LOCURA APARENTE Y SABIDURÍA OCULTA Al final del precedente capítulo, hacíamos alusión a algunasmaneras de actuar más o menos extraordinarias que puedenproceder, según los casos, de razones muy diferentes; esverdad que, de una manera general, implican siempre que laacción exterior se considera de manera muy diferente a comolo es por la mayoría de los hombres, y que, a esa acción,tomada en sí misma, no se le da la importancia que se leatribuye comúnmente; pero a este respecto hay que hacer muchas distinciones. Debemos precisar primeramente que eldesapego de la acción, del que hablábamos a propósito del"no-actuar", es ante todo una perfecta indiferencia en lo queconcierne a los resultados que pueden obtenerse de ella,puesto que esos resultados, cualesquiera que sean, no afectanya realmente al ser que ha llegado al centro de la "ruedacósmica". Además, es evidente que un tal ser jamás actuarápor necesidad de actuar, y que, por otra parte, si debe actuar por un motivo cualquiera, no sin plena consciencia de que esaacción no es más que una simple apariencia contingente,ilusoria como tal para su propio punto de vista (no decimos,bien entendido, para el punto de vista de los demás seres queson testigos de ella), no la cumplirá forzosamente de unamanera que difiera exteriormente de la de los demás hombres,a menos de que haya para eso también motivos particulares enalgunos casos determinados. Se comprenderá sin esfuerzoque eso es algo totalmente diferente de la actitud de losquietistas y de otros místicos más o menos "irregulares", que,pretendiendo tratar la acción como algo desdeñable (mientrasque, sin embargo, están muy lejos de haber llegado al puntodesde donde la acción aparece como puramente ilusoria),encuentran en eso sobre todo un pretexto para hacer indistintamente no importa el qué, siguiendo los impulsos de laparte instintiva o "subconsciente" de su ser, lo que,evidentemente, corre el riesgo de ocasionar toda suerte deabusos, de desordenes o de desviaciones, y lo que, en todocaso, tiene al menos el grave peligro de dejar a lasposibilidades inferiores desarrollarse libremente y sin control,en lugar de hacer para dominarlas un esfuerzo que sería por lodemás incompatible con la extrema pasividad que caracteriza a
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