Un Cuento a Guisa de Prólogo…
Los recuerdos se guardan en un cajón viejo, bien olvidados debajo de la cama… De vezen cuando, en momentos tan cotidianos, Tú barrías por allí. Cada que abría la puerta esaspequeñas luces reflejaban tus ojitos que esperaban ver algo más que un dulce en mibolsillo…Tu búsqueda comienza: revisas por aquí y miras por allá… Lees lo que escribí en estedía (o bueno, lo que intenté escribir: seamos sinceros). Y nada. Es que las palabras sedebaten entre la vida y la muerte, en ser escritas y ser escuchadas… De este modo he deconfesarte que siempre me ha sido difícil salirme de un “estilo”, pero hago el intento y aquívoy:De un tiempo para acá se ha hecho más pesada la carga, su tío traía cargando un pocomenos de lo que sentía tener: tres tamales en la panza, repartidos entre hoy y ayer, unzarape para el frío, un par de huaraches (que aquí entre nosotros, pesaban menos que alprincipio a causa de los hoyos que ya tenían de tanto caminar) y todas esas mazorcas de lamilpa que su padre en la carreta no pudo ya subir: éste fue un buen año y se pudo cosecharun poco más de lo esperado, incluso ilusión. Sólo su madre llevaba más que él, tanto másque hasta llevaba un caballo flaco que cargaba las mazorcas en su lugar.Pensaba en esa historia: palabras de su hermana que en el aire de la mañana habíanquedado, en el aire y en su mente… Pensaba en todos esos libros que olvidan gran parte dela vida, la historia cotidiana que a nadie importa por cotidiana y que sólo unos hoyos en loshuaraches suelen guardar. Y pensaba en esa historia y en que quizás, de los tres, él eraquien cargaba más.Su hermana había llegado de la ciudad huyendo de los recuerdos, porque decía que alos obreros sólo eso les quedaba entero después de los descuentos que había que hacer:“
quesque pa´ los impuestos
”… La verdad es que de por sí lo que se gana es poco y lo quese trabaja es mucho, y luego se pierde más en esa llamada inflación, que si uno busca en eldiccionario puede decir muchas cosas, pero ella sólo entendía de manera clara que todosube rápido de precio en el mercado y que se les olvida eso del aumento en el salario deltrabajador…Ella trabajaba ensamblando electrodomésticos, y cuando le pagaban ni siquiera unacafetera de las que habían pasado hace unos instantes por sus manos se podía comprar: quepagar la renta, comprar para comer, y al final, o café o cafetera, pero no los dos: si eracafetera ¿con qué se llena?, si era café, ahora hay que pagar el gas…En fin: de regreso a su lecho familiar la respuesta a sus padres fue que tan sólo elrecuerdo del campo la hizo regresar… Ese recuerdo tan enterito que ni el recorte depersonal pudo menguar…Seguía cargando la parte de las mazorcas que le habían tocado, se alejaba de la milpa yse acercaba paso a paso a su casa… Y leía un fragmento de un escrito que encontrara enuna hoja maltratada y a la mitad:
… Aquí estamos, porque aún hay gente que resiste y lucha para tener un pueblo libre, justo y que se defina en igualdad… Aquí estamos y no nos vamos, porque aún hay gente digna que sabe, no por estadísticas, sino por su propiaexistencia, que éste no es el camino, que lo que hace falta es una sociedad
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