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YO VISITÉ GANIMEDESPrimera ParteC A P I T U L O ILa Visita del OVNI
Fui amigo de Pepe desde niño (permítaseme guardar respetuoso silencio sobre su verdadero nombre).Crecimos juntos, y juntos pasamos, también, las etapas de la adolescencia, la juventud fogosa y alegre,y la madurez reposada de hombres comunes y amantes de la vida hogareña, de esa vida modesta ysencilla que hacen en este mundo millones de seres de clase media. Ambos, igualmente, pudimosdisfrutar de una educación esmerada para asegurar una vida cómoda y respetable que, sin estar exentade las luchas y problemas comunes a la generalidad, nos permitió formar hogares dignos. Pepe y yotuvimos la suerte de encontrar esposas buenas, comprensivas, hacendosas, y aunque él no llegó a tenerhijos, como yo, había disfrutado de treinta años de vida conyugal verdaderamente feliz. Conlaboriosidad y honradez logró reunir lo preciso para rodear a su esposa de los elementos suficientespara una vida tranquila, y en los últimos años de su matrimonio gozaron de la comodidad de una casapropia, rodeada por amplio y hermoso jardín.Así llegó el momento en que el destino dispuso la separación de los dos cónyuges; una noche, demanera intempestiva, dejó de latir el corazón de su dulce compañera, y desde ese instante cambió lavida de mi amigo por completo. Siempre había sido aficionado al estudio de temas profundos. Conocíaa fondo la Psicología, la Filosofía y la Metafísica; las más de las veces, dedicaba largas horas a lainvestigación del pasado de la humanidad y en la resolución de problemas relacionados con la Vida ycon el Cosmos. A la muerte de su esposa, después de los primeros días del fatal impacto, se habíaencerrado en su casa, en medio de sus recuerdos y sus libros, siendo para mi tarea tremenda el lograrsacarlo, de rato en rato, para procurarle alguna distracción.Transcurrieron varios meses desde el sepelio de su señora, y nuestra amistad, cada vez más estrecha ymás íntima, hizo que nos viéramos y pasáramos juntos largas horas todos los días. Llegó a ser cotidianocompañero de mesa de los míos, y mis hijos se acostumbraron a tratarlo como "el tío Pepe", y a esperarsu llegada con gran interés, porque siempre tenía alguna historia amena y divertida que contar... Así lascosas -hace de esto apenas dos meses- nos sorprendió no recibir su acostumbrada visita. Esperamoshasta tarde para almorzar, y como no llegara, llamé repetidas veces por teléfono a su casa, sin obtenerrespuesta. Sabíamos que desde la muerte de su esposa, tenía sólo a su servicio un antiguo mayordomo;pero se había habituado a cerrar con llave todas las puertas de la residencia cada vez que salía, y aún enla noche, permanecía encerrado en la casa, pues el criado tenía un departamento aparte, en el jardín, sincomunicación alguna con el resto del edificio, ni con el teléfono.Como el resto del día no lograra comunicarme con él, esa noche insistí en mis llamadas, con idénticoresultado. Nos extrañaba aquel silencio, tan desusado, y sabíamos por experiencia que no acostumbrabapernoctar fuera. Por tales razones, al no lograr comunicación a la mañana siguiente, fui en su busca.Encontré al mayordomo nervioso y profundamente extrañado.-No sé nada del Señor -me dijo-. Anteanoche llegó a la hora de costumbre, cerró las puertas comosiempre... y no lo he visto en todo el día.-¿Ni a la hora del desayuno?
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