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Los dhimmis del Reino de España

Los dhimmis del Reino de España

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07/24/2013

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Los
dhimmis
del Reino de España
 El trato que da el Estado español a las minorías religiosas, étnicas y políticas
Por Pere BonnínLos contribuyentes españoles que quieran que el 0,7% de su impuesto sobre larenta vaya al sostenimiento de la Iglesia Católica pueden marcar con una cruz la casilla105. Si quieren que esa cantidad se destine a fines sociales —Cruz Roja y otras ONGsno especificadas—, pueden marcar la casilla 106. Hacienda advierte que esta asignaciónes independiente y compatible con la asignación tributaria a la Iglesia Católica. Ningunaotra confesión religiosa aparece como posible destinataria de los impuestos. Y haymuchas: cristianas (ortodoxas y protestantes), judía, musulmana, budista, sintoísta, bahaí, etc. Todas ellas tienen que costear su respectivo culto y financiar a la IglesiaCatólica mayoritaria.Aún así, deben dar gracias a la Constitución de 1978, que en su artículo 16-1garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto. Además: “Nadie podrá ser obligadoa declarar sobre su ideología, religión o creencias.” (art. 16-2) “Ninguna confesióntendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosasde la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación conla Iglesia Católica y las demás confesiones.” (art. 16-3)En la práctica las demás confesiones son
dhimmis
de la católica España. Segúnla
Charia
o ley musulmana,
dhimmis
son los infieles tolerados y protegidos a cambio de pagar ciertos impuestos y de aceptar una posición social inferior. El 11 de marzo de2004 los terroristas islámicos causaron 191 muertos y 1.858 heridos en la estación deAtocha. El Reino de España honró a las víctimas con un solemne funeral de Estado quecardenal arzobispo de Madrid ofició en la catedral de la Almudena con asistencia de lafamilia real, el gobierno y los más altos representantes institucionales. No huboresquicio para honrar oficialmente a las víctimas no católicas, que eran muchas.Simplemente fueron ignoradas.Ante la diversidad confesional, la monarquía y los políticos se repliegan yescudan detrás de la uniformidad católica. No obstante, los españoles pasan de curas ysermones cuando les interesa. Han legalizado el aborto, los matrimonios homosexualesy otros pecados, pero en cuestión de celebraciones y fasto social siguen acudiendo alcatolicismo. Es más vistoso. Ello da pie a que la Conferencia Episcopal Española, consu nacional catolicismo militante, crea que tiene derecho a imponer sus postuladosmorales y políticos de forma exclusiva como hacía en la época de Franco.Esta actitud tiene raíces muy profundas, que arrancan de la obsesión de laoligarquía hispana por homogeneizar la diversidad de naciones, etnias y culturas queviven en el territorio ibérico. Los Reyes Católicos pretendieron hacerlo a través de lareligión. Por ello, tras la conquista de Granada, expulsaron a los españoles de religión judía y posteriormente a los creyentes musulmanes. Crearon la Inquisición castellanacomo instrumento religioso-político para someter no sólo a judaizantes, sino también atodos cuantos violasen la ortodoxia doctrinal. Fueron 450 años de represión constante alservicio de la unidad política bajo la enseña católica romana.Los dos intentos de liberación, la primera y la segunda República, fueronderribados a cañonazos por los poderes fácticos a través de militares sublevados, enamalgama con la doctrina católica tridentina. El escudo del Tribunal de la Inquisiciónsintetiza las claves de la estrategia que emplea el poder fáctico para lograr la sumisión.En él se ve claramente que la corona y sus intereses están por encima de la cruz y su
 
mensaje de paz y amor. A un lado de la cruz está la espada; al otro lado una rama deolivo que se tiende a los herejes reconciliados y arrepentidos. Es decir, se exige lacapitulación de las minorías disidentes a la ideología general impuesta por la espada.Igual que había ayudado a Hitler en Alemania, la Iglesia Católica se volcó en elapoyo a Franco y a los militares sublevados contra la segunda República, confiriéndolesla necesaria cohesión doctrinal: “Por Dios, España y la Revolución NacionalSindicalista.” El Concilio Vaticano II intentó un
aggiornamento
doctrinal que superaseel desprestigio de la Iglesia Católica ante las democracias triunfantes en la segundaguerra mundial. Esto dio la flexibilidad necesaria a la Conferencia Episcopal Española para aceptar una Constitución monárquica que, sobre el papel, le restaba privilegiosseculares.La transición del franquismo a la monarquía siguió en la práctica el esquema delescudo inquisitorial: Espada para los disidentes recalcitrantes, olivo para losreconciliados, entre ellos Santiago Carrillo, jefe del Partido Comunista Español. Paratener paz y una parcelita de poder, Carrillo tuvo que renunciar a la bandera republicana, por la que habían muerto sus camaradas, y subirse a la carroza del monarca y de los poderes fácticos que lo sostenían. Lo mismo hicieron los dirigentes catalanes, vascos ygallegos en lo que el fraile catalanista Lluís Maria Xirinacs llamó “la traición de loslíderes”.
 La España plurinacional 
La frustración de las aspiraciones catalanas, vascas y gallegas por recuperar trasla muerte de Franco los privilegios de soberanía que les arrebató Felipe V de Borbón enel siglo XVIII queda reflejada en el artículo 2 de la Constitución borbónica vigente: “LaConstitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patriacomún e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a laautonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todasellas.”¿Qué diablos es una “nacionalidad”? Este barbarismo fue inventadoexpresamente para designar las naciones catalana, vasca y gallega sometidas a la idea deEspaña como una ampliación de Castilla. No la pudieron imponer los Habsburgomediante la Inquisición, pero la impusieron por “la fuerza de las armas” Felipe V deBorbón y sus sucesores a través de los decretos de Nueva Planta y de una adecuada política domesticadora.El mayor inconveniente con que tropezaron fue la diversidad de idiomas. Lalengua propia, distinta del castellano, configura el sentimiento nacional de los puebloscatalán, vasco y gallego. Ésta sigue siendo la pata coja de la España borbónica, puestoque la Iglesia Católica en este aspecto se mostró dividida. Mientras la jerarquía españolaimpulsaba el castellano como idioma único, los clérigos catalanes y vascos fueron los principales defensores, cultivadores y depositarios del respectivo idioma minoritario. Numerosos y egregios poetas y escritores de la
 Renaixença
o renacimiento catalán definales del siglo XIX fueron clérigos.El acoso a las lenguas minoritarias, particularmente el catalán, comienza en 1482con la quema de la Biblia Valenciana. La Inquisición exigió en 1560 el uso exclusivodel castellano en todos sus documentos. En Francia, Luis XIV impuso el francés a loscatalanes y prohibió a los del Rosselló estudiar en el Principado de Catalunya. Losdecretos de Nueva Planta, ya citados, proscribieron el uso oficial del catalán enValencia, Mallorca, Catalunya y Sardenya. En 1768 se prohibió la enseñanza del catalánen la escuela y su uso en los juzgados. En 1799 se obligó a representar, cantar y bailar  piezas exclusivamente en castellano. A partir de 1862 se impuso el castellano en la
 
