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Posteconomía, de Antonio Baños

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¿QUÉ ES LA POSTECONOMÍA?“The party is over”Nancy PelosiPresidenta del Congreso Norteamericano29 de septiembre del 2008
 
En una rigurosa descripción del término, podría afirmar, casi sin temor aequivocarme, que post economía es lo que viene después de la economía.Hasta ahí estaríamos de acuerdo. Pero ¿Porque es necesario acuñar unapalabra para designar estos tiempos en los que precisamente, la economíade toda la vida, inunda toda nuestra experiencia vital? Es cierto. Pero ellibro necesitaba un título y, después de un profundo trabajo deinvestigación mirando el Google, descubrí que éste término no estaba muypillado. Así que la posibilidad de poner una palabra relativamente nuevaen el título y llamar con ello la atención de ustedes, vendría a ser el motivofundamental del acuñamiento del término.Aunque está también el hecho que intentaré justificar (demostrar seríademasiado vanidoso) de que la economía clásica ya ha sufrido unamutación irremediable que la ha desnaturalizado hasta tal punto, queprecisa una nueva categoría. Por su cambio de métodos, reactores y deobjetivos, la economía ya no hace honor a su nombre.
 
Así pues, la posteconomía es una forma de dominio basada en el miedo yla deuda, que genera una obediencia servil a un nuevo estamento señorialque rige por encima de la geografía, el estado y la ley. Es un poderescolástico. Es postcientífica y no racionalista. Funciona por exaltación eimitación. No tiene discurso, se explica con símbolos y gestos. Recupera laanalogía y la semejanza. El pathos de la posteconomía no es el progresosino la notoriedad, el arjé, el principio de fama que movió a Aquiles hastaTroya.La Post es la economía que ya no se lo cree. Cuando se deja de lado todaintención científica, toda esperanza de bienestar, toda función instrumentaly la economía deviene directamente en una doctrina, en una teología,cuando se transforma en un complejo tabú
 
Si lo económico fuese como la Iglesia, la diferencia entre economía yposteconomía es la que hay entre San Francisco de Asís y Alejandro VI, elpapa Borgia. Entre los guisantes de Mendel y el Papa Inocencio II, aquelque proclamó la primera cruzada al grito de” Dios lo quiere!”.Postulaba el monje Juan Escoto Erígena, en el cachondo y desmadradosigo IX, que Dios se explica a sí mismo en la multiplicidad de la physis.Lo que él
 
llamaba “deus explicitus”. De la misma manera, la naturaleza,su caos diverso, es la manera que tiene lo posteconómico de manifestarse.Ya no se trata del dios padre de Moisés, arbitrista y fisiócrata. Ni el diosrelojero de Newton que alumbró con su mecanicismo y causalidad laeconomía y el capitalismo. Nuestro nuevo dios se explica con las leyes dela biología. Vamos pues hacia una especie de panteísmo en lo económico.Y si no me creen, escuchemos a Paul Krugman en La organizaciónespontánea de la economía: “Toda economía dinámica compleja presentala estructura que en teoría de la evolución se conoce como equilibriopuntuado, esto es, largos periodos de inactividad seguidos de cortosperiodos de cambios precipitados...” Calmas y tormentas en una sucesióncaótica, impredecible e ingobernable. La posteconomía volvería a invocarla fuerzas naturales con la única intención de aplacarlas, no ya desometerlas a su imperio.
 
En la economía mandaba el ciclo, en posteconomía la crisis. La economíaera un río, la posteconomía un remolino, un Maëlstrom.
 
La crisis, laburbuja ya no son
 
periodos de purga entre nuevos ciclos productivosshumpeterianos, La crisis es el arma, la catapulta con la que la econocraciaasalta los viejos estados y las empresas. La crisis es una forma de guerra.Es la versión financiera de la razzia, de la correría medieval. Dar el harb, lacasa de la guerra. Mordor, todos contra todos. Peste alta.En la posteconomía el feudo no está en la tierra, en el espacio. Se sitúa enel tiempo. Las luchas señoriales ya no se libran por el dominio de la tierrasino de la deuda. Y la deuda no es más que tiempo enfeudado, tiempo queya no nos pertenece. Al endeudarnos, accedemos a nuestro futuro y se locedemos al nuevo señor deudal. Por otra parte, las complejísimas,relaciones clientelares devienen vasallajes. La hipoteca, el terrorsecuritario, el temor a la epidemia y al extranjero fijan a la gente a unterritorio y a un amo. Desde el punto de vista intelectual y de la academia,
 
el acatamiento a lo real ha sustituido a la interpelación y la indagación. Ladependencia de fondos, el miedo a la discrepancia y el consenso comomedio conciliar de establecer la verdad, hacen que el pensador devenga enuna suerte de oratores, clero dogmático cuya función es sostener y justificar el régimen señorial. Queda así descrito el concepto. Pasemospues, a destriparlo y, a ser posible, descabezarlo.ENTRE TODOS LA MATARON Y ELLA SOLA SE MURIÓPregunta: ¿De dónde proceden las ideas económicas?Respuesta de Paul Krugman: De los eco-nomistas, por supuesto.Entrevista en la Revista Venezolanade Análisis de Coyuntura, vol. 13, n.o 2, Caracas, diciembre de 2007En el año 2000 los estudiantes de economía de la Sorbo- na, como buenosuniversitarios y mejores franceses, es- cribieron un manifiesto. En élalzaban la voz sobre el pe- ligro de que la licenciatura en económicas seconvirtiese en una mezcla de astrología y sudokus: un conjunto de reglasde previsión basadas en modelos matemáticos muy aparentes pero nadaajustados a la realidad, es decir, puros pasatiempos numéricos. Laeconomía, argumentaron, es una ciencia social porque se ocupa de lasnecesidades y los anhelos de las personas y comunidades. Sin embargo,parece que sólo estuviera interesada en la producción y comercio demercancías. Por eso llamaron a su manifiesto «Economía postautista». Erauna fantástica definición de la principal patología que sufre dicha ciencia.Una in- capacidad patológica (e ideológica) para dialogar con el resto delsaber humano.El manifiesto postautista quizá fue el más sonado y glamuroso (es lo quetiene la Sorbona), pero, dieciocho años antes, en plena euforia neoliberal,la American Eco- nomic Association organizó una comisión para evaluarlos programas de las licenciaturas en economía. Las con- clusiones, de unafranqueza incuestionable, fueron publi- cadas en el Journal of EconomicLiterature en 1991. Allí pue- de leerse que la comisión temía que: «Losprogramas de licenciatura dieran lugar a una generación con demasia- dos“tontos sabios”, hábiles en técnicas pero inocentes cuando se tratara deasuntos económicos reales». En ese informe, sin embargo, no se exploranlas causas de esa docta ignorancia, ni se desvía la culpa hacia dogmas

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