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CONCEPCIÓN CATÓLICA DE LA ECONOMÍA
Edición de los Cursos de Cultura CatólicaImpreso por Francisco A. Colombo,19 de septiembre de 1936
PROLOGO
 BUSCAD PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, Y TODO LO DEMAS SE OS DARÁPOR AÑADIDURA, ha dicho Jesucristo.Estas palabras no son una máxima piadosa. Son una ley de la realidad.El mundo moderno, que ha querido buscar ante todo lo económico, no sólo no consiguió esto, sinoque perdió por añadidura el reino de Dios.Este libro pretende dejar constancia de este hecho. Sobre todo, quiere hacer ver que el Evangelio y la Doctrina de la Iglesia, – expresada tan maravillosamente por Santo Tomás de Aquino –, contiene los principios esenciales de la vida humana, que ninguna economía puede olvidar. La economía no tiene un fin en sí, como si fuese un Dios. La economía está en función del hombre. Debe servir al hombre. Y no a un hombre forjado en el cerebro de un filósofo, sino al servicio del hombrereal, como criatura creada por Dios con, todas las virtualidades jerárquicas que en sí encierra.Si se olvida esta verdad de sentido común, se expone uno a forjar creaciones verdaderamente ma-ravillosas pero nefastas.Es lo que acaece con los regímenes económicos modernos y con las teorías de los economistas,que parecen construcciones sumamente grandiosas. Pero, ¿de qué valen si en lugar de servir, sacrifican ala colectividad humana? Da pena contemplar el derroche de complicada técnica de muchos economistas en elucubraciones-admirables que caen en el vacío por no tener presente esta verdad elemental de que una economía valeen la medida en que es benéfica al hombre. Por tal razón este libro no es ni puede ser un libro de técnica.Es simplemente una reflexión de sentido común, sobre las realidades de la vida económica.Cuando la vida económica está ordenada en un sentido humano, la técnica puede desempeñar unabenéfica función, haciendo más ajustable los distintos órganos de la actividad económica con un rendi-miento más humano.Pero si f alta este ordenamiento humano, toda técnica resultará estéril, cuando no maléfica. No es que se desprecie la técnica. La técnica tiene una misión útil, pero secundaria. La técnica esde suyo miope. Debe estar iluminada por los sentidos superiores. Es posible, p. ej., que, en el "conjunto xde fenómenos económicos”, un técnico que compara el movimiento financiero descubra un progreso enlas actividades que pueda traducirse en una ascensión de curvas matemáticas; pero, ¿se sigue de allí quela vida económica real ha progresado, aportando mejoras reales de riqueza y bienestar a todos los quehan actuado en el "conjunto x de fenómenos económicos"? ¿No es posible que ese progreso de curvasseñale un aumento real en el conjunto total, pero como hay desigualdad en la distribución, ese progresose haya hecho en beneficio de unos pocos y a expensas del cuerpo social? ¿Y allí donde la técnica hayade comprobar un progreso de curvas, la verdad del bienestar humano señala un descenso? ¿Acaso no escosa manifiesta que nunca ha habido en la humanidad, un movimiento financiero, bursátil sobre todo, tanenorme como hoy, y que sin embargo, el bienestar humano no es mejor con respecto a otros tiempos? Demuestra esto que la técnica de suyo miope debe estar iluminada por vistas superiores de la inte-ligencia. De la inteligencia, digo, que ve la razón y esencia de las cosas, y que se llama SENTIDO CO- MÚN cuando procede bien por el instinto propio de alcanzar la verdad, y que se llama FILOSOFÍA ARISTOTÉLICO-TOMISTA cuando puede justificar reflexivamente que procede bien.
