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Random House Mondadori
Travessera de Gràcia 4749 08021 Barcelona Españahttp://www.rhm.es http://www.megustaleer.com 
EL REGRESO DEL IDIOTA AMERICANO
Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas LlosaQuién es, cómo se le reconoceVuelve, sí. Se le oye decir en España y otros países de Europa toda suerte de tonteríasmuy suyas a propósito del terrorismo, de la globalización, del neoliberalismo, de laalianza de civilizaciones o de los matrimonios gay, pero es en América Latina donde suregreso tiene más resonancia. Creemos haber pintado bien al personaje en el Manual delperfecto idiota latinoamericano. En aquel libro, publicado hace algo más de diez años,trazamos su retrato de familia, dibujamos su árbol genealógico, analizamos susacrosanta Biblia y demás libros que configuran y nutren su ideología e intentamos darréplica a sus dogmas a propósito de la pobreza, el papel del Estado, los yanquis, lasguerrillas, Cuba, el nacionalismo o lo que él considera el diabólico modelo liberal.Mostramos cómo había logrado ponerle las sotanas de la venerable Compañía de Jesús asu Teología de la Liberación, teología que en vez de propagar la caridad y el amorcristiano encuentra excusable la lucha armada (es decir, asaltos, atentados, muerte) paraliberar a nuestros pueblos de la pobreza. Hicimos también mención de ciertos amigossuyos con tanto renombre como despiste: escritores, dirigentes políticos, sociólogos oacadémicos que en Europa e incluso en Estados Unidos, por obra de la distancia o de losespe jismos de la ideología, dan títulos de respetabilidad a sus disparates.¿Ha cambiado nuestro personaje de entonces a hoy? Sí y no. Sus dogmas se mantienen,claro está. Pero algunos, como vamos a verlo, han sufrido maquillajes. El retrato defamilia que de él hicimos debe modificarse porque ahora nos encontramos con unanueva generación de perfectos idiotas, generación no mayor de treinta años en estosumbrales del siglo XXI, que tiene muchas cosas en común con la de sus padres perotambién perceptibles diferencias.Cosas en común: como ellos, provienen en su mayoría de la estrujada clase media; handejado atrás la vida provinciana de sus abuelos y viven ahora en barrios periféricos delas ciudades; no dejan de comparar su condición con la clase alta, cuya vida socialencuentran frívolamente desplegada en diarios y en revistas light.A ese sordoresentimiento, el populismo y la izquierda le suministran una válvula de escape. Lavulgata marxista, siempre viva y al alcance de su mano en las universidades estatalespor obra de profesores, condiscípulos, cartillas o folletos, pondrá siempre por cuenta dela burguesía —o de la oligarquía, como ahora prefieren llamarla— y del imperialismo laresponsabilidad de la pobreza y de estas vistosas desigualdades existentes en su país.
 
 
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Proviene de Marx y de Lenin la identificación de tales culpables, pero de Freud lanecesidad psicológica de descargar en otro o en otros sus amargas frustraciones. Poralgo decíamos en el Manual del perfecto idiota que si a este personaje pudiésemostenderlo en el diván de un psicoanalista encontraríamos ulcerados complejos yurgencias vindicativas.Como sus padres, los jóvenes idiotas guardan intacto elmito —y el póster— del Che Guevara, pero seguramente la revolución cubana no tieneel mismo significado que tuvo para los idiotas de la generación anterior. Es natural,pues el asalto al Cuartel Moncada, la leyenda del Granma, de la Sierra Maestra y lallegada de los barbudos a La Habana son cosas que quienes entonces eran jóvenessiguieron paso a paso y guardan sobre estos episodios recuerdos subliminales, mientrasque para sus hijos son algo así como cuentos de hadas, sucesos ocurridos antes de sunacimiento.Todo lo que han percibido de Cuba es la realidad poco romántica delbarbudo octogenario que hasta hace poco presidía un país lleno de penurias, querazonaba con lentitud y que con torpezas de anciano, bajando una escalera, daba untraspié y se fracturaba una rodilla. Por el mismo inexorable paso del tiempo, nuestro joven idiota prefiere Shakira a los mambos de Pérez Prado y no canta ya LaInternacional,ni la Bella Ciao, ni Llegó el comandante y mandó a parar. Pero, idiota alfin, otros serán sus cánticos,emblemas y gritos.Ahora,en Venezuela,vestirá las boinas ycamisas rojas de las huestes chavistas; buscará integrarse con desfiles indígenas enBolivia o en Perú si es seguidor de Evo Morales o de Humala; dará gritos contra el TLC(Tratado de Libre Comercio) en las plazas de Ecuador y Colombia; seguirá impugnandoen el Zócalo de Ciudad México el desfavorable resultado en las urnas de su líder LópezObrador, y en España, considerándose un progre irremediable, asistirá con entusiasmo alos mítines de apoyo a Rodríguez