prolongación, y el complemento, del combate constante de todos los profesionalesde la imagen llevados a luchar por la “independencia del código de comunicación” yen particular por la reflexión crítica acerca de las imágenes de la cual Jean-LucGodard, aun él, da una ilustración ejemplar con su análisis de una fotografía de Joseph Kraft y los usos que se hicieron de él. Y hubiera podido tomar a mi cuenta elprograma que proponía el cineasta: “Este trabajo era comenzar a interrogarsepolíticamente (yo diría sociológicamente) acerca de las imágenes y los sonidos, yacerca de las relaciones. Era no decir más: ‘Es la imagen justa’ sino: ‘Es sólo unaimagen’; no decir más ‘Es un oficial del Norte sobre un caballo’, sino ‘Es una imagende un caballo y un oficial’.Puedo esperar, pero sin hacerme muchas ilusiones, que mis análisis no seanrecibidos como “ataques” contra los periodistas y contra la televisión inspirados porno sé cual nostalgia pasada de una televisión cultural estilo Tele Sorbona o por elrechazo, reactivo o regresivo, de todo lo que la televisión puede, a pesar de todo,aportar a través de, por ejemplo, algunas emisiones de reportajes. Aunque paraquejarme de que sirven sólo para alimentar la complacencia narcisista de un mundoperiodístico muy inclinado a tener sobre sí mismo una mirada falsamente crítica,espero que podrán contribuir a dar los útiles o las armas a todos los que, incluso enlos trabajos con las imágenes, luchan para que lo que hubiera podido ser uninstrumento extraordinario de democracia directa no se convierta en uninstrumento de opresión simbólica.
1. EL ESTUDIO TELEVISIVO Y SUS BASTIDORES
Querría plantear aquí, en la televisión, cierto número de preguntas acerca dela misma. Intención un poco paradójica ya que creo, en general, que no se puededecir gran cosa en la televisión, especialmente sobre la televisión. ¿No se debería,si es verdad que no se puede decir nada en la televisión, entonces concluir con unbuen número de intelectuales, artistas, escritores, entre los más importantes, queuno se debe abstener de tratar de explicarse allí?Me parece que no se puede aceptar esta alternativa separada en términos detodo o nada. Creo que es importante ir a hablar en la televisión pero bajo ciertascondiciones. Hoy, gracias al servicio audiovisual del Colegio de Francia, mebeneficio de condiciones excepcionales: en primer lugar, mi tiempo no estálimitado. En segundo lugar, el tema de mi discurso no me fue impuesto -decidí libremente y aún puedo cambiarlo-. En tercer lugar, nadie está allí, como en lasemisiones ordinarias, para llamarme al orden en nombre de la técnica, en nombredel "público que no comprenderá" o en nombre de la moral, del decoro, etc. Es unasituación particular pues, para emplear un lenguaje pasado de moda, tengo unmanejo de los instrumentos de producción que no es habitual. Insistiendo acerca delas condiciones excepcionales que se me ofrecieron, digo algo acerca de lascondiciones ordinarias en las que uno es llevado a hablar a la televisión.Pero, ¿se dirá, por qué en las condiciones ordinarias se acepta, a pesar detodo, participar en emisiones televisivas? Es una pregunta importante y sinembargo la mayoría de los investigadores, de estudiosos, de escritores, para nohablar de los periodistas que aceptan participar, no se la plantean. Creo importanteindagar acerca de esta ausencia de interrogación. Me parece que aceptandoparticipar sin preocuparse de saber si se podrá decir algo, se traiciona muyclaramente que no se está allí para decir algo sino por otras razones, sobre todopara hacerse ver y ser visto. "Ser”, decía Berkeley, “es ser percibido". Para algunosde nuestros filósofos (y escritores), ser, es ser percibido por la televisión, es decir,en definitiva, ser percibido por los periodistas, ser, como se dice, bien visto por losperiodistas (lo que implica una buena cantidad de compromisos y condiciones) -y esverdad que al no poder casi contar con una producción incesante para existir en lacontinuidad, no tienen otro recurso que aparecer tan frecuentemente como seaposible en la pantalla, escribir en intervalos regulares y breves, obras que, comoobservaba Gilles Deleuze, tienen por función principal asegurarse invitaciones a latelevisión-. Así, la pantalla televisiva se convirtió hoy en una especie de espejo deNarciso, un lugar de exhibición narcisista.Este preámbulo puede parecer un poco extenso, pero considero deseable quelos artistas, los escritores y los estudiosos se planteen explícitamente la pregunta
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