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Existe La Peligrosidad Sexual

Existe La Peligrosidad Sexual

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 1
¿EXISTE LA “PELIGROSIDAD SEXUAL ‘
 por Adriana María
Holzwarth
; Fabiana
Tamagnone;
Griselda
Barrionuevo
; Cecilia
Superti
 con la coordinación
1
deJosé I.
Cafferata NoresSumarioI.- Introducción.II. Los proyectos legislativos existentes
a)
 
Registros sobre datos personales b) Registro de datos genéticosc) Proyectos que incorporan la pena de castración al Código Penald) Proyectos sobre tratamiento penitenciario especial para condenados por delitoscontra la integridad sexual
III. Algunas reformas ya sancionadasIV. La opinión de la ciencia medica
a. Síntesis introductoria b.- No hay “retroceso histórico”c.-Algunas consideraciones sobre el diagnóstico
c. 1.-Perspectiva Psicoanálitica:
c.-2.-
 Modelo psiquiátrico-dinámico
d.-Aportes de la neuropsicología para el diagnóstico de personalidades psicopaticasf.-Conclusiones
V.- Consecuencias
1
Los puntos I, III, y V reflejan la opinión de los abogados José I. Cafferata Nores y Cecilia Superti. El punto III, fue desarrollado por la abogada Griselda Barrionuevo. Y el punto IV ha sido elaborado por las peritos psicólogas del Poder Judicial de Córdoba, licenciadas
 
Adriana María Holzwarth y FabianaTamagnone
 
 2
I.- Introducción.
Las presentes reflexiones nacen al calor de
la realidad 
en la que vivimos. Ella evidenciaque se ha instalado entre nosotros (y también en muchas otras latitudes), una discusión anivel publico y con repercusión legislativa, sobre la necesidad de adoptar, respecto deadultos condenados por delitos contra la integridad sexual, especialmente en perjuiciode menores de edad,
nuevos tipos de penas
(vgr. castración
2
), o el
cumplimiento íntegro
 de la pena impuesta (vgr. prohibición absoluta de ejecución de libertad condicional), o
diferentes tratamientos penitenciarios
(vgr, prohibición de los beneficios de la ley deejecución de la pena privativa de libertad; tratamiento médico psicológico especial)
3
, u
obligaciones posteriores
al cumplimiento íntegro de la pena impuesta, a cumplir por loscondenados (vgr, las definidas por los “registros de violadores”
4
; o las iniciativas sobre
2
Y aunque parezca curioso, ,y de dudosa constitucionalidad por afectar el principio de humanidad de la pena, la exigencia de que la pena tenga por finalidad la readaptación social del condenado y por ser contrarios al concepto mismo de “persona”,los legisladores que han presentado este tipo de proyectosextremos, los defienden-incluso por los medios de comunicación- a capa y espada.
3
 Aún cuando deba aclararse que tanto la prohibición de la libertad condicional como de los demás beneficios de la ley 24.660 no pueden constitucionalmente mantenerse después de haberse efectivizado lareadaptación social del condenado, por ser tal el fin y por ende el límite de la pena (art. 5.6 CADH y 10.3PIDCP)
4
Por una razón de honestidad intelectual,
Cafferata Nores
en su condición de coordinador de este trabajoquiere expresar que frente a uno de los Proyectos que fuera fuente de los que serán motivo de análisis(“Registro de autores de delitos sexuales” inserto en el T.P. 99 del 2000 de la H.C.D.N.) expuso - en eseaño- una opinión crítica en los siguientes términos
:
“Destacando inicialmente que la gravedad del  problema que se pretende solucionar con el Proyecto es sumamente atendible y debería suscitar unaactividad “ estatal” especial de control y seguimiento, no puedo compartir el medio que se quiereimplementar a tal fin, que sustituye la desidia estatal en el control por una verdadera pena de infamia,que implica que el control de la autoridad sea desplazado por el control individual. Mis objeciones sonlas siguientes: “La normativa supranacional sobre derechos humanos incorporada a nivel constitucional (art. 75 inc. 22 CN) dispone que no se puede admitir la tortura ni penas "crueles", "inhumanas" o"degradantes" (art. 5 DUDH ). Además, según la normativa supranacional, la pena (entendida como"medida represiva" como "un castigo" por el delito, tiene por fin esencial la reforma y la "readaptación social" del condenado (art. 5.6 CADH; art. 10.3 PIDCP). Pero esta función preventiva de la pena noautoriza procurarse mediante la aplicación de penas infamantes : Nuestra legislación prohíbe penasque privan del honor a la persona ( penas infamantes) señala Núñez, Ricardo, Manual de Derecho Penal,Cba 1999, pag 281. La registración que se propone tiene un indudable sentido infamante, contrario a los fines de readaptación social que el orden constitucional le asigna. El registro que se propone tiene unindisimulable sabor a “ derecho penal de autor” , sistema abolido por nuestro orden jurídico, contrarioa todas las normas legales y expresiones científicas citadas precedentemente: en la Argentina se pena por lo que se hizo o se dejó de hacer, no por lo que se es. -El registro tiene un claro componente peligrosista, propio de las teorias de Lombroso; la pena de infamia se aplica a sujetos que se presume, sin ningún elemento científico indiscutible que lo permita inducir y solo por su comportamiento anterior,que van a reacaer en el mismo tipo de delito. Crea así una nueva e ilegal categoría de argentino “ el  peligroso sexual registrado”. El registro se convierte en una verdadera pena de destierro” pues el registrado quedará automáticamente desterrado del barrio o ciudad en el que habita. No le importa al registro si por obra de este destierro el “peligroso sexual” se traslada a otro barrio, salvo que se pienseque de allí también podrá ser desterrado, y así sucesivamente. El registro tiene así un indisimulable sentido “eliminativo” del peligroso sexual. La aceptación de esta categoría, podría favorecer, luego, propuestas de castración química e incluso la pena de muerte”
( que, hoy se advierte, prontoaparecieron)
.
Esta opinión parte de una concepción liberal del Derecho Penal, que lo estudia como
 
