• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
 
El nombre de don Porfirio Toledo To-ledo es sobradamente conocido en lasoficinas del Departamento de Hacien-da del Estado Libre Asociado de PuertoRico. Hace unos años, las autoridadesfiscales puertorriqueñas decidieronrealizar una auditoría a don Porfirioporque ciertas cantidades elevadas dedólares estaban pasando por sus ma-nos sin que sus declaraciones refleja-ran ganancia personal alguna. Por estemotivo, un inspector se presentó en lacasa que el señor Toledo tiene en SanJuan de Puerto Rico. Una vez allí, lepidió explicaciones sobre los extrañosmovimientos de dinero que se estabanllevando a cabo en algunas cuentasbancarias.Don Porfirio dejó que el inspector seexplicara. Desde sus ochenta y tantosaños, y desde sus innumerables expe-riencias de negocio, don Porfirio Tole-do ha desarrollado una extraordinariacapacidad para escuchar los argumen-tos del prójimo sin interrumpir hastaque se ha expuesto el asunto. En la salade su apartamento, a salvo del calor delverano, desde su sillón favorito, donPorfirio escuchaba atentamente al fun-cionario. Calzaba el anciano zapatosmarrones al estilo antiguo, casi suspen-didos sobre el suelo, mientras sus ma-nos enlazadas reposaban en la eleganteguayabera blanca de hilo. Sus abun-dantes cabellos, aún grises y peinadoshacia atrás, como ha venido haciendodesde su adolescencia, prestaban a surostro el aspecto venerable y bondado-so del hombre bueno que siempre hasido.Lo que el inspector había venido adecirle a don Porfirio era que el fiscoestaba al corriente de que había esta-do organizando viajes desde PuertoRico a las Islas Canarias, con gruposde hasta cincuenta o más personas, yque la compra de billetes de avión, lareserva de hoteles y restaurantes, etc.tendrían que haberle dejado unos bene-ficios económicos que no se reflejabanen sus declaraciones de la renta. DonPorfirio abrió un poco más los ojos,sonrió levemente, como siempre haceantes de comenzar a hablar, y le expli-có al inspector que aquellos viajes nole dejaban ganancias, sino pérdidas.Mientras le mostraba una cuidada con-tabilidad de cada uno de aquellos des-plazamientos, el señor Toledo le hablóal burócrata de una promesa que habíahecho a su esposa antes de su muerte,consistente en llevar a Canarias cuan-tos descendientes de canarios pudiesepara darles a conocer la tierra de susantepasados.Los datos de don Porfirio eran con-tundentes: más de una vez tuvo queponer dinero de su propio bolsillo paracubrir el pasaje en avión de aquellosviajeros que cruzaban el Atlántico bus-cando algo más que una hipotéticas raí-ces familiares. En el Departamento deHacienda, el asombro fue considerabley el caso de don Porfirio ha sido am-pliamente comentado durante muchotiempo: organizar viajes turísticos paraperder dinero no es una ocupación ha-bitual.
Un hombre singular
Evidentemente, don Porfirio ToledoToledo tampoco es una persona con-vencional. Hoy puede reconocérse-le como el Padre de la canariedad enPuerto Rico y, sin exagerar un ápice,este nombramiento podría hacerse ex-tensivo a toda América. Nació en laciudad de Arecibo, situada al Norte dePuerto Rico, en el año 1922, en plenaexpansión de las empresas norteame-ricanas en la industria azucarera puer-torriqueña. Vino al mundo, pues, dosdécadas después de que España trans-firiese la Isla del Encanto a los EstadosUnidos, en el Tratado de París de 1898,y cinco años más tarde de que la LeyJones convirtiese a los puertorriqueños
Don Porfirio Toledo Toledo es el Padre de la canariedad enPuerto Rico y, por extensión, en América. Y lo es porque nadiecomo él ha realizado tantos y tan desinteresados esfuerzos parahermanar a boricuas y canarios. Don Porfirio organiza viajesentre los dos archipiélagos, pone en contacto a familias que no sehan escrito desde hace un siglo, regala libros a los ayuntamientoscanarios, estudia la genealogía de quienes le acompañan desde laIsla del Encanto y les infunde amor por el archipiélago canario.
Don Porfirio Toledo Toledo
Hijo de emigrantes isleños y Padre de la canariedad en América
 Niños llenando recipientes con agua en el río Arecibo, en el municipio de Utuado, en el año 1924. Don Porfirio Toledo se ha marcado una meta en su vida: unir a los “isleños” de ambos lados del Atlántico para que seenriquezcan, humana y culturalmente, a través del mutuo conocimiento. por Manuel Mora Morales
1
www.manuelmoramorales.com
 
