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El Talón de Hierro. Jack London

El Talón de Hierro. Jack London

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El famoso autor comunista, Jack London, conocido por sus novelas de aventuras en la naturaleza, observador de esa naturaleza y de la sociedad humana, imagina en esta novela la lucha del proletariado, la lucha de la humanidad, por su emancipación socialista como una larga batalla histórica.

Jack London habla de la oligarquía, de las multinacionales, de la Iglesia, de la mujer, de la anarquía, del socialismo, de la organización y otros muchos actores....

Examina por un lado personajes que representan el sistema salvaje sistema capitalista, sus defensores reformistas ingenuos, los sindicatos domesticados y los más extremistas conservadores nazifascistas del régimen.
Por otro lado la clase obrera organizada y con metas y objetivos concretos y las masas desorganizadas y sin un rumbo definido, etc.

El famoso autor comunista, Jack London, conocido por sus novelas de aventuras en la naturaleza, observador de esa naturaleza y de la sociedad humana, imagina en esta novela la lucha del proletariado, la lucha de la humanidad, por su emancipación socialista como una larga batalla histórica.

Jack London habla de la oligarquía, de las multinacionales, de la Iglesia, de la mujer, de la anarquía, del socialismo, de la organización y otros muchos actores....

Examina por un lado personajes que representan el sistema salvaje sistema capitalista, sus defensores reformistas ingenuos, los sindicatos domesticados y los más extremistas conservadores nazifascistas del régimen.
Por otro lado la clase obrera organizada y con metas y objetivos concretos y las masas desorganizadas y sin un rumbo definido, etc.

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06/11/2013

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EL TALON DE HIERROJACK LONDONCAPÍTULO IMI AGUILALa brisa de verano agita las gigantescas sequoias y las ondas de laWild Water cabrillean cadenciosamente sobre las piedras musgosas.Danzan al sol las mariposas y en todas partes zumba el bordoneo mecedorde las abejas. Sola, en medio de una paz tan profunda, estoysentada, pensativa e inquieta. Hasta el exceso de esta serenidad meturba y la torna irreal. El vasto mundo está en calma, pero es la calmaque precede a las tempestades. Escucho y espío con todos mis sentidosel menor indicio del cataclismo inminente. ¡Con tal que no sea prematuro!¡Oh, si no estallara demasiado pronto!1Es explicable mi inquietud. Pienso y pienso, sin descanso, y nopuedo evitar el pensar. He vivido tanto tiempo en el corazón de larefriega, que la tranquilidad me oprime v mi imaginación vuelve, apesar mío, a ese torbellino de devastación y de muerte que va a desencadenarsedentro de poco. Me parece oír los alaridos de las víctimas,ver, como ya lo he visto en el pasado2, a toda esa tierna y preciosacarne martirizada y mutilada, a todas esas almas arrancadas violentamentede sus nobles cuerpos y arrojadas a la cara de Dios. ¡Pobresmortales como somos, obligados a recurrir a la matanza y a la destrucciónpara alcanzar nuestro fin, para imponer en la tierra una paz y unafelicidad durables!1 La segunda revuelta fue en gran parte la obra de Ernesto Everhard, aunque,naturalmente, en cooperación con los líderes europeos. El arresto y la ejecuciónde Everhard constituyeron el acontecimiento más notable de la primaverade 1932. Pero había preparado tan minuciosamente ese levantamiento, que suscamaradas pudieron realizar igualmente sus planes sin demasiada confusión niretardo. Después de la ejecución de Everhard, su viuda se retiró a Wake RobinLodge, una casita en las montañas de la Sonoma, en California.2 Alusión evidente a la primera revuelta, la de la Comuna de Chicago.¡Y, además, estoy completamente sola! Cuando no sueño con loque debe ser, sueño con lo que ha sido, con lo que ya no existe. Piensoen mi águila, que batía el vacío con sus alas infatigables y que emprendióvuelo hacia su sol, hacia el ideal resplandeciente de la libertadhumana. Yo no podría quedarme cruzada de brazos para esperar elgran acontecimiento que es obra suya, a pesar de que él no esté ya másaquí para contemplar su ejecución. Esto es el trabajo de sus manos, lacreación de su espíritu3. Sacrificó a eso sus más bellos años y ofreciósu vida misma.He aquí por qué quiero consagrar este período de espera y de ansiedadal recuerdo de mi marido. Soy la única persona del mundo quepuede, proyectar cierta luz sobre esta personalidad, tan noble que esmuy difícil darle su verdadero y vivo relieve. Era un alma inmensa.Cuando mi amor se purifica de todo egoísmo, lamento sobre todo queya no esté más aquí para ver la aurora cercana. No podemos fracasar,porque construyó demasiado sólidamente, demasiado seguramente.¡Del pecho de la humanidad abatí ida arrancaremos el Talón de Hierromaldito! A una señal convenida, por todas partes se levantarán legiones
 
