No es una casualidad. Es tan sólo la demostración más notoria de que elsistema de comunicación en su conjunto no funciona sobre la base de laverdad y de la información correcta, sino con el objetivo de difundir noticiasque proporcionan una cierta interpretación de la realidad o de disimularciertas partes de la realidad en beneficio de otras que hacen mejor servicioa los mecanismos de la dominación y que son más cómodas de contar.Se podría argüir que siempre ha sido así. Pues bien, yo digo que no ha sidosiempre así. Lo que ocurre hoy día en este terreno es muy, muy diferentede lo que ocurría en el pasado. Actualmente vivimos una nueva épocahistórica, nos encontramos en un viraje decisivo de la historia. Eso noocurre a menudo. A menudo sucede que durante largos periodos de tiempono hay grandes cambios estructurales. En primer lugar, es esencialentender esto. Y entender, en segundo lugar, que la comunicación y lainformación constituyen los instrumentos decisivos de esta
mutaciónestructural histórica
, constituyen los cimientos, la base.Sin esta base, este cambio no hubiera tenido, y no tendría, tantaimportancia histórica. Es importante entender todo esto, porque o biensomos capaces de hacerlo (y entonces podríamos defendernos), o bien nosomos capaces, y entonces estaríamos vencidos.Por otra parte, como dichos procesos se desarrollan tan rápidamente, hayque comprender rápido, por así decirlo. El tema de la comunicación, y el dela democracia en la comunicación, se ha vuelto esencial para cualquierlucha que intente defender la democracia de nuestro país. O somos capacesde tratarlo, o perderemos la democracia.Una comunicación indecente (es decir, desprovista de valor intelectual, dedecencia, de cultura) y manipulada (es decir, engañosa, bajo las múltiplesformas que pueden inducir a error a aquellos que la reciben) priva a lapoblación de medios intelectuales para defenderse. Un país no se puedeconsiderar una democracia si una gran mayaría de su población estásometida a una comunicación manipulada y a una informaciónfundamentalmente falsa.El cuadro que tenemos ante nuestros ojos nos muestra que están a puntode robarnos la democracia, aunque no nos impidan ir a votar. Mejor; así seguiremos yendo a votar sin darnos cuenta (u olvidando) que el ejerciciode la democracia es algo muy distinto del ejercicio del voto. Este último noes más que una parte necesaria, pero no suficiente, para que se puedacalificar a una sociedad de «democrática».Pero es evidente que el ejercicio del voto pierde todo su sentido y seconvierte en un procedimiento puramente formal si los votantes ya no estáncualificados para elegir, para ver la diferencia entre las variantes, entre losprogramas, entre las opciones. Y la información es lo que nos permite saberqué nos conviene elegir.