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Hanns Heinz Ewers - Mi Madre La Bruja

Hanns Heinz Ewers - Mi Madre La Bruja

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MI MADRE LA BRUJA
HANNS HEINZ EWERS
Esto es lo que el Doctor Kaspar Krazykat escribió a su hermano:Querido hermano:Gracias por tu carta, la primera que recibo de ti en ocho años, tal vez en diez odoce. Y ciertamente podrían ser más desde la última que te escribí yo. En todoeste tiempo hemos sabido el uno del otro a través de nuestra madre y es posibleque esto haya sido lo mejor para ambos, ya que ver las cosas a través de sus ojosgarantiza armonía y concordia entre nosotros. Ahora es amor fraterno y unasincera amistad lo que sentimos el uno por el otro. Las pocas ocasiones en quehemos podido vernos han sido tan breves que apenas pudimos disfrutarlas.Si respondo con tanta celeridad a tu muy detallada carta es porque creo que miobligación como hermano es ponerte al corriente de ciertos hechos.Me escribes encendido de alegría y entusiasmo. Tienes ya casi cincuenta años y,al igual que yo, has tenido trato con mujeres de los cinco continentes, lo que enverdad te da derecho a tener tu propia opinión sobre ellas.Al final te has comprometido con una, y contraerás matrimonio en menos de unasemana. La joven dama pertenece a una digna y muy rica familia; es bonita,además, rebosante de salud y de sentido común. La adoras como adorarías a unadiosa, ¡incluso más! ¿No es acaso todo lo que puede desear un ser humano?
 
Te extiendes durante diez apasionadas páginas sobre lo afortunado que has sido.Creo cada una de tus palabras, con cada uno de sus detalles y sin pensar queexageras un ápice.También soy muy consciente de tu alta posición, tus ingresos, tus ocupaciones, ytu indudable atractivo personal. Te ruego que aceptes este último cumplido, perocada vez que visito a mamá me veo obligado a mirar las últimas fotografías quele has enviado y a escuchar sus consiguientes elogios. Está terriblementeorgullosa de ti y, con la mano en el corazón, yo no lo estoy menos. De modo quetu decisión de que marche a vivir contigo no podría parecerme más adecuada. Lapredilección que siempre ha demostrado sentir hacia ti no me afecta en absoluto.En resumen: no es mi intención arrojar la más leve sombra de duda en tufelicidad. Debería por el contrario celebrarla contigo, congratularme y desearteque fuera así por siempreY sin embargo, te lo ruego, te suplico que evites a toda costa algo de lo que tearrepentirás. ¡No te cases!Querido hermano, sé que como yo disfrutas de una salud de hierro, y que siendotu futura esposa igual de saludable tu descendencia sería digna de vosotros ycolmaría vuestras expectativas. Expectativas que, al igual que tú hoy, yo mismoalbergué en una época lejana.Pero hay
algo
en nuestra familia, no importa si proviene del lado materno opaterno, eso realmente no importa. Lo que importa es que es en estos momentoscuando ese
algo
nos obliga a reflexionar y tomar una decisión. Nuestro padrealcanzó una edad avanzada, fuerte como un roble. Nuestra madre ha superado losochenta años y es conocida en toda la ciudad por su asombroso vigor y sulucidez. Y es sobre ella sobre quien debo alertarte, hermano. Sabes bien queexiste una cierta huella genética que con frecuencia no pasa de padres a hijossino que, de forma curiosa, se salta una generación. Temo que esa “huella
 
genética especial” de nuestra madre se manifieste precisamente en tudescendencia.Yo mismo, hermano, me he encontrado tres o cuatro veces en la misma posiciónen la que te encuentras tú ahora. Entonces no sabía lo que hoy sé, ignoraba laverdadera naturaleza de esa mujer a la que llamamos nuestra madre. Debió ser elinstinto lo que me salvó en el último minuto, previniéndome de dar el paso que túahora estás a punto de dar.En cada una de esas ocasiones de las que te hablo mi conducta debió de parecerabsurda a mis amigos y allegados, lo admito; quizá incluso les hizo dudar de misalud mental. Fue demasiado inesperada, y convirtió mis intentos de contraermatrimonio en bromas de mal gusto. Quiero relatarte uno de estos casos en pocaspalabras porque precisamente se refiere a esta extraña disposición genética.En esa ocasión iba a desposarme con una señorita justo al día siguiente. Sobreella hubiera subscrito todas y cada una de las palabras que tú dedicas en tu carta atu novia. Sólo que entonces, y al contrario que tú, había considerado algunoscontras al respecto.Lo cierto es que me encontraba arruinado y hacía apenas un año que comenzabaa vivir sin el peso de las deudas. Creo que ya te he hablado de esto en algunaocasión. Desde un mes antes mis nervios estaban deshechos; lo único que memantenía en pie eran los narcóticos, y la razón por la que me levantaba cadamañana era precisamente esta mujer, en quien confiaba por completo y a la queamaba con locura.La víspera de la boda me fui a la cama con el delicioso pensamiento de que a lamañana siguiente mi vida cambiaría por completo, pero también preso de unaextraña sensación. Querido hermano, te voy a contar exactamente lo sucedido.Sabemos bien que somos de la clase de hombres a los que nunca nos ha costadoconciliar el sueño. Quizá sea esto lo que nos confiere tan buen aspecto. Dos

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