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EL NEGOCIO DEL GURU (HISTORIA DE ISKCON-GBC)

EL NEGOCIO DEL GURU (HISTORIA DE ISKCON-GBC)

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1
 
HISTORIA DE ISKCON
EL NEGOCIO DEL GURU
PREFACIO
 
SULOCHANA DASA
 
26/05/1986
 
Sulochana Dasa fue un discípulo iniciado de Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada, quien escribió larecopilación sobre sus enseñanzas dadas a sus discípulos en sus cartas: EL NEGOCIO DEL GURU, de la cual esta parte quepresentamos es el PREFACIO.
 
 
 
2
 
UN BRUSCO DESPERTAR 
Cuando comencé a leer completamente las cartas personales de Srila Prabhupada a sus discípulos,Yo estaba principalmente buscando por citas sobre el matrimonio. En el tiempo que estabadesesperado para intentar y salvar mi propio matrimonio. Aunque ese era mi principal motivo, Yotambién sabía que era mi deber moral tratar y salvar mi esposa e hijos desde posible peligro. Enesta forma, Yo comencé mi investigación con las bendiciones del Señor de la moralidad, Sri CaitanyaMahaprabhu. Desde que me estaba aproximando a su representante más elevado, Srila Prabhupada,para guía y inspiración, Yo sabía que el resultado era propicio, cualquier cosa que fuere. Yo no teníaidea dónde mi investigación me dirigiría. Yo únicamente sabía que algo estaba yendo a estallar, y no
quería ser yo. Yo estaba no especialmente interesado con el más amplio “
tema-de guru
” 
 confront
ando los “
líderes
de
ISKCON hoy. Principalmente, Yo quería salvar mi propia familia,esperando que fuera parte del plan del Señor.Anteriormente, Yo había estado viviendo una bastante desanimada vida de casado. Mi esposa habíaestado consagrando su corazón a otro hombre y así, naturalmente, esto mató cualquier oportunidadde nuestro teniendo una relación significativa. Viviendo en este de algún modo estado estancado,yo no había sido inclinado a confrontar el hecho que ella era infiel. En aceptación ciega de lo que seme había dicho era la misión de mi maestro espiritual y sus representantes autorizados, yo habíapermanecido simple y inocente. Esta simplicidad no me proporcionó tampoco el deseo u oportunidadpara aún imaginar que estaba escondiéndose en las mentes de los demás. Ellos decían que elesposo es siempre el último en saber.Finalmente, en Junio de 1984, con
mucho estímulo desde el “
guru
” al que ella misma se había
consagrado,
es decir un Kirtanananda “
Swami
”, mi esposa decidió dejarme para consagrar su vida
a él, aún si bien yo tenía dos chicos pequeños al lado de ella. En el tiempo, yo sabía muy poco sobreKirtanananda, así yo era un poco cuidadoso sobre abiertamente criticándolo por su interferencia enmi
matrimonio. El hecho que sus “discípulos” tienen más armas que cerebros también me desanimó
desde abiertamente desafiarlo. Mi esposa también sabía muy poco sobre él, excepto por lapublicidad exagerada que es instruida en todos los ingenuos charloteos de guru en su campamento,tales como,
 “Él es el más antiguo y primer discípulo sannyasa de Prabhupada” o, “Él construyó un
Palacio para Prabhupada, por eso él debe ser un santo puro. Esa clase de disparates. En efecto,ninguno de nosotros realmente sabía algo sobre él en alguna forma, así ella estuvo de acuerdo queyo iría a LOS ANGELES y haga alguna investigación, y si yo averiguaba algo sospechoso, yo lepermitiría saber a ella. Ella sidjo que entonces se me uniría si eso era el caso. Tontamente, yo penséque ella era sincera en este arreglo.Poco yo sabía que antes que el polvo de mis llantas se hubiere asentado en la calle, ella había yasido permitida satisfacer los deseos carnales de uno de los de los lealistas de Kirtanananda,Raghunatha, un hombre tan desesperado por sexo que él había estado agarrando los pechos ycaderas de las mujeres devotas, aún si bien ellas estaban casadas. Kirtanananda requiere muchasmujeres para esos hombres leales y trabajando duro como Raghunatha, que quieren más desde lavida que simplemente trabajar. Desde Kirtanananda pudo ver que yo no era uno de sus ciegoslealistas
(“Sulocana, tu ere justo no mi hombre” 
) él naturalmente no tenía empleo para mí. Pero sustrabajadores no casados y agitados serían muy complacidos con alguien como mi esposa. Despuésde todo, ¿cuánto puede un hombre joven estar satisfecho simplemente con mirilla dentro de losservicios de las damas en el edificio del templo allí? Así, cuando mi esposa expresó a Kirtananandaun deseo para quedarse en Nueva Vrindavana, a pesar de mi intención de partir, él no dudó en
decirle, “
Eso es correcto déjalo ir. Yo tomaré cuidado de ti.
” 
Nunca él se dio cuenta de darnosun consejo, lo cual es por supuesto el deber del líder de una comunidad religiosa. Habiendo sido unhomosexual de toda la vida, y
rechazado por mujeres, “Bien muchachos, sacar el incienso, es lanoche del pescado” (Kirtanananda Swami piensa que las muj
eres huelen como pescado), él podíaescasamente dar consejos a las parejas en obligaciones morales, aun si él quería. Pero, a pesar de
 
