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GARCÍA Mfile:///C|/Users/WEBASTER/Desktop/ANTROPOMORFISMO.htm[02/02/2009 06:21:28 a.m.]
GARCÍA M. COLOMBÁS, O.S.B.: "ANTROPOMORFISMO Y ORIGENISMO" 
El antropomorfismo, por lo que sabemos, fue particularmente vigoroso entre los solitarios de Egipto haciael año 400. Su doctrina es muy simple. Según el libro del Génesis, Dios creó al hombre a su imagen ysemejanza (1). La reflexión teológica, elemental y simplista de los buenos anacoretas coptos dedujo deesta frase que Dios tenía un cuerpo humano, pensamientos humanos, sentimientos humanos. Casiano, quenos ilustra especialmente sobre esta cuestión en calidad de testigo ocular -y de víctima- de losacontecimientos, considera el antropomorfismo como una reminiscencia o reliquia del paganismo: "Elpaganismo revestía de forma humana a los demonios que adoraba; en nuestros días, los hay que estimanque se debe adorar la incomprensible e inefable majestad del verdadero Dios bajo los rasgos de unaimagen, creyendo que se hallan frente a la nada si no tienen presente una imagen a la que se dirijan al orar,que lleven continuamente en su pensamiento y en la que tengan siempre fijos los ojos"(2). Hacía elantropomorfismo tantos estragos en el país del Nilo, que Teófilo, patriarca de Alejandría, se sintió obligadoa hacer alguna cosa para combatirlo. Según una costumbre tradicional, el jefe de la Iglesia copta publicabatodos los años una carta festal en la que señalaba la fecha de la pascua y al propio tiempo instruía a susfieles sobre algunos puntos doctrinales. En la carta festal del año 399, Teófilo publicó la refutación ycondenación del error de los antropomorfitas. Causó gran revuelo entre los monjes. La mayor parte de losancianos espirituales llegaron a condenar al patriarca como reo de gravísima herejía y declararon quedebía ser considerado por todos como excomulgado. Incluso los solitarios de Escete, superiores ensabidua y perfección a todos los de Egipto, rechazaron la carta del patriarca; de los sacerdotes queestaban al frente de las cuatro iglesias de la colonia anacorética, sólo Pafnucio, que presidía lacongregación a la que entonces pertenecía Casiano, hizo leerla y proclamarla en la asamblea dominical. Elasunto era muy grave. "¡Ay, miserable de mí! Me han quitado a mi Dios y no tengo a quién allegarme, ni sé aquién adorar o dirigirme", exclamó echándose al suelo y hecho un mar de lágrimas el anciano y excelenteSerapión al enterarse, después de largos años de vida ascética, de que Dios era un ser espiritual"(3). Nadadice Casiano a este respecto, pero los historiadores Sócrates y Sozomeno añaden que los monjesacudieron en masa a Alejandría con el propósito de obligar al patriarca a retractarse. Teófilo fue losuficientemente listo y diplomático para conjurar la temible tormenta: al presentarse a los solitarios, lossaludó de este modo: "Os veo como la faz de Dios", y les prometió condenar los escritos de Orígenes (4). Noignoraba que tal promesa había de agradar mucho a los manifestantes. Los monjes antropomorfitas, enefecto, no podían sentir mas que hostilidad por los monjes "origenistas" que vivían entre ellos, puesdefendían la naturaleza espiritual de Dios: los
Apotegmas 
y la
Historia lausíaca 
nos lo dan a entender claramente.Las controversias origenistas de los siglos IV y VMucho más importante que la escaramuza del antopomorfismo del desierto fue la primera de las famosas
 
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controversias origenistas, que habían de turbar y agitar tan profundamente el mundo de los monjes. Lapolémica adquirió caracteres de tragedia sobre todo desde el momento en que el patriarca Teófilo volvió lacasaca y de ardiente admirador del célebre maestro de Alejandría, su sede patriarcal, se convirtió enadversario e implacable perseguidor de sus partidarios (5).La primera batalla se riñó en Palestina. Juan, obispo de Jerusalén, que había sido monje en Nitria, pasaba,no sin razón, como el protector oficial de los monjes origenistas. Ahora bien, con el fin exclusivo decombatir al obispo Juan y a sus amigos, otro obispo-monje y gran cazador de herejes, San Epifanio deSalamina, desembarcó en el país de Jesús y estableció su cuartel general en un monasterio. Esto sucedíael año 393. En realidad, Epifanio había denunciado la herejía origenista hacía ya casi dos décadas. En 374había escrito en su
Anchoratus,
tras aludir a uno de los crasos errores atribuidos a Orígenes: "Todavíarecientemente hemos oído hablar de gente que pasa por haber alcanzado la palma entre ciertos ascetas deEgipto, de Tebaida y otros lugares, y niegan la identidad de la carne resucitada con nuestra propia carne"(6). Y en el capítulo dedicado por entero a desenmascarar los errores del gran alejandrino que contiene su
Panarion 
