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EN AQUELLOS TIEMPOS…
 Ana María Sancho Biesa (Anna SB)
En aquellos tiempos... Primera parte.
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EN AQUELLOS TIEMPOS…
 Ana María Sancho Biesa (Anna SB)
Recorrieron largas sendas que no llevaban a ninguna parte.Las dos muchachas entristecidas caminaban silenciosas sinmediar palabra, cogidas de la mano.Un ave sobrevolaba en círculo esperando poder posarsesobre el hombro de una de ellas.La más alta era una mujer de larga cabellera negra y la otratenía rojos cabellos.Vestían ceñidos vestidos de tafetán negro como las plumasde un cuervo.-¿Qué te parece si paramos un rato?-Bueno, Nora.Nora era la mayor de las dos, la pelirroja.-Kary, ¿estás cansada?-Un poco.-¡Bien! Haremos una parada, pero muy corta. No nospodemos descuidar.Baja el ave y se posa sobre el hombro de Kary. Ésta parecerecobrar energías.-Tienes mejor aspecto. Haces mejor cara ahora que Whymkse ha posado en tu hombro.-Tenemos que darnos prisa si queremos que la hechiceradeshaga su embrujo.Pararon en las inmediaciones de un riachuelo de aguascantarinas. El gorgoteo de una fuente atrajo su atención yllenaron de agua un par de calabazas y un pellejo quecolgaba de la cintura de una de ellas.
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EN AQUELLOS TIEMPOS…
 Ana María Sancho Biesa (Anna SB)
Sacaron de sus zurrones un trozo de queso y un mendrugode pan para cada una.Comieron y bebieron habidamente dando al ave parte de loque tomaban.-Qué fresquita es el agua de esta fuente.-Mira, Nora, ese árbol tiene la fruta madura. Son ciruelasamarillas.-Aunque son muy pequeñas nos irán bien.Las dos muchachas se levantaron y aproximaron al ciruelo.Recogieron sus frutos más maduros y los colocaron en unpañuelo grande, cada una, poniéndolo entre hombro ycintura, cruzando el pecho y dejando la carga por delante.Más animadas emprendieron de nuevo la marcha.Se adentraron en la espesura de ese bosque. Ibanentretenidas en sus pensamientos y no advirtieron quealguien las estaba siguiendo.Entre la maraña de zarzas y árboles se movía una diminutafigura. Era alguien que cubría su cuerpo con una túnica ytapaba su cabeza con capucha. Llevaba un tejido queparecía participar de los colores que le rodeaban. De hechoseguía el mimetismo de las hojas y ramas que ibaencontrando a su paso. Esa trama se iba modificando segúnestuviera en sombra o zona iluminada.-No irán muy lejos.Era un eco femenino el que así pensaba.-Se dirigen a la gran cascada.-Saben bien dónde pueden encontrarla.-Tengo que distraerlas antes de que caiga la noche.
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