moderna, olvidando ese sentido y dirección, por así decir,místico, tan propio ciertamente del tono español de la vida.Hacia el siglo
XVIII
, España recibe una influencia francesaque no alcanzará a asimilar nunca definitivamente y siempreserá un cuerpo extraño en su cultura, ciertamente estancada, pero genuina y auténtica.En los últimos días del siglo
XIX
, y en todo lo que vacorriendo de esta centuria, España es en Europa la gran caja deresonancia del pensamiento alemán, el cual influye de un mododecisivo en sus hombres y el que, por su idealismo, parientecercano del misticismo español, un tanto alógico y oscuro,encuentra mejor acomodo en la mentalidad íbera que el claro ysimétrico conceptualismo francés.Por así decir, a grandes saltos, España llega en estos díasde la revolución, desde el siglo
XVI
hasta la plenitud del siglo
XX
,en un pie de igualdad con lo más avanzado de Europa en problemática filosófica, política, jurídica, artística, etc. No negamos que para lo que venga en lo futuro de suhistoria, semejante salto habrá de hacerse sentir duramente por lo que implica de inmadurez y falta de ponderada gestación.Pero es lo cierto que hay allí un auténtico proceso social, unfenómeno colectivo sin artificios, cuando ha logrado dividir al pueblo español en forma tan honda y por motivos, de amboslados, tan en vigencia en los tiempos modernos.Porque, queremos expresarlo ahora, no debe olvidarseque ninguno de los partidos que hoy luchan en la península, sonreaccionarios. No lo es el que está al lado del gobierno, puestoda la ideología de izquierdas del siglo
XX
palpita vivamente enél. Ni lo es el que encamina Franco, en el que igualmente alientatoda la temática de derechas de los últimos días. Franco no es la
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