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El Lazarillo de Tormes

El Lazarillo de Tormes

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07/04/2013

 
El Lazarillo de Tormes
 por Hugo Blumenthal
 La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades
es la narración ulterior de unavida que hace Lázaro de Tormes para justificar su presente. Y digo “una vida” y no “su vida” yaque todo relato está condenado a traicionarla, y porque la intención de Lázaro en todo caso hacemás sospechoso su relato que el de un Proust, p. ej., cuya sola intención era intentar recuperar lavida o el tiempo “perdido”.La intención de Lázaro de justificar una situación presente aparece ya, aunque de manera untanto oscura, en el Prólogo. Al principio parece más preocupado en justificar el hacer pública suhistoria por la enseñanza moral y el agrado que de ella podrían sacar sus lectores, pero hacia elfinal descubre que en verdad escribe por solicitud de un misterioso “Vuestra Merced” (que no parece ser una simple forma de referirse a un lector cualquiera).
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Ahora, pensar el Prólogo comouna suma de voces,
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viendo en las alusiones clásicas una voz extraña a Lázaro, no es necesario, pues Lázaro hace alarde de erudición para ocultar su verdadera intención, tal como se sirve suamo el buldero del “latín” para impr esionar a sus víctimas.
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Así, pues, la intención principal del relato será justificar una situación que sólo se aclara alfinal. Forma de exposición que le asegura a Lázaro que su lector no pueda juzgarlo de antemano,sin haber escuchado su defensa, pues al final es que cuenta el motivo de que se le acusa.El caso en cuestión, parece ser el aparente amancebamiento de la mujer de Lázaro por parte delArcipreste. Para entonces Lázaro goza de un oficio que, aunque vil, está del lado de la ley(pregona a veces los delitos de los condenados). Entonces[...] viendo mi habilidad y buen vivir, [y] teniendo noticia de mi persona el señor Arcipreste de San Salvador [!], mi señor, y servidor y amigo de Vuestra Merced, porque le pregonaba sus vinos procuró casarme con una criada suya. Y visto por míque de tal persona no podía venir sino bien y favor, acordé de lo hacer [...] Masmalas lenguas [...] no nos dejan vivir, diciendo [...] que ven a mi mujer irle a hacer lacama y guisalle de comer (Pp. 201–202).Lázaro apenas parece conocer un rumor, que no puede expresar mas que a costa de la furia de sumujer y los consejos del Arcipreste,
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por lo que prefiereno prestarle atención a los rumores ymantener todo como hasta el momento, previniendo a la gente “[...] si sois mi amigo no medigáis cosa con que me pese, que no tengo por mi amigo al que me hace pesar” (P. 203). Y, comodirá, “[...] así quedamos todos tres bien conformes, hasta el día dehoy nunca nadie nos oyó sobreel caso [...]” (P. 203).Entonces ¿es Lázaro un hipócrita al no querer escuchar los chismes que corren sobre suesposa? ¿O los hipócritas son los vecinos que se meten en su vida, sin ser ellos más santos queLázaro? Y el lector ¿es un hipócrita si justifica a Lázaro, o si lo condena?
Hugo Blumenthal © 20071
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“Y pues Vuestra Merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso, parecióme no tomalle por elmedio, sino del principio porque se tenga entera noticia de mi persona.” Pp. 95–96. Caso al que ha hechoreferencia desde el principio muy obscuramente: “[...] cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas[...]” P. 91. A no ser que se indique lo contrario, toda cita pertenece a
 La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades.
Joseph V. Ricapito (Ed.). 2a ed. Santafé de Bogotá: REI–Cátedra, 1992.
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Joseph V. Ricapito. “Introducción.”
 Ibíd.
P. 65.
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Además, si de realismo se trata, deberíamos poner igualmente en duda esa cualidad suya para contar un relatotan pensado, tan poco divagante, preciso en relación al fin buscado, que será su justificación.
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Que le dice “[...] no mires a lo que pueden decir, sino a lo que te toca, digo a tu provecho,” y a lo que Lázaro leresponde “[...] yo determiné de arrimarme a los buenos” P. 202.
 
