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Para entonces, uno de los
think tank
más lentos que existen en el mundo, elDepartamento de Estado de los Estados Unidos, se había convencido de queuna Rhodesia puramente blanca era ya imposible (por qué no se habíaconvencido aún de que una Sudáfrica totalmente blanca era tambiénimposible, es algo que, que yo sepa, el señor Kissinger no nos ha explicado).Fue, en todo caso, un intento de los americanos por conseguir que Rhodesiano se radicalizase como Angola, donde la palabra de moda, por entonces,era ya marxismo-leninismo. Los EEUU trataron de que Smith tragara con lapuñetera regla de mayoría, a lo que Smith respondió tratando de llegar a unacuerdo con el nacionalista negro más moderado, el obispo Abel Muzorewa.En 1979, Muzorewa «ganó» las elecciones al gobierno que debía sustituir ala retirada de los blancos (mayo de ese mismo año); pero para entonces elpaís estaba en guerra y, aunque la Zapu no le hizo ascos a participar en él,el Zanu, ya totalmente en la órbita de Mugabe, dijo aquello de
patadón p’alante y si hay que dar hostias, se dan
. Sin embargo, una vez más obraronel milagro los vecinos. Samora Machel, que en Mozambique alimentaba a laZanu de armas y bases, le dijo a Mugabe que si no firmaba se podía irolvidando de que fuesen amiguitos. Así pues, firmó.Aquello comenzó la segunda fase de la tragedia de Zimbabwe: los problemasentre negros.Una vez que se hicieron con el poder, debieron convocar elecciones para verquién mandaba. Según los testimonios, ya esa primera consulta estuvomanipulada por el terror y las amenazas, realizadas por todos los partidos,pero muy particularmente la Zanu de Mugabe. En todo caso, la Zanu ganólas elecciones con un 63%, mientras que la Zapu sacaba un 24% y el obispohacía más o menos el papel de la UCD española en el 82.En abril de 1980, Mugabe se presentó en la televisión y dijo una cosa quesentó muy bien a todo el mundo: «La maldad es la maldad, la cometa unblanco contra un negro o un negro contra un blanco».Y es que la palabra que mejor define la llegada de Mugabe al gobierno esmoderación. Incluso nombró dos ministros blancos. Llegó al paroxismo demantener a un jefe de seguridad nacional, blanco, a pesar de que sabía queuna de sus obligaciones, hasta ayer por la tarde, había sido matarle.También fue especialmente cuidadoso con los 6.000 granjeros blancos quetenían en ese momento casi la mitad del suelo cultivable zimbabwo en susmanos. Sin embargo, desde el principio hizo de la reforma agraria suprincipal seña de identidad política. Puso en marcha un plan para colocar a18.000 familias en una serie de antiguas granjas de blancos que habían sidoabandonadas por éstos durante la guerra. Aceptó, asimismo, un acuerdopolítico por el cual, durante diez años, toda transacción de tierra deberíaestar presidida por el principio de que tanto comprador como vendedor
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