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RENE GUENON
LOCURA APARENTE YSABIDURIA OCULTA
Ediciones Nueva Humanidad
 
LOCURA APARENTE Y SABIDURÍA OCULTA Al final del precedente capítulo, hacíamos alusión a algunasmaneras de actuar más o menos extraordinarias que puedenproceder, sen los casos, de razones muy diferentes; esverdad que, de una manera general, implican siempre que laacción exterior se considera de manera muy diferente a comolo es por la mayoría de los hombres, y que, a esa acción,tomada en sí misma, no se le da la importancia que se leatribuye comúnmente; pero a este respecto hay que hacer muchas distinciones. Debemos precisar primeramente que eldesapego de la acción, del que hablábamos a propósito del"no-actuar", es ante todo una perfecta indiferencia en lo queconcierne a los resultados que pueden obtenerse de ella,puesto que esos resultados, cualesquiera que sean, no afectanya realmente al ser que ha llegado al centro de la "ruedacósmica". Además, es evidente que un tal ser jamás actuarápor necesidad de actuar, y que, por otra parte, si debe actuar por un motivo cualquiera, no sin plena consciencia de que esaacción no es s que una simple apariencia contingente,ilusoria como tal para su propio punto de vista (no decimos,bien entendido, para el punto de vista de los demás seres queson testigos de ella), no la cumplirá forzosamente de unamanera que difiera exteriormente de la de los demás hombres,a menos de que haya para eso también motivos particulares enalgunos casos determinados. Se comprendesin esfuerzoque eso es algo totalmente diferente de la actitud de losquietistas y de otros místicos más o menos "irregulares", que,pretendiendo tratar la acción como algo desdeñable (mientrasque, sin embargo, están muy lejos de haber llegado al puntodesde donde la acción aparece como puramente ilusoria),encuentran en eso sobre todo un pretexto para haceindistintamente no importa el qué, siguiendo los impulsos de laparte instintiva o "subconsciente" de su ser, lo que,evidentemente, corre el riesgo de ocasionar toda suerte deabusos, de desordenes o de desviaciones, y lo que, en todocaso, tiene al menos el grave peligro de dejar a lasposibilidades inferiores desarrollarse libremente y sin control,en lugar de hacer para dominarlas un esfuerzo que sería por lodemás incompatible con la extrema pasividad que caracteriza a
 
los místicos de este género.También puede uno preguntarse hasta qué punto laindiferencia que se proclama en parecido caso es real (y,¿puede serlo verdaderamente para quienquiera que no hallegado al centro y se ha liberado efectivamente por eso mismode todas las contingencias "periféricas"?), ya que se ve a vecesa estos mismos místicos librarse a extravaganciasperfectamente queridas: es así como los quietistaspropiamente dichos, los de finales del siglo XVII, haanformado entre ellos una asociación llamada de la "SantaInfancia", en la cual se aplicaban a imitar todas las maneras deactuar y de hablar de los niños. En su intención estaba poner en práctica tan literalmente como fuera posible el preceptoevangélico de "devenir como niños"; pero eso esverdaderamente la "letra que mata", y uno puede sorprendersede que un hombre tal como Fenen no haya repugnadoprestarse a una tal parodia, ya que apenas es posible calificade otro modo esa imitación exterior de los niños por adultos,que tiene inevitablemente un carácter artificial y forzado, y por consiguiente algo de caricatura. En todo caso, esa simulación,ya que en suma no era otra cosa, apenas concordaba con laconcepción quietista sen la cual el ser debe tener suconsciencia en cierto modo separada de la acción, y por tantono debe aplicarse nunca a cumplir ésta de una manera antesque de otra. Por lo demás, con eso no queremos decir que unacierta simulación, aunque sea la de la locura (y la de la infanciano está tan alejada de ella después de todo en cuanto a lasapariencias), no pueda estar justificada a veces, incluso en lossimples místicos; pero esta justificación no es posible más quea condición de colocarse en un punto de vista completamentediferente del punto de vista del quietismo. Pensamos aqconcretamente en algunos casos que se encuentran bastantefrecuentemente en las formas orientales del cristianismo(donde por lo demás, es bueno anotarlo, el misticismo mismono tiene exactamente la misma significación que en su formaoccidental): en efecto, "la hagiografía oriental conoce vías desantificación extrañas e insólitas, como la de los "locos enCristo", que cometen actos extravagantes para ocultar susdones espirituales a los ojos del entorno bajo la aparienciahorrible de la locura, o más bien para liberarse de los lazos deeste mundo en su expresión más íntima y más molesta para elesritu, la de nuestro "yo social""
. Se concibe que esa
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