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20 MATEMÁTICOS CÉLEBRES
FRANCISCO VERA
Prólogo
En mayo de 1941, cuando apenas mis pulmones habían empezado a respirar elaire cimero de la sabana santafereña, en un nuevo avatar de mi exilio, el Ministeriode Educación Nacional de Colombia me hizo el honroso encargo de consumir unturno en el ciclo de conferencias que acababa de organizar la Dirección de -Extensión Cultural y Bellas Artes, tendientes a "liquidar la etapa de la culturaesotérica y misteriosa que no quiere rebasar jamás el limite inamovible de loscenáculos o los o de los salones exclusivistas".Al conocer este criterio, públicamente expresado por el ministerio del que dependela instrucción oficial colombiana, y debiendo versar mis conferencias sobreMatemática, se me planteó el problema de cómo hablar de esta ciencia sinlanzarme tiza en ristre contra el tablero y de espaldas al público, porque setrataba, precisamente, de todo lo contrario: volver la espalda al tablero y dar lacara al público.De todas las disciplinas científicas la Matemática es, acaso, la más difícil deexponer ante un auditorio no profesional tanto por el lenguaje propio de ella comopor el inevitable empleo de símbolos, cuya significación precisa exige unapreparación por parte del que escucha para que el que habla no corra el riesgo depropagar ideas falsas ni incurra en la responsabilidad de producir un poco debarullo mental aunque le guíen las mejores intenciones.Para soslayar estas dificultades en cuanto a las líneas generales de mi faena, ypara no salirme del tono impuesto por su carácter divulgador, huí de lascuestiones propias de lecciones de cátedra y no de conferencias enderezadas aun público culto, pero heterogéneo.Ahora bien; huir de las cuestiones matemáticas no es lo mismo que huir de losmatemáticos, el conocimiento de los cuales,, como hombres de carne y hueso,tiene el mismo y, a veces, mayor interés que su conocimiento como matemáticos,pues que la Matemática no es una creación ex nihilo , sino un producto defabricación humana que depende, por tanto, del contenido biológico del productor;y si es interesante conocer la obra de un hombre, que es lo que queda, no lo esmenos conocer la vida de ese hombre, que es la que no queda.Por estas razones, al aceptar la colaboración en las tareas de divulgacióncientífica del Ministerio de Educación Nacional de Colombia, orienté mi labor haciala biografía de los grandes matemáticos en busca de temas que, sin desbordar elcuadro de mis actividades, pudieran interesar a las personas que frecuentan elteatro de Colón de Bogotá: lugar elegido por el ministerio para he conferencias.
 
Creo que los encontré, y me daré por satisfecho si no defraudé por completo lacuriosidad de mis oyentes de ayer y no defraudo la de mis lectores de hoy.A los grandes matemáticos elegidos los agrupé por parejas, buscando unas vecesel paralelismo o el sincronismo de sus vidas, y otras el contraste entre susdirecciones ideológicas: en el primer caso para observar su doble influencia en eldesarrollo de la Matemática, y en el segundo para encontrar un punto deconvergencia, a veces paradójico: que la montaña no se destaca sin el valle ni laluz sin pinceladas de sombra.Algunos de los asistentes a aquel cursillo tuvieron la gentileza de facilitarme lasnotas que habían tomado del mismo. Con ellas y mis guiones personales pudereconstruir aproximadamente las, conferencias, que vieron la luz en Barranquilla,1942, en una reducidísima edición de la que no queda más que el ejemplar decapillas, que conservo, y que, corregido y despojado de alusiones circunstantes,entrego hoy a la Compañía General Fabril Editora, que me hace el honor depublicarlo.Francisco VeraBuenos Aires, noviembre de 1959
 
Capítulo PrimeroABEL Y GALOISLOS DOS MATEMÁTICOS MÁS JÓVENES DE LA HISTORIA
Este ensayo está dedicado a dos matemáticos ilustres entre los más ilustres,geniales entre los más geniales, conocidos, naturalmente, de todos los que sededican a la Matemática; pero desconocidos, en general, de los no matemática,por la sencilla razón de que las creaciones, que tal es el nombre adecuado a suspartos sublimes, caen en el campo del Análisis, disciplina al margen de losestudios básicos de la cultura media.Las vidas de estos dos matemáticos son vidas poco extensas y muy intensas, quevale la pena divulgar; vidas ligeramente asincrónicas, pero de tal paralelismo queestán pidiendo la pluma de un nuevo Plutarco que sepa, además, calar hondo enlos recovecos psicológicos de la personalidad humana. Son dos vidas pequeñitas:de veinte años la una, de veintiséis la otra; pero la una produce una teoría degrupos que invade hoy todas las ramas de la Matemática y empieza a invadir laFísica; la otra produce un teorema que "abre un nuevo" capítulo en la historia delÁlgebra, y las dos están llenas de episodios que, como los de la, vida de NuestroSeñor Don Quijote, unas veces nos hacen reír y otras veces nos hacen llorar.Aludo a Galois y a Abel, muertos ambos en plena juventud. Los segmentos quegráficamente, representan sus vidas tienen un trozo superpuesto que duradieciocho años: desde 1811, fecha del nacimiento de Galois, hasta 1829, fecha dela muerte de Abel, trozo que constituye, al propio tiempo, uno de los períodos másdensos de la historia de Europa: período de revoluciones políticas, de luchasfilosóficas, de mejoramientos económicos, de adelantos científicos y de ansias delibertad en la plena eclosión romántica del primer tercio del siglo XIX.En ente ambiente nació, vivió y murió Galois y este ambiente respiró también Abeldurante sus viajes por el centro de Europa, cuando hasta los fríos fiordos de suNoruega natal aún no habían llegado las chispas encendidas del romanticismo:esa brillante rosa pomposa cultivada en los jardines amables de Francia patria deGalois- como reacción contra el falso idealismo de la época inmediatamenteanterior.Niels-Henrik Abel nació en el presbiterio de Findö, diócesis de Cristiansad, el 5 deagosto de 1802, y era hijo de Soren-Georg Abel y de Ana María Simonsen. Al añode nacer Niels-Henrik su padre fue nombrado pastor de Gjerrestad, donde elpequeño aprendió las primeras letras y donde permaneció hasta 1815, fecha de suingreso en la escuela catedralicia de Cristianía.Cuando Abel tenía nueve años nace Evaristo Galois en Bourg-la-Reine el 25 deoctubre de 1811.El padre de Abel era un hombre austero y hogareño, alejado de toda preocupaciónmundana, mientras que el de Galois era un fino espíritu dieciochesco que lo
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