebiese en el "océano de relatos" mencionado por Rushdie (1990), existiríanmuchas formas de restablecer la historia de los
Cultural studies
británicos. Al estilode una
Success story
que estuviese a la altura de las mitologías empresariales delos años ochenta: cómo artesanos de la investigación relacionados entre sí a finalesde los años cincuenta logran, al cabo de diez años, crear una PYME (Pequeña yMediana Empresa) en la Universidad de Birmingham, y cómo, transcurrido uncuarto de siglo, ésta se convierte en una multinacional académica. El modelonarrativo también podría ser más ácido, más político, y adoptar la forma de unasuerte de
Bildungsroman
académico, que describiese la deriva de un grupo de
angry young men
que estaban comprometidos con el marxismo en la década de lossesenta, cuando tenían veinte años, pero que, un cuarto de siglo más tarde, sehallaban convertidos en su mayoría en los campeones consagrados de unadisciplina amansada, en personajes como los de David Lodge que se pasan la vidaen los coloquios, en este equivalente académico del circuito ATP (Asociación deTenistas Profesionales) que son los
happenings
universitarios celebrados alrededorde los
Cultural studies.
¿No inventó el
Wall Street Journal
la noción de "Yummies"(
Young upwardly mobile marxists
) para criticar a los lectores de
Marxism Today?
Asimismo, cabría la posibilidad de que el relato se plegara al modelo de las grandessagas familiares que trazan la historia de varias generaciones y cuentan el destinode una diáspora de personajes. ¿No está exiliada hoy en todos los confines delmundo anglófono la mayor parte de los jóvenes investigadores de la primerageneración y, quizás, incluso de la segunda? Dick Hebdige, que reside en LosÁngeles; Ien Ang, en Australia, e Iain Chambers, en Italia, constituyen lo que Kuan-Hsing Chen calificó de red de
diasporic intellectuals.
La opción narrativa podríatambién tornarse sombría, o caer en la irrisión, y evocar, una vez desaparecidos lospadres fundadores, episodios en los que los herederos –y, como llegó a sugerirloAntonia Byatt (1990), las herencias intelectuales no son las que garantizan lasconductas más desinteresadas– compiten por el título de continuador auténtico dela gran tradición de los
Cultural studies,
valiéndose de glosas, de filiacionesreivindicadas o del recuerdo de su antigua presencia en Birmingham, ascendido alequivalente funcional del "Yo estaba presente" de los veteranos de Austerlitz (o,más bien, de Waterloo).Estamos obligados a reconocer el carácter más austero del modelo narrativoescogido aquí, ya que adoptará la forma de un balance crítico. Lo impone lasituación, que, a la vez, incita a la prudencia. El trabajo científico acumulado a lolargo de casi cuarenta años de actividad y su resonancia en la comunidadacadémica internacional constituyen datos importantes en el panorama de lasciencias sociales. Basta para demostrarlo con mencionar los nombres de RichardHoggart, Edward P. Thompson, Raymond Williams, Stuart Hall, Dick Hebdige, DavidMorley, Terry Eagleton y, más recientemente, Ien Ang. Por lo demás, el objetivo deun balance crítico queda más al alcance, por la verdadera oleada de síntesis,
readers
y miradas retrospectivas que produce actualmente la edición científicaanglosajona (Brantlinger, 1990; During, 1993; Chaney, 1994; Davies, 1995). Pero
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