en ciudadanos estadounidenses sin de-recho a voto presidencial.
Los “isleños” en América
Decir “isleño” en América es deciremigrante canario o nombrar a sus des-cendientes. Evidentemente, los cuba-nos, los puertorriqueños y los domini-canos también son isleños; no obstante,ese vocablo se usa de manera primor-dial referido a las personas procedentesde las lejanas Islas Canarias.Sólo este dato debería ser suficientepara establecer la importancia de estaemigración, no sólo en el Caribe, sinoen el continente americano, desde Nue-va York hasta la Patagonia. En todoeste territorio, el concepto que se tie-ne del isleño acusa pocas variaciones:honrado, humilde y trabajador. Comobien escribió el historiador FranciscoMorales Padrón, los canarios “No tra- jeron a América ínfulas de hidalguía y,sintiéndose coloniales ellos mismos,estaban desposeídos de la soberbia delcastellano. Hombres de vida sencilla,se dieron al trabajo ora en el campoo en la ciudad sin mirar en los oficiosocupación indigna de conquistadores opobladores.”A pesar de la enorme influencia dela emigración canaria, pocas personasen Estados Unidos o en América Lati-na conocen su auténtica envergadura.Lamentablemente, la falta de estudiosdivulgativos en esos países y el pocointerés de las instituciones canarias enestablecer un área de influencia culturalfuera del archipiélago han sustentadoeste desconocimiento. Lo que pudierahaberse convertido en el fermento deotros intercambios, como el turístico oel comercial, ha sido desaprovechadopor completo y, de momento, no exis-ten visos de que esto vaya a cambiar acorto o medio plazo.En el caso de Puerto Rico, la emi-gración canaria tuvo una importanciapreeminente, tanto en el número defamilias que se trasladaron a la isladurante cuatro siglos como en la pro-yección de la idiosincracia canaria enla puertorriqueña. Las similitudes entrepuertorriqueños y canarios van muchomás allá del hecho de compartir ali-mentos como el gofio y el sancocho,palabras como guagua o tabaiba, cos-tumbres como los velorios de infanteso devociones como la Virgen de Can-delaria. Cada vez que un puertorrique-ño se desplaza a Canarias o un canario
Guillermo Sureda, retratado por JuanToro de Juanas (1975).
Isleños ilustres
Realizar un recuento en Puerto Rico de los canarios que han trascendido sutiempo, por alguna característica destacada en labores sociales políticas o cultu-rales, no es tarea fácil, porque sus biógrafos han desposeído a muchos de su lugarde origen, como si ser canario constituyera algún agravio. A pesar de todo, enbastantes casos no es imposible seguir su rastro e incluir ejemplos que enfaticenla presencia canaria en suelo boricua. He aquí algunos ejemplos.El isleño Francisco Bahamonde de Lugo, nacido en Canarias, fue Gobernadorde Puerto Rico, entre 1545 y 1569, y constituye una honra para los canarios detodos los tiempos, porque destacó como una persona honrada a carta cabal. Larelación de sus choques con la familia de Ponce de León es demasiado prolijapara su relato aquí, pero baste con saber que su defensa de la justicia le llevó aperder su puesto de Gobernador. Y que acabado su período de gobierno regresóa Canarias “tan pobre, que al embarcarse le dio a la mujer de un sobrino suyouna cadena diciendo: ʻSeñora, no me agradezca el darle esta cadena, que no lohago por servirla, sino por decir con verdad que no llevo nada de Puerto Rico.”(Diego de Torres Vargas: “Descripción de la isla y la ciudad de Puerto Rico”).Juan Fernández Franco de Medina fue otro Gobernador de Puerto Rico (1695-98), nacido en La Laguna (Tenerife). Cuando marchó a tomar posesión de sucargo, llevó consigo a cien canarios que se establecieron en la isla.José Campeche Jordán, (San Juan, 1751-1809) es uno de los pintores más re-conocido de Puerto Rico y está considerado como en fundador de la pinturanacional. María Jordán, su madre, era una emigrante canaria que se casó conun esclavo liberto. Campeche rechazó una oferta del Rey de España para ser supintor de cámara. Destacó también como tallador en madera, organista, maes-tro de coros y arquitecto. Según elhistoriador Arturo Dávila, su obracomo reformador del canto sagradoy maestro de música “tuvo un largoeco que no se extingue hasta media-dos del siglo XIX.”Romualdo Real (1880-1959), na-tural de las Islas Canarias, fue fun-dador y director del semanario “LaRepública Española”. En compañíade sus hermanos, fundó el periódi-co “El Mundo” y la revista “PuertoRico Ilustrado”. Real escribió abun-dantemente y sus obras completasfueron publicadas en 1965.Uno de los personajes más cu-riosos que puede encontrarse entrela descendencia canaria es JuanitaGarcía Peraza (1897-1970), cono-cida hoy como Diosa Mita. Nacióen una familia católica de Hatillo ydespués se hizo pentecostal. Hacia1940, formó la Iglesia Libre, conoci-da actualmente como CongregaciónMita, extendida por varios países latinoamericanos. Juanita García amasó uncapital enorme e infinidad de fincas y edificios. Esta singular religión –cuyascreencias se basan en que la isleña Juanita era el Espíritu Santo– está en augeen Puerto Rico, lo mismo que los llamados Nuevos Movimientos, junto a gruposreligiosos como los Testigos de Jehová y los mormones.Carlos Marichal (1923-69) nació en Tenerife y murió en San Juan de PuertoRico, donde residió definitivamente a partir de 1949. Es una figura muy recono-cida por su obra pistórica, especialmente por sus plumillas. Destacó de maneraexcepcional en la ilustración de libros. Fue profesor de la Universidad de PuertoRico, dirigió el grupo teatral Tinglado y ejerció de director técnico del TeatroUniversitario en San Juan. Entre los muchos homenajes que continúa recibien-do, se ha instituido el “Premio Carlos Marichal para la Excelencia en Artes Grá-ficas” en la Universidad de Puerto Rico.Tampoco puede olvidarse a Guiller-mo Sureda Arbelo, Guillermo (1912-2006), nacido en Arucas (Gran Cana-ria) y emigrado a Puerto Rico en 1950.Un excelente pintor, conocido como el“Chopin de la acuarela”, cuya obrafue reconocida y premiada internacio-nalmente. Sureda realizó numerosasportadas de discos para la OrquestaFilarmónica de Puerto Rico.Hubo más. Incluso, se podría hablarde un obispo canario, que introdujoel culto de la Virgen de Candelariaen Puerto Rico, y hasta de un capi-tán que fue el encargado de entregarlas isla a las tropas estadounidenses,en 1898. Algún día habrá que hacer justicia histórica con los personajesrelevantes surgidos de la emigracióncanaria, no solamente en Puerto Rico,sino en otros países americanos.
 Manuel Mora Morales
 D
ON 
P
ORFIRIO
OLEDO
 , P
 ADRE
 
