frecuencia se veía obligado a ocultarse de la gente. El entusiasmo era tan grande que le eranecesario tomar precauciones, no fuese que las autoridades romanas se alarmasen por temor a una insurrección. Nunca antes había vivido el mundo momentos tales. El cielo habíadescendido a los hombres . . .El mensaje evangélico, tal como lo daba el Salvador mismo, se basaba en las profecías. El"tiempo" que él declaraba cumplido, era el período dado a conocer a Daniel por el ángelGabriel . . . "Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar yedificar a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dossemanas" (Dan. 9: 25), sesenta y nueve semanas, es decir, cuatrocientos ochenta y tres años.La orden de restaurar y edificar a Jerusalén, completada por el decreto de ArtajejesLongímano (véase Esd. 6: 14; 7: 1, 9), entró a regir en el otoño del año 457 ant. de C.Desde ese tiempo, cuatrocientos ochenta y tres años llegan hasta el otoño del año 27 de l. C.Según la profecía, este período había de llegar hasta el Mesías, el Ungido. En el año 27 denuestra era, Jesús, en ocasión de su bautismo, recibió la unción del Espíritu Santo, y pocodespués empezó su ministerio. Entonces fue proclamado el mensaje: "El tiempo escumplido". . .El tiempo de la venida de Cristo, su ungimiento por el Espíritu Santo, su muerte y la proclamación del Evangelio a los gentiles, habían sido indicados en forma definida. . . ElSalvador había hablado por medio de todos los profetas. "El espíritu de Cristo que estaba enellos" "pronunciaba las aflicciones que habían de venir a Cristo, y las glorias después deellas" (1 Ped. 1: 11). . . Así como el mensaje del primer advenimiento de Cristo anunciabael reino de su gracia, el mensaje de su segundo advenimiento anuncia el reino de su gloria.-DTG 199-201. 13UN REINO ESPIRITUALRespondió Jesús: Mi reino no es de este mundo. (Juan 18: 36).El reino de Dios viene sin manifestación exterior, El Evangelio de la gracia de Dios, con suespíritu de abnegación no puede nunca estar en armonía con el espíritu del mundo. Los dos principios son antagónicos. . .Pero hoy hay en el mundo religioso multitudes que creen estar trabajando para elestablecimiento del reino de Cristo como dominio temporal y terrenal. Desean hacer denuestro Señor el Rey de los reinos de este mundo, el gobernante de sus tribunales ycampamentos, de sus asambleas legislativas, sus palacios y plazas. Esperan reine por mediode promulgaciones legales, impuestas por autoridad humana. Como Cristo no está aquí en persona, ellos mismos quieren obrar en su lugar ejecutando las leyes de su reino. Elestablecimiento de un reino tales lo que los judíos deseaban en los días de Cristo. Habríanrecibido a Jesús si él hubiese estado dispuesto a establecer un dominio temporal, a imponer lo que consideraban como leyes de Dios, y hacerlos los expositores de su voluntad y losagentes de su autoridad. Pero él dijo: "Mi reino no es de este mundo". No quiso aceptar eltrono terrenal. . . No por las decisiones de los tribunales o los consejos o asambleas legislativas, ni por el patrocinio de los grandes del mundo, ha de establecerse el reino de Cristo, sino por laimplantación de la naturaleza de Cristo en la humanidad por medio de la obra del EspírituSanto. . . En esto consiste el único poder capaz de elevar a la humanidad. Y el agentehumano que ha de cumplir esta obra es la enseñanza y la práctica de la Palabra de Dios . . .Ahora, como en los días de Cristo, la obra del reino de Dios no incumbe a los que estánreclamando el reconocimiento y apoyo de los gobernantes terrenales y de las leyeshumanas, sino a aquellos que están declarando al pueblo en su nombre aquellas verdades
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