I CONFERENCIA10 de octubre de 1915En base a nuestras recientes reflexiones, ustedes se van a dar cuenta de que la concepciónmaterialista del mundo que reina en la actualidad, no es resultado de algún capricho humano, sino,en cierto modo, de una necesidad histórica.Quien conoce el desarrollo de la humanidad en cuanto a sus asuntos espirituales, sabe que los siglosy milenios pasados se distinguían por una participación de la humanidad en la vida espiritual, mayorque la de los últimos cuatro o cinco siglos. Ya sabemos con qué fenómeno general coincide esto,sabemos que en las primeras etapas del desarrollo terrestre, la humanidad poseía la herencia de laantigua clarividencia lunar. También podemos imaginar que, en aquellos primeros tiempos, esaclarividencia fue muy importante, muy activa, de modo que, en aquel entonces, los hombres podíanabarcar muchísimo con su mirada espiritual. Luego, esa antigua clarividencia fue disminuyendo;llegaron los tiempos en que, para la gran mayoría de la humanidad, desapareció la capacidad depenetrar con la mirada en el mundo espiritual, y llegó el tiempo en que, diríamos como sustituto dela gerencia perdida. El “Misterio del Gólgota” entró a llenar su papel para el desarrollo del almahumana. Con todo, quedaba todavía cierto resto de las antiguas capacidades anímicas, resto quepalpita en lo que fue ciencia natural hasta el siglo XIV, XV, e incluso hasta el siglo XVI y XVII. Laciencia natural de esos siglos fue algo completamente distinto de la actual; todavía podía contar, sibien no con una lúcida imaginación clarividente, con los remanentes de las antiguas inspiraciones eintuiciones que entonces eran objeto del empeño de los llamados alquimistas. El alquimista de esossiglos
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si era honrado y no trabajaba para su provecho personal
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todavía trabajaba, en cierto modo,con las viejas inspiraciones e intuiciones; en sus manipulaciones externas obraban, sin que tuvieramucha conciencia de ello, los restos de la antigua clarividencia. Mas iba en continuo descenso elnúmero de las personas que tenían tales remanentes de clarividencia. Ya he indicado varias vecesque, hoy día, esos restos pueden sacarse a la luz con mucha facilidad del alma humana, en laclarividencia atávica visionaria. Hemos descrito, desde muchos aspectos, cómo esa clarividenciaatávica
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visionaria puede presentarse en la época actual.Mientras más avanza el desarrollo humano hacia nuestros tiempos, disminuyen los antiguos poderesanímicos, a la par que va en aumento las inclinaciones del alma que se orientan más bien a laobservación del mundo exterior sensible. Eso fue preparándose lentamente y alcanzó su culminaciónprecisamente a mediados del siglo XIX. Esto no es muy evidente que digamos, para nuestroscontemporáneos poco acostumbrados a ocuparse de esas cosas; mas para los hombres del futuro seráobvio que, en lo que toca a las inclinaciones materialistas, hubo un apogeo en la segunda mitad, yespecialmente a mediados del siglo XIX. Fue entonces cuando se desarrollaron las más frecuentesinclinaciones materialistas. Pero cada inclinación tiene, a la vez, la consecuencia de que sedesarrollen ciertos talentos: lo grandiosos que se ha desarrollado en el método cinético materialista,se debe precisamente al surgimiento de las inclinaciones de apego al mundo exterior sensible.Pero eso que acabamos de señalar como momento o trance evolutivo de la humanidad, hemos deimaginárnoslo acompañado de otro fenómeno. Si echan una mirada retrospectiva a los primerostiempos del desarrollo espiritual de la humanidad, notarán que, en cuanto a sus conocimientosespirituales, los hombres de aquellos tiempos se encontraban en una situación relativamenteafortunada: casi todos tenían conocimiento del mundo espiritual por visión directa. Así como loshombres de hoy tienen percepciones de los minerales, plantas y animales, y saben de sonidos ycolores, del mismo modo los de antaño sabían del mundo espiritual. Ese saber fue muy concreto, demodo que, propiamente, no hubo ninguno quien, durante el tiempo en que la conciencia de vigilia sehallaba reducida a una condición de sueño u onírica, no hubiera tenido conexión con los muertosque, en vida, le habían sido cercanos; así, durante la vigilia, se podía tener trato con los vivos, ydurante el sueño o los sueños, con los muertos. En aquellos albores de la humanidad, hubiera sidosuperflua una doctrina sobre la inmortalidad del alma, lo mismo que hoy sería superfluo demostrar3