 DE
 
 LA
C
 ANARIEDAD
 
 EN 
A
 MÉRICA
2
www.manuelmoramorales.com
 Don Porfirio acompañaba a su padre en sus visitas a numerosas poblacionesde Puerto Rico y fue conociendo multitud de casas donde se alojaban los emi- grantes canarios o sus descendientes. Don Porfirio saborea una fruta tropical, durante una visita a la finca de unisleño en el municipio de Ciales.Óleo Juan Pantaleón Avilés (1808),del pintor isleño José Campeche.
 
a Puerto Rico, su primera reacción es elasombro de reconocer tantas cosas desu país de origen en el país de destino:las costumbres, el habla y hasta el pu-ritanismo tradicional de ambos puebloscontinúan corriendo de manera pareja.No creo equivocarme demasiado siafirmo que existen más vínculos comu-nes entre un puertorriqueño de PuertoRico y un canario que entre aquél y unnewyorican o emigrante puertorrique-ño en Nueva York.En este contexto histórico, social yreligioso que hemos visto en los ante-riores apartados, espacio cultural porel que todavía transitaban varios delos personajes mencionados, fue don-de don Porfirio Toledo vino al mundo.Un escenario que ha permanecido conel telón bajado durante varias genera-ciones, hasta el punto que en la actua-lidad gran parte de la herencia culturaltrasplantada por los canarios es atribui-da a otros emigrantes más ajenos a laformación del pueblo puertorriqueño,como los andaluces.Sólo excepcionalmente, algunoshistoriadores de la isla, como EstelaCifre de Loubriel o Manuel ÁlvarezNazario, han reparado en los canarios.Álvarez Nazario, en su obra “La heren-cia lingüística de Canarias en PuertoRico”, dejó escrito: “Cabe pensar en lainfluencia canaria respecto a los abun-dantes rasgos fonéticos, gramaticales yléxicos en los cuales coinciden las ha-blas respectivas de las islas y de nues-tro país.”
Don Pepe Toledo García
Don José, el padre de don Porfirio,fue un “isleño” oriundo del pueblitode San Miguel de Abona, en Tenerife(Islas Canarias). Llegó a Puerto Ricoen el siglo XIX, a la temprana edad de17 años, reclamado por su progenitor, ala sazón mayordomo de una finca pro-piedad de la familia Monroy (tambiénisleña), en el pueblo de Hatillo.Un tío suyo era dueño de una cer-vecería en Utuado y allí trabajó comocatador, un raro oficio en la isla. Eltrabajo de José consistía en probar losvinos que entraban en el almacén e ir-los separando por calidades. Con losahorros, pronto pudo independizarse ymontar una pulpería en Arecibo, dondevendía de todo. Más adelante, a partirde 1914, también pondría a la venta lassemillas de cebolla que le enviaba donJosé Feo desde San Miguel de Abona,allende los mares.La pulpería de José, más conocidocomo don Pepe Toledo, tuvo éxito.Por otra parte, su padre había logra-do reunir ciertos ahorros de su trabajocomo mayordomo. Así, la familia lo-gró comprar un terreno en la zona deHato Bajo, donde comenzó a sembrarpapas y cebollas para vender. Algunoscanarios que iban llegando en esa épo-ca consiguieron allí su primer empleo. –Mi papá había escogido a una mu- jer con la que procreó cinco hijos –meconfesó don Porfirio–. Después, en elaño doce, se casó con una señora deArecibo que es la mamá de mis herma-nas mayores. Ella murió en 1919. Papásalió de Puerto Rico y se fue a Canariasy se casó con mamá, en mayo de esemismo año.El viaje de regreso fue accidentado,porque el hermano de la recién casadalos acompañaba y enfermó, probable-mente de