instrucción pública, registros notariales y civiles, teatro, etc. prohibiendo incluso hablar  por teléfono en otra lengua. El franquismo renovó las prohibiciones. Al mismo tiempo,se fomentaba la degradación del catalán a “dialecto del castellano” y su división,nombrando la lengua catalana por sus dialectos: valenciano, mallorquín, rosellonés…Todavía hoy, el PP exige que el valenciano sea considerado oficialmente un idiomadistinto del catalán.El Parlamento de Catalunya aprobó en 2005 un nuevo estatuto declarando queCatalunya es una nación y que es obligatorio conocer el catalán en Catalunya, deacuerdo con el artículo 2 de la Constitución. El PP organizó una protesta general, con boicot a los productos catalanes, y presentó una demanda de nulidad ante el TribunalConstitucional. El gobierno del PSOE, que en principio apoyaba el estatuto, dio marchaatrás y, con las enmiendas aprobadas en Madrid, el estatuto se quedó en papel mojado.Al cabo de tantos siglos de opresión, los catalanes sienten la misma inseguridad étnicaque los judíos. Se disculpan por hablar su idioma y cambian de inmediato al castellanoante un desconocido. Muchos sufren auto odio: militan en el anticatalanismo igual quelos judíos en el antisionismo.
 Idioma y soberanía
Los pueblos de habla catalana, siendo más industriosos, sufrieron no sólo elacoso lingüístico, sino también el expolio económico para mantener el Estadoque los oprimía. Si un valenciano va a Madrid, goza de una amplia autopistagratuita. Pero si desea desplazarse a Barcelona, Gerona u otros territorios dondese habla su idioma, la autopista es de pago, lo que resta competitividad a lasexportaciones de España a Europa. El gobierno socialista construyó primero eltren de gran velocidad (TGV) de Madrid a Sevilla, y ahora de Madrid aBarcelona. No se ha proyectado
 
el TGV en el corredor mediterráneo, que sería elmás rentable.Un residente en cualquier comunidad de habla catalana paga comparativamentemás impuestos que el residente en Madrid o en una comunidad de lengua castellana. Eldéficit fiscal de Catalunya —dinero que va al Estado y no vuelve en forma deinversiones— asciende desde 1986 hasta hoy a 214.682 millones de euros y siguecreciendo.La España monolingüe es reacia a aprender catalán, vasco o gallego. A raíz de lanormalización lingüística, la enseñanza se imparte en catalán en los territorios dondeeste idioma es cooficial con el castellano. El PP e intelectuales afines intentan por todoslos medios revertir la obligatoriedad del catalán, el vasco o el gallego, pero también lesayuda el PSOE. Resulta paradójico que Alemania tenga más cátedras de filologíacatalana que los territorios castellanos españoles.Al fin y al cabo, ambos partidos mayoritarios son los herederos privilegiados delfranquismo. El PP agrupa las familias del nacional catolicismo —propagandistascatólicos y Opus Dei—, mientras que en el PSOE militan las antiguas familiasfalangistas, además de gente de la oposición republicana que se subió al carro de lamonarquía. Todos esos nacionalistas españoles de larga prosapia se llaman a sí mismos“no nacionalistas” y combaten el nacionalismo reivindicativo de catalanes, gallegos yvascos comparándolo con el nacional socialismo alemán de infausta memoria. Es lamisma tergiversación que se hace al equiparar Israel con la Alemania nazi. Las minoríasnacionalistas de España son las víctimas, los
dhimmis
, no los opresores.El Reino incumple con frecuencia sus propias leyes para evitar que sus
dhimmis
adquieran la soberanía que les fue arrebatada. Si ven peligro de perder el poder, los partidos mayoritarios se unen. Hacen leyes
ad hoc
para excluir, por ejemplo, a la

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