6 de Julio de 2012
Como zafar de la ley y lucrar con la educación superior en
Chile
La actual ley orgánica constitucional establece que las Universidades
Privadas son corporaciones sin fines de lucro, se enmarcan dentro de
las normas generales del Código Civil y deberían ser monitoreadas
por el Ministerio de Educación.
Es evidente que las movilizaciones estudiantiles del 2011 han
generado un punto de inflexión que cristalizó en el sentir público, algo
que se viene denunciando hace tiempo y que la premio nacional de
periodismo María Olivia Monckeberg dejó en evidencia a través de la
investigación reveló en un su libro titulado “La privatización de las
universidades: Una historia de dinero, poder e influencias”.
Es necesario también señalar que no todas las Universidades privadas
cometen fraude a la ley, hay muchos proyectos educativos que son
dueños de si mismos y cuyas utilidades son reinvertidas en los
mismos planteles, así como otras instituciones que han dado peleas
internas para proteger la Universidad de los intentos de grupos
económicos en orden a comprarlas.
Creo que todos hemos sido testigos de cómo algunos grupos
económicos, religiosos o políticos controlan instituciones de
enseñanza superior en un área que el Estado reservó como ajena al
lucro por cuanto hay un bien superior. En esta línea quiero entregar
algunos elementos a fin de ilustrar sobre como algunas de estas
Universidades defraudan la ley, o mejor dicho, cometen fraude a la
ley en su espíritu, que mandata la prohibición de lucrar.
Algunas Corporaciones Privadas sin fines de lucro utilizando diversos
medios fraudulentos, actuando como empresas que lucran;
obteniendo subvenciones del Estado, engañando a los alumnos y
apoderados en orden a que los dineros son reinvertidos en
infraestructura.
Para ello, se han valido de medios oblicuos (o indirectos) que evaden
la ley orgánica respectiva y que ahora a modo de ejemplo paso a
explicar:
- - Se han constituido inmobiliarias a través de testaferros o palos
blancos, las que son dueñas de, por ejemplo, un edificio, instalaciones
deportivas, etc. Por construirlo o arrendarlo de manera normal,
supongamos que el valor del metro cuadrado es de 1 UF, pero con el
fin de extraer renta de manera negra e ilícita, se arrienda el metro
cuadrado a 10 UF. Esa infraestructura las Universidades se las
arriendan a una inmobiliaria y esa inmobiliaria tiene los mismos
dueños que la Universidad, o miembros de la junta directiva, personas
de confianza, o a través de los grupos inversionistas que controlan la
junta directiva. Lo que ciertamente constituye un engaño.
- - Otra forma es por la vía de los contratos de servicios que
empresas externas prestan a la Universidad, ya sea por fotocopiado,
cafetería, o estacionamientos; los cuales son sobrepagados por la
Universidad, lo que ciertamente repercute en la escala de precios al
entregarse a los alumnos un servicio que está sobrepagado.
Sin embargo las Universidades pagan ese precio, así se extrae renta
con otro engaño.
En este momento, quizás aflora la pregunta de: ¿Quienes son los
dueños de estas inmobiliarias? Muchas de las personas están en
directorios, en juntas directivas, a través de familiares o testaferros.
Estas formas son lo que se llama fraude a la ley. Y ¿que se entiende
por fraude a la ley?
Básicamente hay fraude a la ley cuando por actos reales y voluntarios
(a veces incluso sin existir intención fraudulenta), se crea de un
hecho una situación aparentemente lícita y conforme a la ley, lo que
implica que en el papel, siempre está todo en regla, sin embargo hay
una estrategia que tiene como efecto violar el espíritu de la ley,
alterando lo que se llama factores de conexión, como nombres,
domicilio, nacionalidad, etc.
Es decir, con procedimientos que en sí son lícitos como constituir una
inmobiliaria, contratos de arriendo, etc., maniobras que son jurídicas,
a veces ingeniosas, y que por cierto tienen una apariencia de
legalidad, se permite realizar lo que la ley en este caso prohíbe o
mandata no hacer, en este caso lucrar. Esto ha permitido construir
verdaderos imperios económicos, familiares e ideológicos que se han
valido de estas normas para defraudar la ley, hasta este momento
impunemente.
Esta situación fraudulenta es de por sí contradictoria porque si fuese
permitida, significaría que la ley toleraría el fraude, pues se prohibiría
un resultado pero en el fondo se permite alcanzar este. Contradictorio
con el espíritu de la ley, puesto que se prohíbe un resultado (lucro)
pero a través del fraude, es decir, artilugios jurídicos alambicados,
combinaciones ingeniosas, se permite el abuso y posibilita alcanzar el
lucro con descaro y desparpajo como todos hemos visto y
presenciado hace mucho tiempo.
Nuestra legislación nacional carece de una figura específica que
penalice este engaño, este fraude a la ley en materia civil, sólo está
consagrado como un principio general del Derecho. Pero hay algo que
no se puede negar a estas alturas, y es que hay un engaño, y este
existe cuando a través de una acción u omisión se busca crear esta
falsa representación de la realidad. Por ello, este fraude a la ley, es en
sí también una simulación de Corporaciones sin fines de lucro, que
esconden tras ésta cobertura de aparentes buenas intenciones,
sociedades comerciales que lucran para grupos económicos.
Creo que esta reflexión es necesaria para generar la conciencia de
reformar nuestra legislación nacional, sin embargo esto no puede
excluir otras figuras jurídicas que si pueden lograr sancionar
penalmente estas practicas, como son la estafa. Pero eso, da para
otra columna.
Carlos Javier Alvear Pareja
Abogado