 3medidas de seguridad curativas-
 
“tratamiento de rehabilitación médico-psicológico- social 
”), entre otras propuestas, algunas de las que ya son derecho positivo vigente enArgentina, como veremos luego.La “madre” de esta discusión es la
actualmente
difundida idea de que el “abusador sexual” adulto, sobre todo cuando sus víctimas son niñas o niños, delinque por unasuerte de “compulsión”
5
, y que la misma es refractaria a cualquier especie detratamiento científico de recuperación y por ende insuperable
6
. O sea que se piensa quees inevitable, o al menos altamente probable que en el futuro, el abusador condenado
repita su comportamiento delictivo
, lo que es la nota típica de la “peligrosidadcriminal”. Y como esta futura reiterancia será de abusos sexuales, es claro que lo que seda por sentado con estas argumentaciones, es que estaríamos frente a casos de lo que podríamos denominar 
 peligrosidad sexual.
 
Y al calor de tal conclusión (o algunas un poco más benignas pero no muy diferentes encuanto al pronóstico) es que surgen todas las aludidas “propuestas”, tendientes a“defender” a hipotéticas futuras víctimas de semejante peligro latente, que se cristalizanmuchas veces en proyectos de ley, algunos de los que se mencionarán a continuación.
8
.
recurso de última ratio, respetuoso de su naturaleza estrictamente sancionatoria y acorde con laConstitución Nacional y Tratados Internacionales de Derechos Humanos de igual jerarquía que la misma,y fundamentalmente, no “funcionalizado” en miras al cumplimiento de otros fines del Estado, por máslegítimos que estos sean (tal como ocurre con la seguridad). Por cierto que este trabajo que ahora presentamos procura mostrar una nueva reflexión ,- con fuerte eco legislativo- sobre esta posición, yrefleja argumentaciones médicas (psiquiátricas, psicoanalíticas o psicológicas) que su esgrimen para justificar un abordaje diferente.
5
Esta es una concepción desarrollada históricamente por la llamada escuela positivista del derecho penalcuyo origen son las tesis de
Lombroso
sobre la existencia de un tipo humano
destinado natural ynecesariamente al crimen.
Se lo recuerda como el
"delincuente nato",
el célebre nombre que le diera para distinguirlo del delincuente de ocasión, que merece un trato jurídico-penal y político criminaldiferente. Aquél era detectable por un conjunto de anomalías: forma, peso y talla del cráneo, escasa piloridad del cuerpo, fuerte pigmentación, potente desarrollo de las mandíbulas y cigomas, prognatismo,ideas supersticiosas, inclinación al alcohol. También se incluían el epiléptico, el atávico, el loco moral, elinfantil, el mattoide (loco a medias). Y se aceptaban causas externas como la raza ( vgr. los latinos tienenmás tendencias al homicidio)-influjos culturales, climatológicos, profesión etc. .Luego es
Ferri
quien seencarga de agregar el factor social como determinante del delito, a lo que se agrega luego la concepciónde la
transmisibilidad hereditaria
de los caracteres patológicos ( de expresa aceptación en el art 86 inc 2de nuestro Código Penal sobre el aborto-“terapéutico”) , Cfr. lo que dice
Marí 
, Enrique,
 El marco jurídico del movimiento positivista argentino
” en “El derecho penal hoy”, Del Puerto 1995. En laactualidad nos despiertan preocupación algunas teorías sobre la posibilidad de que, ciertas tendenciasdelictivas, puedan predecirse a partir de estudios genéticos.
6
Para el delincuente
 peligroso incorregible
, Von Liszt en su “Programa de Marburgo”, había propuesto la“pena indeterminada” como
 solución inocuizadora.
Cfr 
Lascano
, Carlos Julio,
 El nuevo régimen de lalibertad condiciona
l en” Pensamiento Penal y Criminológico”, Año V , n° 9.2004.
7
Aquí nos ocupamos de la “peligrosidad sexual” porque es la única que ha motivado la pléyade de proyectos legislativos tendientes a “neutralizarla”.
8
Cfr.
Marí 
 , loc cit 
..

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