 
 
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 De aquí que este libro sea, en verdad, una filosofía católica de la Economía. Pero al decir filoso- fía, no se imagine nadie que es una creación antojadiza del cerebro. La verdadera filosofía no es más quela penetración reflexiva en los seres, tratando de determinar sus leyes esenciales. El filósofo auténtico nocrea ni inventa, sino que lee.Por esto, el presente libro quiere poner de relieve el ordenamiento esencial de toda economía queesté en verdad al servicio del hombre: simplemente, de la economía. Porque una economía que no sirvaal hombre es un contrasentido. Sería una economía antieconómica.Que sirva al hombre total con las virtualidades jerárquicas que en sí encierra. El hombre no es un puro estómago. Además de estómago, el hombre es racional; además de hombre, tiene, por la misericor-dia de Dios, un destino divino. La Economía debe procurar al hombre social los bienes de su cuerpo, pa-ra que el hombre alcance ese destino divino.Sólo respetando esta ley esencial del hombre, la procuración de los bienes materiales será en verdad unaEconomía.
 
 
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CAPITULO ILA ECONOMIA Y LA ECONOMIA MODERNA
El mundo vive hoy bajo el signo de la inquietud económica, Porque se ha Perdido el sentido de laeconomía. Se conocen una infinidad de fenómenos económicos, llamados producción, tierra, capital, tra-bajo, finanzas, consumo; se registran pretendidas leyes económicas; se construyen teorías y se crean es-cuelas económicas; pero no se posee el sentido de la economía, porque se ha perdido el de la vida humana.El mundo moderno – llamo mundo moderno al engendrado por la acción antitradicional de la Re-forma Protestante, perpetuado en el liberalismo del siglo XIX y dispuesto ahora a sepultarse en la anar-quía bolchevista –, el mundo moderno, digo, no sabe ni puede saber qué es la vida, porque se ha privadodel acto propio de la inteligencia, que es “juzgar”.En el "juicio", la inteligencia conoce el valor real (ontológico) de las cosas. Es un acto esencialmente te-leológico. Frente a un ser, no tanto quiere conocer su funcionamiento, su mecanismo, su realidad fenomé-nica, como su esencia determinada por su finalidad: "¿Para qué es tal ser?”, y conocida su finalidad, ajus-tar a ella su funcionamiento.Por esto nuestra preocupación constante en el presente libro será formular un juicio de valor sobrela realidad económica. Habremos de penetrar en las entrañas mismas de los fenómenos económicos mo-dernos, para descubrir su conformación esencial y ver si hay en ellos una perversión ingénita, y en estecaso, proponer las condiciones del medicamento eficaz. Como los fenómenos económicos que nos rodeanson esencialmente capitalistas, nada más justo que precisar la naturaleza de la Economía capitalista.
 Materia y forma de la economía
En toda construcción económica concreta p. ej. la Economía capitalista liberal, podemos distinguirdos elementos distintos, unidos substancialmente en un único ser; usando el lenguaje aristotélico-tomista,llamaremos materia al elemento pasivo e informe que recibe como un alma y conformación del otro ele-mento, que denominaremos forma. De la unión substancial de esta materia y de esta forma se engendrauna construcción económica concreta, del mismo modo que todo ser material, el agua por ejemplo, resultade una determinada cantidad de materia informada por el principio determinante y específico, que es laforma. La materia es un elemento común que puede estar informada por formas distintas, dando lugar en-tonces a seres o esencias distintas. Cuando, por ejemplo, bebemos agua, y ésta se convierte en nuestra car-ne, la forma de agua desaparece y da lugar a la de carne; pero la materia queda la misma, y sustenta ahorala forma de carne como antes sustentaba la agua. Quiere decir esto que puede haber dos seres sucesiva-mente distintos que tengan una misma materia.Apliquemos esta doctrina a la economía capitalista liberal. En ella, la máquina, el crédito, el inter-cambio mundial de productos, p. ej., es como la materia del edificio económico, y la conformación que seda a estos elementos es como la forma. Si a estos elementos se les imprimiese una conformación distinta,si se los determinase con otra forma, podría surgir también una economía distinta. Por esto, lo interesantepara el conocimiento de una construcción económica es la determinación de aquel principio formal queconstituye como su alma.No obstante, los elementos materiales ofrecen también interés, por cuanto una forma determinadano puede informar una materia si no se halla ésta en ciertas disposiciones propicias: así por ejemplo, el ali-mento que comemos no se asimila en nuestra substancia sino después de un proceso de transformación,realizado por la acción de los jugos gastro-intestinales, que disponen la materia para la recepción de una
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