Zapatero, aplaudirá a los pájaros tropicales del otrolado del Atlántico que no aceptaría en su propio país y estará convencido de que puedeconseguirse la paz con ETA solamente a base de diálogos.SU NUEVO LÍDERA Chávez, eso sí, nuestro joven idiota lo verá como el sucesor de Castro en una versiónmás atrevida y folclórica. Es natural, pues en él, en el presidente venezolano HugoChávez Frías, todos los ingredientes que participan en la formación de nuestro personajese juntan: los vestigios arqueológicos del marxismo recibidos en cartillas y folletos, elnacionalismo de himno y bandera, el antiimperialismo belicoso y el populismo clásicoque en nombre ahora de una supuesta revolución bolivariana ofrece milagrosestableciendo el clásico divorcio entre la palabra y los hechos, entre el discurso y larealidad. El nuevo idiota, como el viejo —no lo olvidemos— es un comprador demilagros. El sueño, ya lo dijimos, es para él un escape a frustraciones y anhelosreprimidos. La ideología le permite encontrar falsas explicaciones y falsas salidas a larealidad. Por algo se ha dicho que la historia de Hispanoamérica es la de cinco siglos deconstantes mentiras. Cuando algunas se derrumban de manera visible, otras vienen ensustitución suya.De estas últimas, Chávez ha aportado unas cuantas que ahora recorren el continente deNorte a Sur para júbilo de idiotas de todas las edades. La más extravagante sostiene que
 
 
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si bien es cierto que el llamado socialismo real se derrumbó en Europa cuando fuedemolido el Muro de Berlín, ahora hay del otro lado del Atlántico uno nuevo, máspromisorio: el socialismo del siglo XXI. Nadie, ni el propio Chávez, ha podido explicaren qué consiste, pero para nuestros amigos suena bien como elemento generador desueños y esperanzas. Dos principios nuevos intervienen en su fabricación. Uno es decarácter étnico: la reivindicación indigenista representada ahora, mejor que nadie, por Evo Moralesen Bolivia, con prolongaciones en el Perú y Ecuador. El otro es institucional y buscarediseñar el papel de los militares.La reivindicación indigenista es una máscara que las organizaciones de extremaizquierda reunidas en 1990 en el primer Foro de Sao Paulo, por iniciativa de Castro,resolvieron ponerle en América Latina a su alternativa marxista leninista, con el fin dehacerla más viable y de mayor penetración un año después de la caída del Muro deBerlín.Apoyada por Chávez, ha sido una estrategia con más éxito que todas las empleadas porel castrismo en otro tiempo o la que todavía intenta la guerrilla en Colombia. Primero,porque efectivamente logra unir en torno a un caudillo a la población indígena,autóctona de un país, mayoritaria en Bolivia y todavía considerable en el Perú o enEcuador. Segundo, porque agrupando en un solo partido a los sectores más pobres yatendiendo reivindicaciones no sólo económicas sino también culturales (lengua,costumbres, ritos) de indios y aun de cholos, se consigue que los incorregibles amigosde nuestro personaje en Europa no vean al lobo tras de la piel de oveja y sólo adviertanla irrupción en el poder de una mayoría desposeída desde siempre y por primera vezdueña de su destino. La realidad es otra: se fractura un país, se establece un racismo enel sentido contrario y se impone un régimen que repite los ruinosos desvaríos de Castrocon nacionalizaciones, expropiaciones y quiebra de la empresa privada.La segunda variante en los tradicionales presupuestos ideológicos del perfecto idiota, talcomo los diseñábamos en nuestro Manual, se le debe también a Chávez y tiene que vercon elpapel del Ejército. En los años sesenta los militares latinoamericanos eran vistos por losdevotos de la revolución cubana como «gorilas» aliados de los terratenientes y de lasoligarquías, de modo que la lucha armada era vista por los Teólogos de la Liberación yotros ideólogos muy cercanos a nuestro personaje como una forma de necesariainsurgencia y liberación de los pueblos. Hoy cabe en la cabeza de todos ellos una opcióndistinta. Sea por su raíz social, sea por catequización ideológica o por privilegios yprebendas, los militares pueden convertirse, como en Libia,Cuba y de pronto en lapropia Venezuela,en socios privilegiados del cambio propuesto. ¿Sueños? Quizás. Entodo caso la experiencia se está intentando, y el propio Chávez ha llegado a proponer,para inquietud y algo de risa en el Sur del continente, la creación de un solo ejércitosuramericano. Debe pensar que es la realización de un sueño de Bolívar.Por cierto, la apropiación del nombre de Bolívar para una supuesta causa revolucionaria,apoyada en reivindicaciones étnicas y en confrontación de clases, es la última, la másreciente mentira que afiebra al perfecto idiota latinoamericano. No sabe
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