(compuesto entre el 374 y el 377) decía: "La herejía que nació de él [= Origenes] existióprimeramente en el país de los egipcios, y ahora se encuentra incluso en los que pretenden habersecomprometido en la vida solitaria, entre aquellos que de hecho se retiran a la soledad y han abrazado lapobreza" (7). Ahora, en el año 393, cree Epifanio que ha llegado la hora de emprender contra tan pestíferaherejía una acción más contundente que las simples denuncias literarias. Con todo, no se siente confuerzas para atacarla en su bastión principal, Egipto, defendido por el omnipotente patriarca Teófilo.Empieza por Palestina, su propio país natal. Unos meses antes de su llegada, cierto Artabio ha recorrido losmonasterios palestinenses con la misión de hacer desaprobar las doctrinas de Orígenes. En Jerusalén,Melania y Rufino no han querido ni escucharlo; en Belén, al contrario, ha hallado buena acogida en loscenobios de Paula y Jerónimo. Desde este momento, el antiorigenismo ha ganado en este último unacérrimo paladín. La conversión de Jerónimo ha sido total. Había leído con pasión los escritos del maestroalejandrino; había traducido algunos al latín; todavía en 392 o tal vez en el mismo 393, año de suabjuración, dedicó a Orígenes una de las noticias más elogiosas que hayan salido de su pluma (8). Cambiotan súbito y radical ha sido muy criticado por los historiadores modernos; pero en la actualidad sabemosque Jerónimo podía tener motivos válidos y sobrados para pasarse al bando contrario.Nada nos impide creer que Artabio y Epifanio lo convencieran sinceramente de los errores contenidos enlas obras del maestro y de sus seguidores. Jerónimo tiene, como tantos otros monjes de su tiempo, lapasión de la fe católica. Y se lanza a la batalla secundando a Epifanio. Éste es un luchador que no respetalas reglas: provoca un cisma entre los monjes; ataca al obispo de Jerusalén en discursos pronunciadosante sus propios diocesanos; ejerce sin reparos el ministerio episcopal en una diócesis que no es la suya.Jerónimo, por su parte, rompe con su íntimo amigo Rufino; se atrae la enemistad de su obispo, contra elque publica un opúsculo; traduce al latín las piezas de la polémica con el fin de ilustrar al papa y al mundooccidental. Con inmensa alega y júbilo se entera, en el año 399, de la "conversión" del patriarca deAlejandría y más tarde de su expedición contra los origenistas de Nitria. Y escribe "al beatísimo papaTeófilo":"Todo el mundo se regocija y se gloría de tus victorias, y la muchedumbre de los pueblos levanta gozosa losojos al estandarte alzado en Alejandría y a los fulgentes trofeos contra la herejía. ¡Adelante! ¡Mienhorabuena por tu celo de la fe! Has puesto bien de manifiesto que el haber callado hasta ahora no hasido asentimiento, sino traza. Francamente lo digo a tu reverencia: Nos dolía tu excesiva paciencia e,ignorando la maestría del piloto, ansiábamos el aniquilamiento de los piratas. Pero tú has tenido largotiempo levantada la mano
suspendiste el golpe, para descargarlo luego con más fuerza" (9).La "conversión" del patriarca de Alejandría había sido, efectivamente, repentina y espectacular: merecíalas retóricas e hipérboles del incorregible literato de Belén. Teófilo no había ocultado hasta entonces suadmiración por las obras de Orígenes y sus simpatias por los seguidores del maestro. Había salido endefensa de Juan de Jerusalén, atacado por Epifanio de Salamina. Había tenido en gran estima a los cuatromonjes conocidos por los "Hermanos largos": Dióscoro, Ammonio, Eusebio y Eutimio, fervientes origenistas;en 394 había ordenado al mayor, hasta entonces sacerdote de Nitria, obispo de Hermópolis, y se habíaasociado a los otros dos en la administración de su diócesis. Otro origenista insigne, Evagrio Póntico, habíagozado del aprecio del patriarca, quien lo hubiera ordenado obispo si Evagrio no se hubiera dado a la fuga.Todo esto era muy conocido. ¿Por qué cambió tan total y repentinamente en 399?. "Por razones que noeran en modo alguno metafísicas", escribe J. Quasten (10), haciéndose eco de las interpretaciones de loshistoriadores modernos. No faltan argumentos en apoyo de semejante juicio. Paladio, Sócrates y Sozomenorefieren, aunque no siempre concordes en los pormenores, ciertas historietas nada halagüeñas para el
 
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"faraón de Egipto". Teófilo acababa de reñir con uno de sus más íntimos colaboradores, el sacerdoteIsidoro, notorio simpatizante con el origenismo del desierto, quien, habiendo sido despedido de su cargo yde la ciudad, se refugió en la colonia monástica de Nitria, a la que había pertenecido anteriormente. Los"Hermanos largos" lo recibieron con los brazos abiertos, y uno de ellos, Ammonio, se constituyó en sudefensor ante el airado patriarca. Sus diligencias no tuvieron éxito: en vez de aplacar al poderoso prelado,no logró más que granjearse su enemistad implacable para sí mismo, para sus hermanos y para todos losmonjes que compartían las mismas ideas. Teófilo resolvió perderlos. Aprovechó contra ellos la hostilidad delos anacoretas antropomorfitas y sus propias doctrinas origenistas. Ante todo, convocó un nodo enAlejandría, en el que hizo condenar las obras de Orígenes y sancionar a sus lectores. Luego, él mismo quisoencargarse de castigar a los monjes heterodoxos, y en particular a los "Hermanos largos". Paladio, queentonces vivía en Egipto, era uno de los monjes origenistas y posiblemente presenció lo que refiere, hadescrito tan triste episodio:"El sumo sacerdote de la diócesis de Egipto entra en el palacio del augustal o prefecto y deposita en propiapersona una acusación contra los monjes, a la que juntó los libelos de calumnia, y suplica que aquelloshombres sean arrojados
