a Puerto Rico, su primera reacción es elasombro de reconocer tantas cosas desu país de origen en el país de destino:las costumbres, el habla y hasta el pu-ritanismo tradicional de ambos puebloscontinúan corriendo de manera pareja.No creo equivocarme demasiado siafirmo que existen más vínculos comu-nes entre un puertorriqueño de PuertoRico y un canario que entre aquél y unnewyorican o emigrante puertorrique-ño en Nueva York.En este contexto histórico, social yreligioso que hemos visto en los ante-riores apartados, espacio cultural porel que todavía transitaban varios delos personajes mencionados, fue don-de don Porfirio Toledo vino al mundo.Un escenario que ha permanecido conel telón bajado durante varias genera-ciones, hasta el punto que en la actua-lidad gran parte de la herencia culturaltrasplantada por los canarios es atribui-da a otros emigrantes más ajenos a laformación del pueblo puertorriqueño,como los andaluces.Sólo excepcionalmente, algunoshistoriadores de la isla, como EstelaCifre de Loubriel o Manuel ÁlvarezNazario, han reparado en los canarios.Álvarez Nazario, en su obra “La heren-cia lingüística de Canarias en PuertoRico”, dejó escrito: “Cabe pensar en lainfluencia canaria respecto a los abun-dantes rasgos fonéticos, gramaticales yléxicos en los cuales coinciden las ha-blas respectivas de las islas y de nues-tro país.”
Don Pepe Toledo García
Don José, el padre de don Porfirio,fue un “isleño” oriundo del pueblitode San Miguel de Abona, en Tenerife(Islas Canarias). Llegó a Puerto Ricoen el siglo XIX, a la temprana edad de17 años, reclamado por su progenitor, ala sazón mayordomo de una finca pro-piedad de la familia Monroy (tambiénisleña), en el pueblo de Hatillo.Un tío suyo era dueño de una cer-vecería en Utuado y allí trabajó comocatador, un raro oficio en la isla. Eltrabajo de José consistía en probar losvinos que entraban en el almacén e ir-los separando por calidades. Con losahorros, pronto pudo independizarse ymontar una pulpería en Arecibo, dondevendía de todo. Más adelante, a partirde 1914, también pondría a la venta lassemillas de cebolla que le enviaba donJosé Feo desde San Miguel de Abona,allende los mares.La pulpería de José, más conocidocomo don Pepe Toledo, tuvo éxito.Por otra parte, su padre había logra-do reunir ciertos ahorros de su trabajocomo mayordomo. Así, la familia lo-gró comprar un terreno en la zona deHato Bajo, donde comenzó a sembrarpapas y cebollas para vender. Algunoscanarios que iban llegando en esa épo-ca consiguieron allí su primer empleo. –Mi papá había escogido a una mu- jer con la que procreó cinco hijos –meconfesó don Porfirio–. Después, en elaño doce, se casó con una señora deArecibo que es la mamá de mis herma-nas mayores. Ella murió en 1919. Papásalió de Puerto Rico y se fue a Canariasy se casó con mamá, en mayo de esemismo año.El viaje de regreso fue accidentado,porque el hermano de la recién casadalos acompañaba y enfermó, probable-mente de la llamada “gripe española”que azotaba el mundo durante ese añofatídico. El capitán del buque decidióque el enfermo debía desembarcar enGuantánamo (Cuba), mientras el matri-monio proseguía el viaje hacia PuertoRico. Afortunadamente, este joven so-brevivió a la enfermedad y formó fami-lia en Cuba.En ese año de 1919 ocurrió que tam-bién se produjeron contagios de gripeespañola a bordo del famoso vaporValbanera, de la compañía Pinillos,en un viaje hacia Canarias. Hubo va-rias víctimas mortales. El barco fuedesinfectado y volvió a navegar haciaAmérica, en el mes de agosto. Despuésde visitar los puertos de San Juan dePuerto Rico y Santiago de Cuba, elValbanera naufragó frente a Key West(Florida) durante un fuerte temporal.Todavía quedaban cerca de 500 per-sonas a bordo que jamás llegaron a LaHabana. No hubo supervivientes ni seencontró un solo cuerpo. Sólo se hallóuna cabeza flotanto, quince días mástarde, según un informe de la Armadaestadounidense.
Los primeros años
La infancia de Don Porfirio transcu-rrió en Arecibo. Esta población, conmuchísimos vecinos de procedenciacanaria, hoy rebasa los cien mil habi-tantes, pero a principios del siglo XXno pasaba de ser un pequeño pueblo.De niño, gran parte de su tiempo lodedicaba al colmado de su padre, aten-diendo a una clientela dispersa en laque abundaban los isleños. El pequeñoPorfirio llevaba las compras en un carrode mano hasta los domicilios dispersosen un amplio territorio. Muchas veces,los artículos comprados eran deposita-dos en el borde de los caminos para quecada familia retirase los suyos, sin quea nadie se le ocurriese robarlos.
Los préstamos
–Mi padre tenía un colmadito. Élabastecía la compra a todos los canariosque llegaban a Arecibo, que siemprepasaban por casa, por la confianza quetenían con mi padre. Cogían la comprafiada y la pagaban cuando cosechabansus productos. De igual manera, du-rante la cosecha de caña, ellos venían,cogían fiado en ese tiempo muerto yle pagaban cuando finalizaba la za-fra. Naturalmente, eso fue levantandoel negocio, por la confianza de estosagricultores. Él mismo les introducíaen el asunto de la siembra de cebolla,les vendía las semillas para que elloslas sembraran y después les comprabatambién cebollas a ellos.Su padre, José Toledo García, comohicieron otros isleños en diferentespaíses latinoamericanos, también pusoen práctica un negocio que siempre sereveló como rentable: ofrecer a losgíbaros y a los canarios las semillas ylos bienes de consumo que necesitabanen forma de crédito hasta finalizar lacosecha. Y, en ocasiones, actuar comointermediario en la comercializaciónde esa misma cosecha, entregando alcampesino la diferencia entre la deuday el importe de la venta. Bien mirado,si se actuaba con honradez por ambaspartes, el beneficio podía ser mutuo.Más de una fortuna isleña, como la dela familia palmera Crespo en Cabai-
Manuel Mora Morales
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www.manuelmoramorales.com
Don Porfirio baila una “plena” con doña Violeta Herrera, en una animada fiesta de isleños en casa de don Juan Delga-do y doña Mary Reyes. En primer plano, la isleña doña Josefa García, ex rectora de la Universidad de Arecibo.“Boquerón”, c.1967, dibujo a tinta del artista canario Carlos Marichal (SantaCruz de Tenerife, 1923 - San Juan de Puerto Rico, 1969).
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