la llamada “gripe española”que azotaba el mundo durante ese añofatídico. El capitán del buque decidióque el enfermo debía desembarcar enGuantánamo (Cuba), mientras el matri-monio proseguía el viaje hacia PuertoRico. Afortunadamente, este joven so-brevivió a la enfermedad y formó fami-lia en Cuba.En ese año de 1919 ocurrió que tam-bién se produjeron contagios de gripeespañola a bordo del famoso vaporValbanera, de la compañía Pinillos,en un viaje hacia Canarias. Hubo va-rias víctimas mortales. El barco fuedesinfectado y volvió a navegar haciaAmérica, en el mes de agosto. Despuésde visitar los puertos de San Juan dePuerto Rico y Santiago de Cuba, elValbanera naufragó frente a Key West(Florida) durante un fuerte temporal.Todavía quedaban cerca de 500 per-sonas a bordo que jamás llegaron a LaHabana. No hubo supervivientes ni seencontró un solo cuerpo. Sólo se hallóuna cabeza flotanto, quince días mástarde, según un informe de la Armadaestadounidense.
Los primeros años
La infancia de Don Porfirio transcu-rrió en Arecibo. Esta población, conmuchísimos vecinos de procedenciacanaria, hoy rebasa los cien mil habi-tantes, pero a principios del siglo XXno pasaba de ser un pequeño pueblo.De niño, gran parte de su tiempo lodedicaba al colmado de su padre, aten-diendo a una clientela dispersa en laque abundaban los isleños. El pequeñoPorfirio llevaba las compras en un carrode mano hasta los domicilios dispersosen un amplio territorio. Muchas veces,los artículos comprados eran deposita-dos en el borde de los caminos para quecada familia retirase los suyos, sin quea nadie se le ocurriese robarlos.
Los préstamos
 –Mi padre tenía un colmadito. Élabastecía la compra a todos los canariosque llegaban a Arecibo, que siemprepasaban por casa, por la confianza quetenían con mi padre. Cogían la comprafiada y la pagaban cuando cosechabansus productos. De igual manera, du-rante la cosecha de caña, ellos venían,cogían fiado en ese tiempo muerto yle pagaban cuando finalizaba la za-fra. Naturalmente, eso fue levantandoel negocio, por la confianza de estosagricultores. Él mismo les introducíaen el asunto de la siembra de cebolla,les vendía las semillas para que elloslas sembraran y después les comprabatambién cebollas a ellos.Su padre, José Toledo García, comohicieron otros isleños en diferentespaíses latinoamericanos, también pusoen práctica un negocio que siempre sereveló como rentable: ofrecer a losgíbaros y a los canarios las semillas ylos bienes de consumo que necesitabanen forma de crédito hasta finalizar lacosecha. Y, en ocasiones, actuar comointermediario en la comercializaciónde esa misma cosecha, entregando alcampesino la diferencia entre la deuday el importe de la venta. Bien mirado,si se actuaba con honradez por ambaspartes, el beneficio podía ser mutuo.Más de una fortuna isleña, como la dela familia palmera Crespo en Cabai-
 Manuel Mora Morales
 D
ON 
P
ORFIRIO
OLEDO
 , P
 ADRE
 
 DE
 
 LA
C
 ANARIEDAD
 
 EN 
A
 MÉRICA
3
www.manuelmoramorales.com
 Don Porfirio baila una “plena” con doña Violeta Herrera, en una animada fiesta de isleños en casa de don Juan Delga-do y doña Mary Reyes. En primer plano, la isleña doña Josefa García, ex rectora de la Universidad de Arecibo.“Boquerón”, c.1967, dibujo a tinta del artista canario Carlos Marichal (SantaCruz de Tenerife, 1923 - San Juan de Puerto Rico, 1969).
of 00

Commenting has been disabled.