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NOTA PREVIAHace tiempo que soy lector de haikus, pero confieso que el pri-mero que me sedujo como forma poética se lo debo a Julio Cortázar,cuyo título póstumo,
Salvo el crepúsculo
, fue tomado de un nota-ble haiku de Matsuo Bashoo (1644-1694): Este camino / ya nadielo recorre / salvo el crepúsculo. Años después me enteré de que latraducción pertenecía a Octavio Paz (en colaboración con EikichiHayashiya).El origen del haiku, con su severa pauta silábica, 5-7-5, se re-monta al siglo XVI. Ciertos eruditos lo vinculan formalmente al
ka- tauta
, un breve poema que oscilaba entre la pauta 5-7-5 y la 5-7-7;otros lo derivan del
haikai
, que se creaba en grupo y podía tenerhasta cien versos. Paulatinamente se fue asentando la forma de 17sílabas, en la rígida combinación 5-7-5, que es sin duda la que pro-duce un efecto poético más impactante. No obstante, hubo al pare-cer otras formas precursoras del haiku:
chooka, tanka, sedooka,
yespecialmente el
renga
, canción encadenada, fruto de varios poe-tas, que vino a introducir un elemento festivo en la literatura japo-nesa. En todas estas formas aparecen los versos de 5 y de 7 sílabasen distintas concatenaciones, y también se va afirmando el con-cepto de estación. Vale la pena aclarar que la rima casi no se usaen este envase lírico tan peculiar; en cambio se ha empleado bas-tante en las traducciones.Para esta revisión histórica, recomiendo especialmente el ex-celente y documentado estudio de Fernando Rodríguez-Izquier-do,
El haiku japonés / Historia y traducción
, 2ª ed. Hiperión, Ma-drid, 1994 (es autor de diez o doce libros más sobre tema tan espe-cializado) y, para no salir del aporte en castellano, diversos estu-dios y traducciones de Ricardo de la Fuente y Yutaka Kawamoto(
Haijin. Antología del jaiku
, Hiperión, Madrid, 1992), y AntonioCabezas (
Jaikus inmortales
, Hiperión, Madrid, 3ª ed. 1997), así comocuidadas traducciones, casi siempre en edición bilingüe, de auto-
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