de trabajadores, y jamás se habrá visto nada semejante en la historia.La solidaridad de las masas trabajadoras está asegurada, y por primeravez estallará una revolución internacional tan vasta como el vastomundo4.3 Sin que esto implique contradecir a Avis Everhard, puede hacerse notar queEverhard fue simplemente uno de los muchos y hábiles jefes que proyectaronla segunda revuelta. Hay, con el curso de los siglos, estamos en condiciones deafirmar que, aunque Ernesto hubiese sobrevivido, el movimiento no habría poreso fracasado menos desastrosamente.4 La segunda revuelta fue verdaderamente internacional. Era un plan demasiadocolosal para que hubiera podido ser elaborado por el genio de un solo hombre.En todas las oligarquías del mundo los trabajadores estaban listos paralevantarse a una señal convenida. Alemania, Italia, Francia y toda Australiaeran países de trabajadores, Estados socialistas dispuestos a ayudar a larevoluciónde los demás países. Lo hicieron valientemente; y fue por eso que, cuandola segunda revuelta fue aplastada, fueron aplastados ellos también por la alianzamundial de las oligarquías y sus gobiernos socialistas fueron a su vezreemplazarlospor gobiernos oligárquicos.Ya lo veis; estoy obsesionada por este acontecimiento que desdehace tanto tiempo he vivido día y noche en sus menores detalles. Nopuedo alejar el recuerdo de aquel que era el alma de todo esto. Todossaben que trabajó rudamente y sufrió cruelmente por la libertad; peronadie lo sabe mejor que yo, que durante estos veinte años de conmocioneshe compartido su vida y he podido apreciar su paciencia, suesfuerzo incesante, su abnegación absoluta a la causa por la cual murióhace sólo dos meses.Quiero intentar el relato simple de cómo Ernesto Everhard entróen mi vida, cómo su influencia sobre mí creció hasta el punto de convertirmeparte de él mismo y qué cambios prodigiosos obró en midestino; de esta manera podréis verlo con mis ojos y conocerlo como lohe conocido yo misma; sólo callaré algunos secretos demasiado dulcespara ser revelados.Lo vi por primera vez en febrero de 1912, cuando invitado a cenarpor mi padre5, entró en nuestra casa de Berkeley6; no puedo decirque mi primera impresión haya sido favorable. Teníamos muchos invitados,y en el salón, en donde esperábamos que todos nuestros huéspedeshubieran llegado, hizo una entrada bastante desdichada. Era lanoche de los predicantes, como papá decía entre nosotros, y verdaderamenteErnesto no parecía en su sitio en medio de esa gente de iglesia.En primer lugar, su ropa no le quedaba bien. Vestía un traje depaño oscuro, y él nunca pudo encontrar un traje de confección que lequedase bien. Esa noche, como siempre, sus músculos levantaban el5 John Cunningham, padre de Avis Everhard, era profesor de la Universidaddel Estado en Berkeley, California. Su especialidad eran las ciencias físicas,pero se dedicaba a muchas otras investigaciones originales y estaba consideradocomo un sabio muy distinguido. Sus principales contribuciones a la cienciafueron sus estudios sobre el electrón y, sobre todo, su obra monumental titulada“Identidad, de la Materia y de la Energía”, en la cual estableció sin refutación
 
