En mayo de 1972, james Irwin –
oficialmente
el sexto caminante lunar- dimitió paraconvertirse en misionero baptista, y entonces dijo: “El vuelo hizo de mí una personaprofundamente religiosa y más intensamente consciente de la frágil naturaleza de nuestroplaneta”.Edgar Mitchell, que alunizó con la Misión Apolo 14 en febrero de 1971, también dimitió,en mayo de 1972... para dedicarse a la parapsicología. Más tarde, en la sede central de suInstituto paras las Ciencias Mentales, en las cercanías de San Francisco, describió suobservación de este mundo desde la Luna: “Entré en una fase patética, en una especie deangustia. Ese planeta increíblemente hermoso que era la Tierra..., mi suelo natal, no era másgrande que mi pulgar... Una joya azul y blanca contra un cielo de terciopelo negro... estabasiendo exterminada”. El 23 de marzo de 1974, el
Daily Express
lo cita afirmando que lasociedad sólo disponía de tres caminos, y que el tercero era “la alternativa más viable, peromás difícil”.Otro de los caminantes lunares de la Apolo, Bob Grodin, fue igualmente concretocuando un reportero de la Sceptre Televisión le entrevistó el 20 de junio de 1977: “¿Creéis quenecesitan toda esa basura allá en Florida sólo para poner a dos tipos en una... en unabicicleta? ¡Qué va! ¿Sabéis por qué nos necesita? Para tener una historia que justifique toda laquincallería que han estado disparando al espacio ¡No somos nada, muchacho! ¡Nada!”.El 11 de julio de 1977,
Los Angeles Times
se acercó al núcleo de la cuestión- más quecualquier otro periódico- al publicar una notable entrevista con el doctor Gerard O’neill. Eldoctor O’neill es un profesor de Princeton que en 1976 –su año sabático- actuó como profesorde Estudios Aerospaciales en el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) y que todoslos años obtiene aproximadamente quinientos mil dólares de la NASA en subsidios parainvestigación. He aquí un fragmento de dicho artículo:La ONU,
dice
, ha calculado de manera conservadora que la población mundial,actualmente superior a los cuatro mil millones de habitantes, aumentará hasta unos seis milquinientos millones hacia el año 2000. Hoy,
agrega
, aproximadamente el 30% de la poblaciónmundial habita en naciones desarrolladas. Pero, debido a que la mayor parte del crecimientodemográfico previsto se producirá en países subdesarrollados, dicha cifra se reducirá al 22% afinales del siglo. El mundo del año 2000 será más pobre y más hambriento que el de nuestrodías,
afirma
.El doctor O’neill también expuso los problemas provocados por la capa atmosféricaterrestre de unos 6.500 kilómetros, pero –con toda probabilidad porque la reseña erarelativamente breve- no se transcriben sus palabras cuando hace referencia a la amenazaadicional planteada por el conocido síndrome de “invernadero”.¿La solución? El doctor O’neill la denominó Isla 3. Y agregó: “En realidad no hay nadaque deliberar acerca de la tecnología involucrada para llevarlo a cabo. Esto ha sido confirmadopor los dirigentes más importantes de la NASA”.Pero O’neill, un hombre casado y con tres hijos, al que le gusta hacer volarplaneadores en su tiempo libre, no comprendió que erraba ligeramente el blanco. Tenía razón,por supuesto, en cuanto a la tecnología, pero no sabía nada de las ramificaciones políticas, y lehabría sorprendido enterarse de que la NASA pasaba sus investigaciones a los rusos.Incluso eminentes especialistas políticos –tan respetados en su especialidad como eldoctor O’neill en la propia- se sintieron desconcertados por una contracorriente que detectaronen las relaciones Este-Oeste. El profesor G. Gordon Broadbent, director del Instituto deEstudios Políticos de Londres –financiado privadamente- y autor de un importante estudiosobre la diplomacia EEUU-URSS desde los años cincuenta, destacó ese hecho el 20 de juniode 1977, cuando fue entrevistado por Sceptre Televisión: “En la cuestión más amplia de lasrelaciones Estados Unidos-URSS, debo reconocer que existe un elemento de misterio quepreocupa a muchos especialistas de mi campo”. Añadió: “Lo que sugerimos es que, en losniveles más elevados de la diplomacia Este-Oeste, ha estado operando un factor del que loignoramos todo. Podría ser – y acentuó la palabra
podría
- que ese factor desconocido fueseuna especie de operación en gran escala, aunque secreta, en el espacio. Pero en cuanto a lasrazones en ells subyacentes... no entramos en especulaciones2.El profundo malestar de Washington ante las revelaciones de O’neill a través de
Los Angeles Times
puede evaluarse por la urgencia con que se congregó un proyecto de ley de“supresión” en el código legal. El 27 de julio de 1977 –sólo dieciséis días después de lapublicación de la entrevista de O’neill-, el columnista Jeremy Campbell informó, en el
Evening
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