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estudiar. En las constituciones de la Orden se establece que los frailes “sedediquen de tal manera al estudio, que de día, de noche, en casa y en viajelean algo y mediten”. No podía fundarse un convento sin que hubiese en élal menos un doctor para instruir a los frailes y a los clérigos de fuera quequisiesen asistir. La filosofía está presente como disciplina obligatoria enlos programas de estudio, y también el aprendizaje de lenguas.Tomás entra como novicio en la Orden de Predicadores en 1244.Tuvo como maestro, durante tres años, a Alberto de Bollstädt, conocidomás tarde como Alberto Magno. Se ordena sacerdote en 1251, y desdeentonces su oficio es el estudio y la enseñanza, que desempeña en laUniversidad de París y en la corte pontificia.Fue durante toda su vida maestro de teología. Es decir, enseñó sóloteología. Esta ciencia, según lo explica el mismo Tomás en el comienzo dela
Summa
que dedica a ella, comprende en su objeto todo lo que puede sersabido. Ese objeto es lo divinamente revelable: “Si, pues, la Sagrada Escri-tura considera algo en cuanto revelado por Dios, todo lo que es revelablepor Dios comunica en la razón formal del objeto de esta ciencia” (
SumaTeológica
, parte I, cuestión 1, artículo 3, en el cuerpo). Y, como es obvio,lo divinamente revelable es lo inteligible. No hay, por esto, ningún temaextraño para el teólogo, del mismo modo como no lo hay para el filósofo.Lo que distingue al teólogo de los demás científicos es el criterio con que juzga y su intención cognoscitiva: su finalidad es conocer a Dios, y a todaslas cosas en cuanto son criaturas de Dios, o en cuanto Dios es fin de suexistencia.Esta intención teológica de su saber es lo que hay que tener presentecuando se estudia el pensamiento de Tomás de Aquino sobre cualquiertema específico. Como, por ejemplo, el político. En el breve proemio queescribió a su
De Regimine Principum
expresa con precisa claridad estaintención. Al dedicar el escrito al rey de Chipre, Hugo II, quien le habíapedido consejo para su buen gobierno, le dice:
Pensando yo qué podría ofrecer a su Alteza real digno de ella yconforme a mi profesión y deber, se me ocurre que lo mejor esdedicarle un libro sobre el gobierno, en el cual exponga con lamayor diligencia el origen del poder y cuanto se refiere al oficiodel rey de acuerdo con la autoridad de la Sagrada Escritura, con losprincipios de los filósofos y con los ejemplos de los príncipes másesclarecidos. Para empezar, desarrollar y concluir esta obra, segúnla capacidad del propio ingenio, espero el auxilio de aquel que esRey de reyes y Señor de los señores, por quien los reyes reinan,Dios, gran Señor, superior a todos los dioses.
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