posible que la unidad última de la materia y la unidad última de la fuerzason una sola y misma cosa. Antes de él, esta idea había sido entrevista, pero nodemostrada, por Sir Oliver Lodge y otros exploradores del nuevo campo de laradioactividad.6 Las ciudades de Berkeley, de Oakland y algunas otras situadas en la bahía deSan Francisco están ligadas a esta última capital por abarcas que hacen latravesía en algunos minutos; virtualmente, forman una aglomeración única.género y, a consecuencia de la anchura de su pecho, la americana lehacía muchos pliegues entre los hombros. Tenía un cuello de campeónde boxeo7, espeso y sólido. He aquí, pues, me decía, a este filósofosocial, ex maestro herrero, que papá ha descubierto; y la verdad era quecon esos bíceps y ese pescuezo tenía un físico adecuado al papel. Loclasifiqué inmediatamente como una especie de prodigio, un BlindTom8 de la clase obrera.Enseguida me dio la mano. El apretón era firme y fuerte, pero sobretodo me miraba atrevidamente con sus ojos negros... demasiadoatrevidamente a mi parecer. Comprended: yo era una criatura del ambiente,y para esa época mis instintos de clase eran poderosos. Esteatrevimiento me hubiese parecido casi imperdonable en un hombre demi propio mundo. Sé que no pude remediarlo y baje los ojos, y cuandose adelantó y me dejó atrás, fue con verdadero alivio que me volví parasaludar al obispo Morehouse, uno de mis favoritos: era un hombre deedad media, dulce y grave, con el aspecto v la bondad de un Cristo y,por sobre todas las cosas, un sabio.Mas esta osadía que yo tomaba por presunción era en realidad elhilo conductor que debería permitirme desenmarañar el carácter deErnesto Everhard. Era simple y recto, no tenía miedo a nada y se negabaa perder el tiempo en usos sociales convencionales. "Si tú me gustasteenseguida, me explicó mucho tiempo después, ¿por qué no habríallenado mis ojos con lo que me gustaba?" Acabo de decir que no temíaa nada. Era un aristócrata de naturaleza, a pesar de que estuviese en uncampo enemigo de la aristocracia. Era un superhombre. Era la bestiarubia descrita por Nietzsche9, mas a pesar de ello era un ardiente demócrata.7 En ese tiempo los hombres tenían la costumbre de combatir a puñetazos parallevarse el premio. Cuando uno de ellos caía sin conocimiento o era muerto, elotro se llevaba el dinero.8 Músico negro que tuvo un instante de popularidad en los Estados Unidos.9 Federico Nietzsche, el filósofo loco del siglo XIX de la era cristiana, queentrevió fantásticos resplandores de verdad, pero cuya razón, a fuerza de darvueltas en el gran circulo del pensamiento humano, se escapó por la tangente.Atareada como estaba recibiendo a los demás invitados, y quizáscomo consecuencia de mi mala impresión, olvidé casi completamenteal filósofo obrero. Una o dos veces en el transcurso de la comida atrajomi atención. Escuchaba la conversación de diversos pastores; vi brillaren sus ojos un fulgor divertido. Deduje que estaba de humor alegre, ycasi le perdoné su indumentaria. El tiempo entretanto pasaba, la cenatocaba a su fin y todavía no había abierto una sola vez la boca, mientraslos reverendos discurrían hasta el desvarío sobre la clase obrera,sus relaciones con el clero y todo lo que la Iglesia había hecho y haciatodavía por ella. Advertí que a mi padre le contrariaba ese mutismo.Aproveché un instante de calma para alentarlo a dar su opinión. Ernesto

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Podria facilitarme el archivo? Muchas gracias
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