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 René Guénon
OrienteyOccidente
(1924)
 
RENÉ GUÉNON, ORIENTE Y OCCIDENTE
PREFACIO
Rudyard Kipling escribió un día estas palabras:
 East is East and West is West, and never the twain shall meet 
, literalmente «Oriente es Oriente y Occidente es Occidente,y los dos no se encontrarán nunca». Es cierto que, en la continuación del texto, modi-fica esta afirmación, admitiendo que «la diferencia desaparece cuando dos hombresfuertes se encuentran cara a cara después de haber venido de las extremidades de latierra», pero, en realidad, ni siquiera esta modificación es muy satisfactoria, ya que esmuy poco probable que el autor haya pensado ahí en una «fuerza» de orden espiritual.Sea como sea, la costumbre es citar el primer verso aisladamente, como si todo lo quequedara en el pensamiento del lector fuera la idea de la diferencia insuperable expresa-da en este verso; no se puede dudar que esta idea representa la opinión de la mayoríade los Europeos, y en ella se siente apuntar todo el despecho del conquistador queestá obligado a admitir que aquellos a quienes cree haber vencido y sometido llevanen sí algo sobre lo que no podría tener ningún poder. Pero, cualquiera que sea el senti-miento que puede haber dado nacimiento a una tal opinión, lo que nos interesa antetodo, es saber si esta opinión está fundada, o en qué medida lo está. Ciertamente, alconsiderar el actual estado de las cosas, se encuentran múltiples indicios que parecen justificarla; y sin embargo, si fuéramos enteramente de esta opinión, y si pensáramosque ya no es posible ningún acercamiento y que ya no lo será nunca, no habríamosemprendido el escribir este libro.Quizás más que ninguna otra persona, tenemos consciencia de toda la distancia quesepara Oriente y Occidente, sobre todo el Occidente moderno; por lo demás, en nues-tra
 Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes
, hemos insistido particu-larmente sobre las diferencias, hasta tal punto que algunos han podido creer en algunaexageración por nuestra parte. Sin embargo, estamos persuadidos de que no hemosdicho nada que no fuera rigurosamente exacto; y al mismo tiempo, en nuestra conclu-sión, considerábamos las condiciones de un acercamiento intelectual que, con ser ver-daderamente muy lejano, no por ello nos parecía como menos posible. Así pues, si noshemos levantado contra las falsas asimilaciones que han intentado algunos occidenta-les, es porque éstas no son uno de los menores obstáculos que se oponen a este acer-camiento; cuando se parte de una concepción errónea, los resultados van frecuente-mente en contra de la meta que uno se ha propuesto. Al negarse a ver las cosas talescomo son y a reconocer algunas diferencias al presente irreductibles, uno se condena
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RENÉ GUÉNON, ORIENTE Y OCCIDENTE
a no comprender nada de la mentalidad oriental, y así no se hace más que agravar y perpetuar los malentendidos, cuando sería menester dedicarse ante todo a disiparlos.Mientras los occidentales se imaginen que no existe más que un solo tipo de humani-dad, y que no hay más que una sola «civilización» en diversos grados de desarrollo,no será posible ningún entendimiento. La verdad es que hay civilizaciones múltiples,que se despliegan en sentidos muy diferentes, y que la civilización del Occidente mo-derno presenta caracteres que hacen de ella una excepción bastante singular. Admi-tiendo incluso que sean efectivamente comparables, no se debería hablar nunca de su- perioridad o de inferioridad de una manera absoluta, sin precisar bajo qué aspecto seconsideran las cosas que se quieren comparar. No hay civilización que sea superior alas demás bajo todos los aspectos, porque al hombre no le es posible aplicar igualmen-te , y a la vez, su actividad en todas las direcciones, y porque hay desarrollos que apa-recen como verdaderamente incompatibles. Únicamente, es permisible pensar que hayque observar una cierta jerarquía, y que las cosas del orden intelectual, por ejemplo,valen más que las del orden material; si ello es así, una civilización que se muestra in-ferior bajo el primer aspecto, aunque sea incontestablemente superior bajo el segundo,se encontrará aún desaventajada en el conjunto, cualesquiera que puedan ser las apa-riencias exteriores; y tal es el caso de la civilización occidental, si se la compara a lascivilizaciones orientales. Sabemos bien que esta manera de ver choca a la gran mayo-ría de los occidentales, porque es contraria a todos sus prejuicios; pero, aparte detoda cuestión de superioridad, es menester que admitan al menos que las cosas a lasque los occidentales atribuyen la mayor importancia no interesan forzosamente a to-dos los hombres al mismo grado, que algunos pueden tenerlas incluso como perfecta-mente desdeñables, y que se puede hacer prueba de inteligencia de otro modo queconstruyendo máquinas. Ya sería algo si los europeos llegaran a comprender eso y sise comportaran en consecuencia; sus relaciones con los demás pueblos se encontrarí-an algo modificadas por ello, y de una manera muy ventajosa para todo el mundo.Pero ese no es más que el lado más exterior de la cuestión: si los occidentales reco-nocieran que no todo es forzosamente despreciable en las demás civilizaciones por laúnica razón de que difieren de la suya, nada les impediría ya estudiar esas civilizacio-nes como deben serlo, queremos decir, sin una toma de partido por la denigración ysin hostilidad preconcebida; y entonces algunos de entre ellos no tardarían quizás enapercibirse, por este estudio, de todo lo que les falta a ellos mismos, sobre todo desdeel punto de vista puramente intelectual. Naturalmente, suponemos que esos habríanllegado, en una cierta medida al menos, a la comprehensión verdadera del espíritu delas diferentes civilizaciones, lo que requiere otra cosa que trabajos de simple erudi-
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