Sigfried Giedion
Sobre una nueva monumentalidad (1944)
N
ota intercalada
La cuestión de “Arquitectura y Comunidad” no podíaplantearse directamente. Era necesario llegar a ellapor muchos rodeos y caminos. Lo importante eradetenerse en problemas que se hallaban más allá deuna finalidad utilitaria.En 1943, en Nueva York, nos hallábamos juntos ciertodía Fernand Léger, el pintor, José Luis Sert, arquitectoy diseñador de ciudades que llegó a ser decano de laFacultad de Arquitectura de la Universidad deHarvard, y yo. La conversación se refirió casualmentea que los tres habíamos sido invitados por la Sociedad
American Abstract Artists
para exponer en su seno lostemas de nuestro interés. Descubrimos así que, en elfondo, sería mucho más interesante que los trestratáramos el mismo tema, el pintor, el diseñador deciudades y el historiador, cada uno desde su punto devista peculiar. Nos pusimos de acuerdo para tratar lacuestión de
una nueva monumentalidad
. Finalmente,resumimos nuestro planteamiento en nueve puntos,que son los que por primera vez se editan en estaobra.La proyectada publicación de los
American Abstracts Artists
no llegó nunca a editarse. Mis explicacionesaparecieron ante todo, con el título de
The New Monumentality
, en un simposio de Paul Zucker,
New Architecture and City planning
, Nueva York, 1944.Diversos amigos, cuyo juicio me interesabasobremanera, opusieron sus reparos a quevolviéramos a plantear un concepto tan peligroso ytan trivializado por el gusto dominante. Tenían razón.Era muy peligroso volver a tratar un concepto tandesvalorizado por el gusto dominante. Públicamente,en el
New Yorker
, Lewis Mumford llegó a asumir unaactitud de rechazo. Ello no obstante, pronuncié miconferencia en diversos lugares, primero en Américay más tarde en Europa.Como consecuencia de una conferencia en el
Royal Institute of British Architecture
de Londres,pronunciada el 26 de septiembre de 1946, la
Architectural Review
de Londres, en su número deseptiembre de 1948, suscitó una discusión sobre “elproblema de dar un paso adelante”. Algunos de losprincipales arquitectos y críticos de arquitecturadefinieron lo que para ellos significaba lamonumentalidad y cómo, según su opinión, eraposible adaptar dicha monumentalidad al cuadroarquitectónico del siglo XX. Se editaroncontribuciones de Georg Paulsson (Uppsala), HenryRussel Hitchcock (
Smith College
, USA), WilliamHolford (Londres), Walter Gropius (Harvard), LucioCosta (Río de Janeiro) y Alfred Roth (Zürich), junto conmi exposición; Lewis Mumford reafirmó más tarde suposición frente al simposio de la
Architectural Review
en un ensayo aparte:
Monumentalism, Symbolism and Style.
No nos cuesta dar razón a Mumford en susquejas de que vivimos en una época que nosolamente ha sacrificado buen número de símboloshistóricos, sino que también se empeña en restarvalor al símbolo como tal, por cuanto niega los valoresmismos que el símbolo representa. Al fin y al cabo,sólo hay un símbolo que domina en primer plano: elde la Máquina... “Somos hoy testigos de una reaccióncontra ese simbolismo unilateral y contra el cuadrodeformado de la civilización moderna”.“El monumento” tal como lo subraya Lewis Mumford-“entraña una declaración de amor y de admiraciónante finalidades más altas que los hombres tienen encomún.”
“En una época en la que los símbolos han perdido suvalor y carecen de sentido, no podrán producirsemonumentos convincentes”.Esto es absolutamente válido para los monumentosdel gusto dominante, pero no en cuanto toca aproductos de los artistas creadores de esta época,tales como Brancusi, Antoine, Pevsner, Hans Arp,Naum Gabò, Alberto Giacometti o Picasso.Todos ellos ansían poder confundirse con lamuchedumbre, ya sea en calles, plazas o parques. Locierto es que, hasta hoy, los defensores del gustodominante los han desterrado a museos ocolecciones, cuando no los han puesto bajo llave y abuen recaudo, al menos en Europa.
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