El 83% de las personas con el problema, ha ocultado a su familia signosde juego, como boletos de lotería, resguardos de apuestas, o dinero obtenido jugando, produciéndose discusiones por la forma de administrar el dinero y suempleo en juego en el 85% de los casos.Además, en el 88% de los cincuenta casos, se emplea dineroproveniente de la pareja o de los familiares.Por otra parte, al analizar acontecimientos significativos que hayanocurrido a la par que el inicio del último episodio de juego descontrolado, seencontró en que en el 62,5% de los casos había ocurrido algo de relevancia enel contexto familiar (desde nacimiento de hijos, hasta discusiones con ellos,pasando por la emancipación, aunque también se dan discusiones y/oalejamiento y defunciones de familiares cercanos). Estos acontecimientos oalgunos aspectos derivados de estos, produjeron en las personas encuestadasun malestar significativo (estrés).
4. Discusión
A la vista de los resultados expuestos se hace evidente que la familia esun importante motor de cambio en cuanto a esta adicción. Es desde luego, laprincipal promotora en cuanto a consultar con un profesional de la saludmental. Parece que el jugador solo abandonará esta conducta en cuanto seaun problema para él, y esto es así cuando sufre directamente lasconsecuencias en aspectos no económicos, ya que el dinero no es sino elmedio empleado para implementar la solución. Solución, en muchos casos,como se puede ver en los datos presentados, a sentimientos de malestar relacionados con eventos acaecidos en el contexto familiar.La implicación de lo que decimos es que el juego tiene una funcionalidadmuy especial en la vida del jugador, ya que posiblemente consigue evadirse jugando, con lo cual no tendría sentido el implementar un tratamiento enfocadoexclusivamente a dejar de jugar, sino, de acuerdo con Hand y cols. (1995), a“tratar” el problema que está a la base del juego excesivo.Así pues, de situar correctamente ese motor de cambio que puede ser lafamilia, depende buena parte de la efectividad de lo que hagamos a la hora deconseguir una toma de conciencia del problema y del intento de modificaciónde esta conducta.A la vista de nuestros datos parece que la toma de conciencia delproblema sólo se produce cuando la pareja "claudica". Es decir, cuando decideactuar respecto a sus propios intereses y deja en manos del jugador la decisiónde qué hacer en adelante en relación a su propia vida. Si observamos que unagran parte del dinero que utiliza el jugador también proviene de la familia,parece que las decisiones a tomar no consisten en que la pareja controleabsolutamente todos los recursos económicos o que tenga que soportar losarranques de humor del jugador/a compulsivo/a, sino al contrario, velar por suspropios intereses, delimitar sus derechos y/o libertades y consecuentementecon esto, dejar el espacio que corresponde al otro.Proponemos el papel de la familia no como método de control y coacciónterapéutica, sino como el mas poderoso motor de cambio desde la libertad y lalibre adopción de alternativas vitales.El modelo se adapta a la cada vez más asumida realidad familiar actual,donde cada miembro de la pareja es libre de continuar o no la relación, y donde
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