"manu militari 
" de todo Egipto. Tomó, pues, por pura fórmula soldados junto con eledicto, reunió una muchedumbre de desalmados, de los que rodean fácilmente a los que mandan, y enplena noche asaltó los monasterios, después de haber embriagado a todos los esclavos que consigollevaba. Y lo primero que hizo fue ordenar que fuera arrojado de su sede Dióscoro, hermano que era de losmonjes excomulgados y santo obispo de aquella montaña, haciéndolo arrastrar por esclavos etíopes -deellos, acaso, sin bautizar siquiera-, y quitándole una Iglesia que Dióscoro poseía desde el advenimiento deCristo. Luego puso saco a la montaña, dando por paga a los más jóvenes las casillas de los monjes.Saqueadas, pues, las celdas, iba buscando a aquellos tres [= los Hermanos largos]; pero los monjes loshabían descolgado a un pozo, sobre cuyo brocal habían colocado una estera. No dando, pues, con ellos,pegó fuego con sarmientos a sus celdas y allí ardieron todos los libros sagrados y otros, y un niño, segúncontaban quienes lo vieron, y hasta las formas de la eucaristía. Así se sació su irracional furor, volviéndosenuevamente a Alejandría y dando lugar a que aquellos santos varones se dieran a la fuga. Tomando, pues,sus melotas o pieles de cabra, salieron hacia Palestina y llegaron a Elia. Juntáronse con ellos, aparte lospresbíteros y diáconos, trescientos monjes graves, mientras otros se dispersaron por lugaresdiferentes"(11).El mismo año 400, por una carta sinodal dirigida a los obispos de Palestina y Chipre, Teófilo hacía saber oficialmente al mundo su cambio de actitud respecto al origenismo y las sanciones que había impuesto alos monjes heterodoxos y rebeldes.Es conocida la silueta literaria del patriarca Teófilo trazada por E. Gibbon: "el perpetuo enemigo de la paz yla virtud, un hombre audaz, malo, cuyas manos se manchaban alternativamente con oro y con sangre" (12).Las fuentes históricas que están a nuestra disposición parecen apoyar la dura sentencia de Gibbon. "Contoda justicia, no obstante, debemos recordar que la mayor parte de nuestra información proviene de losenemigos de Teófilo". La observación de J. Quasten es oportuna (13). Para su condenación del origenismode los monjes y su intento de extirparlo radicalmente, sabemos actualmente que existían motivos muchomás serios y loables que el de satisfacer sus deseos de aniquilar a viejos amigos caídos en desgracia.Los historiadores no han solido tomar en serio el origenismo combatido por Epifanio, Jerónimo y Teófilo deAlejandría, y condenado en el año 400. Al decir de Cavallera, por ejemplo, no era más que un "espantajo"fabricado por la inocente estupidez del obispo de Salamina y utilizado por la inexorable saña del arzobispode Alejandría (14). Pero la recién descubierta version siriaca ntegra- de los
Kephalaia gnostica,
de EvagrioPóntico, obliga a revisar a fondo toda la cuestión. Evagrio no fue el fundador del origenismo del desierto deNitria: cuando afincó en ella, probablemente en el año 383, halló en la colonia anacorética a numerososmonjes seguidores del gran alejandrino. Los más conocidos eran los cuatro "Hermanos largos", que, al decir de Sócrates, no sólo se distinguían por su aventajada estatura, sino también por su fama y su sabiduría(15). Ammonio sobresalía entre los otros, y a él se allegó especialmente Evagrio. Ambos dieron origen, en eldesierto de las Celdas, a una agrupación anacorética que Paladio, uno de sus miembros, llama "el círculode San Ammonio y de Evagrio", y, más adelante, el "círculo del bienaventurado Evagrio", "la comunidad deEvagrio" y "la hermandad de Evagrio" (16), sin duda a causa del papel cada vez más importante que ésterepresentaba en la agrupación. Indiscutiblemente, el monje del Ponto se convirtió en la "
tête pensante" 
de lafacción origenista (17). Ahora bien, la obra titulada
Kephalaia gnostica,
compuesta por Evagrio en el ambientemismo de los monjes origenistas durante los años que precedieron inmediatamente a la expedición deTeófilo contra ellos -y que, por lo tanto, presenta un testimonio inestimable de las ideas que reinaban en "lahermandad"- constituye una prueba apodíctica de que su origenismo no era en modo alguno "una quimera
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