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mismo se llama Katanga, la provincia con mayores posibilidades de negocio.Reacios a perder ese centro de actividad minera del que las empresas belgassacaban tanta pasta, Bruselas impulsó en dicha región el surgimiento de unpartido negro autonomista, partidario de mantener la relación con lametrópoli. Hablamos del Conakat, liderado por Moisés Tsombe.En los siguientes meses, sin embargo, los enfrentamientos violentos semultiplicaron, fundamentalmente impulsados por el MNC y los encendidosdiscursos anticolonialistas de Lumumba. Nuestro mito de hoy era unpersonaje enormemente vehemente, así pues con la misma entrega quehabía colocado las tripas en defender que el Congo debía ser belga, se aplicóa defender exactamente lo contrario. Bélgica, que tenía bien cerca elejemplo de Francia y Argelia, donde el país europeo se había visto implicadoen una guerra en toda regla (que, además, acabaría perdiendo), se acojonóy en enero de 1960 decidió albergar una conferencia a la que asistieron unostreinta partidos políticos congoleños distintos. Todos ellos se plantarondelante de los blancos y, cuando éstos ofrecieron un plan de independenciaen el medio plazo, les contestaron que y una gallina como un perol. Bélgicatuvo que aceptar la idea de que Zaire sería independiente en junio de aquelmismo año.Es de comprender los deseos de las organizaciones negras. Pero no esmenos cierto que sus prisas fueron malas consejeras. En el momento de laindependencia de Zaire, el país tenía 1.400 cuadros en la AdministraciónPública, de los cuales tres, y no es una forma de hablar sino: uno, dos ytres, eran negros. Y, como veremos, sus compañeros blancos se piraron a lanaja.En las elecciones, el MNC ganó 33 escaños de un total de 137, lo cual loconvirtió en el partido más votado. Eso sí, en Katanga y en la provincia de lacapital, de soltera Leopoldville y de casada Kinsasha, a Lumumba no levotaron ni los conductores de la EMT, que como no paran en las paradastienen tiempo de ir a votar diez veces si quieren. Quizá por eso, los belgasllamaron a Vasa-Kubu para formar gobierno. La respuesta de Lumumba fueacopiar una mayoría en el congreso congoleño, de 74 diputados. Lametrópoli no tuvo más remedio que invitarle a ser primer ministro.Finalmente, Lumumba fue primer ministro al frente de un gobiernoacojonante. ¿Os asombra el tripartito catalán? Y, ¿cómo se dirádécimosegundopartito? Porque eran doce,
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, los partidos políticospresentes en el primer gobierno Lumumba, con su rival Vasa-Kubu depresidente no ejecutivo. En su visita a Bruselas, ante el rey Balduino,Lumumba pudo afirmar con orgullo: «hemos dejado de ser vuestrosmonos».Una vez que llegó la independencia, los diferentes conceptos que cada unotenía de la misma afloraron con rapidez. Ya hemos dicho que aunque Zaire
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