posible el experimento. Nada distinto a lo que hace un viajero que sepropone despertar a una hora determinada, y que luegotranquilamente se abandona al sue
ñ
o: as
í
nos entregamos losfil
ó
sofos, supuesto el caso de que caigamos enfermos,temporalmente, con cuerpo y alma a la enfermedad - cerramos losojos ante nosotros, por decirlo as
í
. Y as
í
como aqu
é
l sabe que hayalgo que
no
duerme, algo que cuenta las horas y lo despertar
á
, as
í
sabemos nosotros tambi
é
n que el instante decisivo nos encontrar
á
despiertos - que entonces algo brinca hacia delante y sorprende alesp
í
ritu en el acto, quiero decir, en la debilidad o marcha atr
á
s oresignaci
ó
n o endurecimiento u oscurecimiento, y como quiera que sellamen todos los estados enfermizos del esp
í
ritu, que tienen en contrasuya el orgullo del esp
í
ritu en los d
í
as saludables (pues sigue siendoverdadero el viejo dicho:
“
el esp
í
ritu orgulloso, el pavo real y el caballoson los tres animales m
á
s orgullosos sobre la tierra
”
). Luego deinterrogarse y probarse uno a s
í
mismo de esta manera, se aprende amirar con ojos m
á
s sutiles hacia todo lo que, en general, ha filosofadohasta ahora. Uno adivina mejor que antes los desv
í
os involuntarios,los lugares de descanso, los lugares
soleados
del pensamiento, a queson conducidos y seducidos los pensadores que sufren y,precisamente en tanto sufrientes; uno sabe ahora hacia d
ó
ndeapremia, empuja, atrae inconscientemente el
cuerpo
enfermo y susnecesidades al esp
í
ritu -hacia el sol, lo pl
á
cido, lo suave, la paciencia,el medicamento, el solaz en cualquier sentido. Toda filosof
í
a quecoloca a la paz por encima de la guerra, toda
é
tica con unacomprensi
ó
n negativa del concepto felicidad, toda metaf
í
sica y f
í
sicaque conoce un final, un estado
ú
ltimo de cualquier tipo, todo anhelopredominantemente est
é
tico o religioso hacia un estar aparte, un m
á
sall
á
, un estar fuera, un estar por encima, permite hacer la pregunta desi no ha sido acaso la enfermedad lo que ha inspirado al filosofo. Eldisfraz inconsciente de las necesidades fisiol
ó
gicas bajo el abrigo de loobjetivo, ideal, puramente espiritual, se extiende hasta lo aterrador -ymuy a menudo me he preguntado si es que, considerando en grueso,la filosof
í
a no ha sido hasta ahora, en general m
á
s que unainterpretaci
ó
n del cuerpo y una
mala comprensi
ó
n del cuerpo
. Detr
á
sde los m
á
s altos juicios de valor por los que hasta ahora has sidodirigida la historia del pensamiento, se ocultan malos entendidosacerca de la constituci
ó
n corporal, ya sea de los individuos, de losEstados o de razas enteras. Se puede considerar a todas esas
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