Lázaro se engaña a sí mismo, pero no sabe hasta qué punto. Intuye el engaño, pero lo consideralo mejor que podía hacer. Pero nadie puede engañarse a sí mismo, más que ante otra cosa (para lasociedad, o para aquel otro que es el inconsciente). Es decir, Lázaro se engaña sin saber realmente que se engaña, cuál es su engaño (pues si conociera su engaño ¿estaría realmenteengañado?). Pero si ni siquiera sospecha que se engaña, no sería un engaño más que a los ojos delos otros, lo que no es este el caso, porque la sospecha estuvo al menos un momento en Lázaro,
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  pero ha preferido “desecharla” (y no sabemos hasta qué punto conscientemente) en favor de su buena vida, y sin importar la posibilidad de que se le engañe. Sin embargo, lo más grave es que basa aquella decisión en la certeza de no ser más santo que sus vecinos y relata su vida parademostrar que si se engaña no es su culpa, sino de aquella sociedad que lo llevó a aceptar como preferible ese posible engaño.Lázaro entonces pasará revista a sus padres yamos haciendo hincapié en que todos eran unos para él y otros de cara a la sociedad, de lo cual podía inferir que el engaño es necesario,sobretodo para quienes la fortuna fue parcial. Lo que Lázaro debe aprender duramente,intentando engañar de entrada –porque de ello dependía su vida, según él– a esos “artistas” delengaño (sobretodo al ciego y al clérigo, que, tal como los presenta, parece que todo pacto conellos era imposible). Sin embargo a partir del escudero Lázaro aprende que la lucha no debe ser necesariamente a muerte, que puede pactar y salir ganando ambos (y hasta abandonarlos cuandoya no le sirven de más). Entonces puede verse en la figura del Arcipreste a otra especie de amocon el que Lázaro pacta para afianzar su “buen puerto” de descanso y tener algo para la vejez.Para Benito Brancaforte,si no se recurriese al inconsciente, al deseo del hijo de reconciliarse con el rival paracompartir el objeto de su anhelo, la madre, sería muy difícil poder explicar la pasividad, la falta total de libertad por parte de Lázaro frente a la decisión delArcipreste. Esta falta de libertad de Lázaro contrasta con su independencia respectoa sus amos, a quienes busca y deja según le convenga, después del Tratado Tercero.
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Apreciación que es válida si consideramos a la madre no como aquella de carne y hueso sinocomo un estado primigenio, en la cual el pequeño Lázaro podía verse colmado en gran medida,sin estar obligado a luchar por su subsistencia. Lázaro pierde aquel estado primigenio con lamuerte de su padre, el castigo de Zayde, y el destierro de la madre, todo lo cual lo conduce a su primer amo, el ciego, que entonces le revelará su nuevo estado.
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De allí en adelante, Lázaroderivará de uno a otro amo de “arriba a abajo” con los dos siguientes, y de “abajo a arriba” conlos otros. Figuras paternas corruptas que representarán la ley para Lázaro, pero a través de lasque Lázaro siempre anhela (representado en su hambre) aquel estado primigenio, “materno”, que busca desesperadamente por las vías del engaño.
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Vías de engaño y astucia que al fin y al caboson las características básicas del pícaro como posibilidades de subsistencia.Lázaro alcanza con el Arcipreste lo que considera su “buen puerto” (el título “San Salvador”no puede ser más claro para Lázaro), no importa que su oficio de pregonero sea considerado bajo, y que tenga que compartir su esposa con él. Al fin y al cabo Lázaro nunca ha pedido
Hugo Blumenthal © 20072
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“Y mejor les ayude Dios que ellos dicen la verdad.” P. 202. Cf. también la explícita interpolación en este punto de la edición de Alcalá.
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Benito Brancaforte, “La abyección en el “Lazarillo de Tormes””.
Cuadernos hispanoamericanos.
No. 387. 1982.[Pp. 551–566], p. 560.
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Tras el golpe con el toro de piedra, dirá Lázaro: “[...] en aquel instante desperté de la simpleza en que como niñodormido estaba. Dije entre mí: “Verdad dice éste [el ciego], que me cumple avivar el ojo y avisar pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer.”” Pp. 109–110.
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Sus padres, Zayde y sus amos tampoco le han enseñado otro modo, la posibilidad de un trabajo honrado,enmarcado dentro de las normas sociales.

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