 
3
 
sus sentimientos personales, él necesitaba mujeres para sus hombres heterosexuales quefinalmente lo dejaban si él no les abastecía una pareja sexual. Así, siendo una ciudadana Británica yde algún modo educada, al menos para las normas de Nueva Vrindavana, mi esposa era un premiodeseado para él. Desafortunadamente, yo había averiguado todas estas cosas tan tarde.Así yo fui forzado a hacer una elección
espantosa: “
Hundirse o nadar
.” 
No había cuestión de justoignorando la cosa entera y comenzando vida otra vez como mis padres estaban incitándome. Yo nopodría culparlos. Era bastante aparente que yo estaba uno u otro dirigiendo para la cámara de gaspor justamente ejecutando a Kirtanananda, o una colapso nervioso si yo perdía a mis hijos. Muchosde mis co-discípulos habían buscado el escape ilusorio desde situaciones penosas similares pormedio de drogas, sexo, televisión, violencia, y finalmente suicidio espiritual. Yo pude haber ido encualquiera o todas de estas rutas. Yo tenía el dinero y estaba libre desde cualquieras inmediatasobligaciones o deudas. Afortunadamente de cualquier modo el Señor tenía un plan diferente paramí. Por este tiempo yo había oído y leído bastante sobre Kirtanananda para saber que yo tenía hacermi mejor esfuerzo para salvar a mis hijos desde sus garras, aunque había llegado a ser aparenteque mi esposa estaba completamente bajo su control. Así, sufriendo desde la tensión de habiendotenido mis hijos por la fuerza tomados desde mi por los brazos-fuertes de Kirtanananda, y habiendoperdido casi cuarenta libras como un resultado, yo decidí tomar un parada, prácticamente solo, encontra de uno de los más ricos y más corruptos hombres en ISKCON. Esto fue después de casi cincoaños de dormir espiritual inactivo.Sabiendo que Kirtanananda había atacado a Srila Prabhupada en los fines de los sesentas en suprimer intento de asumir la autoridad del movimiento, yo imaginé que si yo pudiera conseguir todaslas cartas tratando con ese incidente, entonces yo tendría algo tangible para mostrar a mi esposa
sobre el verdadero carácter de su nuevo “
protector
”. Habiendo previamente indexado para la casa
de publicación de libros de ISKCON (BBT), yo reanudé ese servicio con un objetivo en mente:conseguir acceso a las cartas de Prabhupada. Debido a mi aflicción, sin embargo, yo era incapaz deocultar mis verdaderas intenciones. Así ellos rechazaron permitirme tenerlas. Esta lucha continuópor casi dos meses, cuando, por la gracia del Señor, yo encontré un devoto quien habíaanteriormente sobornado el departamento de los archivos-no por pobre gasto- por el coleccióncompleto. Por la primera vez en meses, me sentía esperanzado de obteniendo mis hijos de regreso,aunque yo sabía que aún estaría un largo tiempo antes que yo vería a mis hijos seguros.Brevemente después yo hice una gran venta de joyería, la cual me capacitó para comprar micomputadora. Parecía que el Señor estaba definitivamente conmigo.Las cartas contenían todos los secretos que por los yo había estado esperando- y más. Yo sabíaentonces que sería mi deber asignado hacer la verdad en estas cartas conocidas a todos. Fue elcomienzo de un re-despertando en mi corazón por un servicio el cual Él había tanmisericordiosamente estado arreglando para mi desde el principio- un servicio mucho más pesadoque lo que yo habría sido capaz de soportar, o aún considerar, hubiera yo permanecido en elprofundo, obscuro, desalentador pozo de la infiel compañía femenina (no ser confundido con unaconsagrada esposa). Aunque la experiencia difícil fue dolorosa, fu esa experiencia purificante por lacual yo había estado anhelando. Yo profundamente le di la bienvenida. Así, en el 11 de Octubre de1984, yo envié por correo una carta a todos los centros de ISKCON abiertamente declarando guerraen contra de Kirtanananda y la entera Sociedad si mi familia no me era regresada intacta. LaSociedad me ignoró. Raramente conseguí una respuesta. Desde que el silencio automáticamentesignifica aceptación, yo sabía que mis acusaciones eran correctas, y que era justo un asunto detiempo antes que la verdad triunfaría. Desde ese punto en adelante yo fui destinado a vivir enconstante ocultándome desde los adoradores de Kirtanananda, quienes me habrían matado en uninstante si ellos supieran donde yo estaba parqueado en mi casa vehículo, escribiendo en lacomputadora sin parar.
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