nidad de intereses Sur-Sur que le ha dadofuerza a su política exterior, pero quetambién la compromete con sus aliadosen temas conflictivos que corresponden ala proyección de sus potencias aliadas.Los temas conflictivos van de las discu-siones sobre el rol de la OrganizaciónMundial de Comercio, hasta las rivalida-des ruso-estadounidenses, las aspiracio-nes manifiestas de China como potenciamundial, o las competencias hindúes por ganarse a Brasil como aliado estratégico,que incomodan al resto del grupo.
“Por decir lo menos, Latinoa-mérica aparece cargada deambigüedad en la política in-teramericana de Estados Uni-dos, cada vez que pretende-mos valorar su importancia enel marco de la política exteriorde ese país.”
Otras coordenadas turbulentas atravie-san por Venezuela y Cuba, países con losque Rusia tiene, desde la percepción esta-dounidense, peligrosos acercamientos,como las maniobras navales conjuntasruso-venezolanas en el Caribe Atlántico,o la coordinación militar ruso-cubana quecontempla la apertura de una base militar en la isla. Rusia impulsa así, una suerte de posguerra fría para compensar con su pre-sencia latinoamericana, el impulso esta-dounidense a la invasión de Osetia delSur; punto de influencia geopolítica rusa.Además, el acercamiento venezolano aIrán y la reciente expulsión del Embaja-dor israelí en Venezuela, a raíz del con-flicto de Gaza, introduce un explosivocomponente en las relaciones interameri-canas.Washington buscará recomponer laantes incontestada influencia estadouni-dense en las relaciones interamericanas.Reforzará su presencia militar en el Co-mando Sur, ampliará la capacidad de surecientemente relanzada IV Flota en elAtlántico suramericano. Además, acen-tuará la componente militar-geoestratégi-ca de la lucha contra el narcotráfico a tra-vés del Plan Colombia, el Plan México yla Iniciativa Andina, aunque ahora secuestiona su presencia militar, como lohizo Ecuador, que este año no renovará laconcesión de la base de Manta. Panoramageopolítico que, combinado con el decli-ve de la hegemonía comercial y financieraestadounidense, puede deparar escenariosconflictivos para avanzar en la unidad la-tinoamericana.Por decir lo menos, Latinoaméricaaparece cargada de ambigüedad en la po-lítica interamericana de Estados Unidos,cada vez que pretendemos valorar su im- portancia en el marco de la política exte-rior de ese país. Las recientes elecciones presidenciales mostraron una vez más las paradojas de esa ambigüedad, pues nues-tra región presenta puntos clave de interésestratégico para la seguridad, el comercio,la inversión y la posible expansión de la potencia del Norte en materias como laexplotación de la biodiversidad, la dispo-nibilidad de agua dulce, la minería y, consus dobles filos, el seguro abastecimientode fuerza de trabajo barata para el benefi-cio de su economía doméstica. Además deser una de las principales regiones abaste-cedoras de energéticos a bajos precios, deser parte de los socios comerciales princi- pales, nuestra región se consolida como la primera minoría dentro de la Unión Ame-ricana.Barack Obama entendió esta ambi-güedad, pues aunque Nuestra América nofiguró centralmente en su campaña gene-ral, su equipo fue capaz de presentar una plataforma audaz de relaciones con Lati-noamérica, en el trabajo de acercamientoa los actores que podrían darle o reorien-tar su voto, pues los latinos se inclinanmayoritariamente por los Republicanos.Obama ganó así, Florida, cuna de votosrepublicanos. Estado definitivo en la pri-mera elección de W. Bush, ahora esta pe-nínsula se inclinó por el Demócrata. Nofue un triunfo casual. Su plataforma lati-noamericana, la presentó ante la Funda-ción Cubano-Americana de Miami, pode-
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B O L E T Í N
A L A S
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